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    Migrar no es un derecho

    Un buen historiador sentenció que el juego era anterior a la cultura. Su investigación llegó hasta ahí y con eso cambió la comprensión de la historia y de la cultura. Junto con el juego, me atrevo a decir, el canto (la música), la reproducción (y todo lo que ello implica: alimentación, cuidados, etc.) y la migración son anteriores a la cultura humana y, más importante que eso, son constitutivos de la humanidad, son hechos humanos.

    Quien juega, quien canta, quien cuida, quien migra hace a la humanidad. Cada niña que juega recrea lo que éramos antes de ser humanos y lo que nos hizo y hace ser humanos. Cada persona que canta y hace música, planta el árbol de la humanidad en el presente que nos toca. Las gentes que cuidan a otras y las gentes que van en busca placentera y libre de un retoño humano nos convierten una y otra vez en la humanidad que somos.  Toda persona que migra hace lo propio de la humanidad, nos humaniza en su migrar.

    La humanidad es tal en tanto migra. No hubo humanidad, cultura, intercambio, conocimiento, solidaridad más que en el largo viaje que, iniciado a pie en África, aún no termina ni concluye. Quienes migran nos salvan porque sin movimiento poblacional la humanidad se acabará. No será el colapso económico, ni el cambio climático lo que acabará con la humanidad que somos; lo que acabará con nosotros será el encierro en ciudades, fronteras, familias.

    Migrar es un hecho humano. Describirla simplemente como un derecho es reducirla a una posibilidad individual gestionada por Estados y empresas. Es situarlo en el ámbito de lo negociable y sustituible.

    Migrar en tanto hecho humano es capital en mantenernos como especie y cultura. Quien migra nos hace, nos mantiene, nos sostiene. Quién pone trabas o se opone a la migración se opone a la humanidad y busca el antropocidio.

    Hay que hacer un reconocimiento, mundial, constante, sostenido a quienes migran. No es necesario darles facilidades, con evitarles obstáculos es suficiente. En cada lugar en que el paso migrante se plante, hay que celebrarlo y motivarlo. Felicitaciones, impulso. Porque quienes migran cumplen la tarea de ir haciéndonos, cumplen ese hecho humano fundamental, fundacional, vital. Reconocimiento extensivo a quienes hacen esos otros hechos de la humanidad: jugar, cantar, reproducir.

    Migrar, entonces, más que un derecho humano, es un –nuestro- Hecho Humano.

    Por Pelao Carvallo

    Publicado originalmente el 8 de diciembre de 2018 en Ramalc.

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