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    Como se lo estoy diciendo. Somos soy, la extensión natural sobrenatural de cierta cascada de tiempo empujada hacia el infinito. Hoja, rama, pétalo, brote, semilla, tallo, flor, gota de sangre de tinta, de lluvia, de sudor agudo, esdrújulo, grave, tónico de estalactitas forradas de manos invisibles que golpean a diario la puerta del cielo aquí en la tierra.

    Grito, reclamo, me enrosco, pataleo, leo, me extiendo, reflexiono, sufro, amo y odio. Y en eso vamos amasando ideas y sueños como panes populares que nos alimentan contra el hambre, las necesidades y carestías internas que abundan en el ambiente.

    Estas letras garabateadas que ve no son fruto de la coincidencia o cierta sapiencia accidental que ha venido, cual inocente cenicienta, a calzar justo en mi delicada y fina patita.
    Aquí hay ejemplos silentes, aquí hay actos heróicos de como preparar un almuerzo con dos papas por ejemplo, como reparar los techos con clavos viejos, doblados y oxidados, como caminar desiertos y forestas con zapatos prestados, como sobreponerse al dolor diario.

    No, no y no pues Señora, caballero, Compañero.

    Cuando le fallaron las cañuelas, cuando el estómago graznaba de descontento siempre hubo un alguien mirándolo aquí, allá, por ese y por este lado.

    Cuando llegaron tres solamente a la reunión, cuando no llegó nadie, cuando la miraron como bicho raro por andar hablando de ideales y justicias para el ser humano. Yo nosotros, escuchamos esas carcajadas, también me reí, nos reímos, es que usted habla tan así como bonito, no sé si me entiende, no lo tome a mal. Pero esa parte de Otro Mundo es Posible le sale como de adentros.

    Cuando anduvo dando la hora sola en la marcha con dos pelagatos más y a nadie le importaba su retrato en el pecho o el clavel en la mano. Ahí siempre hubo un alguien mirando, escuchando así como que no quiere la cosa, pero prestando atención de todos modos.

    Lo mismo con el casa a casa, con el tríptico medio fulero que sacaron, con la revista de dos números y medios, con el puerta a puerta, con el mitín relámpago, con la barricada, el miguelito y el neumático.

    Y la coordinadora y el centro cultural, y la junta de vecinos y barrio organizado, y la olla común y la radio clandestina, y la huelga y el tunazo y el bombazo.

    Y vamos Chile caramba Chile no se rinde caramba.
    Me dicen que algo así decían o gritaban. Que era bien pegajoso el gritito ese, cosa que me consta porque no fue sino hace poco, que en unas batucadas mitad vacilón, mitad revolución el grito ese salía de miedo, de cuco.

    ¿Me hago entender? ¿Me va captando? No crea que no me tomo en serio su esfuerzo, la sangre derramada, las lágrimas infinitas, las puteadas de impotencia. La muerte mordiéndoles a todos un poquito, de cuerpo entero, sólo los ojos, sólo los brazos, sólo los corazones pero mordisco al fin y al cabo.

    Y es que las cicatrices sociales no se borran con el tiempo, no desaparecen por mandatos. Si son profundas se mueven un poco hacia rriba, un poco hacia bajo, se achican, pero siempre están ahí. Y que bueno que sea así, que nos sirvan de dato, de escarmiento y reflexionamiento (no existe la palabra pero me obsesiono con la rima)

    La penosa Cosmoagonía de vernos sangrar a diario, la sacrosanta casta caducidad de las heridas de guerra que llevamos tatuadas en la mirada y que algunos pretenden torpemente enterrar en otro tipo de oscuridad nuevamente, ahora, quizás, ¿Oscuridad civilizada podrán llamarle?
    ¿Quién no he tenido las rodillas peladas, o las manos o los codos? Que levante la mano el que no tiene una cicatriz menuda en la pera. Así se va aprendiendo y avanzando.

    La historia de la humanidad se remonta exactamente a: hartos años, muchos años atrás. Y no importa la fecha, lo que importa es la cosecha. Y estamos empezando no más. Si hace meros 300 años atrás, a mí por escribir esto me estarían rostizando dando vueltas en un palo y a usted por leerlo pegándole sus chapuzones en algún río metida en un saco.

    Entonces, Vamos Carajo que recien se está armando.

    Despreócupe de una vez, Llego el relevo. Sí, es cierto, no somos los mejores, pero tampoco somos los peores. Nos vamos a mandar una que otra cagadita, pero con cariño, las faltas intrísicas axiomáticas, inherentes de críos tirados a grande.
    Sindicato ilegal de hormigas irreverentes, colmena de abejas que denuncian las penas, ovejas negras del rebaño y de manada estampada de sonámbulos que habitan las oficinas y las casas.

    Tampoco se me deprima por los que no están. Ni ustedes, ni nosostros en un lapso de tiempo mesurado, estaremos. Pero así tiene que ser, ¿Se imagina infinitos, eternos? Unos antes, otros después, unos a la mala, otros tranquilos en el regazo de una cama. Pero es que así es la cosa, elegimos este lado, el de los vapuleados. El de los de pocos recursos, pocos medios y camión de problemas y atados. Asi están las cosas. Al que no le gusta o le da su poco de miedo el asunto que se baje, que se tire a los brazos privados que ahí sabrán bien como atenderlo.

    Así no más es la cosa. Aquí a nadie se le tiene amarrado o estafado con cuentos.

    Al que le guste la cueca, el tango, el flamenco, la salsa que se lo baile hasta el final, sino, que se vaya a su rincón donde se han ido miles. Que por allá se tome un descanso de monedas, que se abanique con su buen fajo de billetes y delegue responsabilidades en algún gil de utilería que se mueva al compás de escribano de discursos baratos.

    Y si no le gusta el equipo, cámbiese pos oiga. (¿Sí o No?) Siga el camino de ciertas mucamas gubernamentales o intelectuales y dedíquese a sacarle el polvo al piano de los señores, a sacudir sus cortinas, a lavarles los calcetines a los banqueros ó a escobillarle los calzoncillos a los empresarios, o tal vez apuntar a través de sus ventanas los posibles rebeldes insumisos.

    ¿Estoy o no estoy equivocado, le doy o no le doy al clavo?

    En esta hora que nos tocó pernoctar, es  bien poco probable que veamos terminar la noche. Para qué vamos a andar con cuentos que falta poco. Que mero amanece.
    Si es que, quizás, con mucha suerte nuestros nietos, tal vez hasta tataranietos podrían ver una ¿tremenda y significativa? revolución social, cultural, espiritual o algo por el estilo en la historia de la humanidad. Quien sabe.

    El asunto es que, la rueda de la historia se mueve tan despacio que uno mira y no hay ningún avance, todo luce empantanado, lleno de barro y guijarros, pero,  al igual que los continentes así son las moles o montañas sociales, se separan o se unen, así se separará la miseria del hombre. De a poco.

    Sino que hablen los negros, que hace sólo un par de años atrás, ni derecho a asiento en los buses tenían. ¿Y ahora? Sin duda, más de algún negro lo habrá visto todo negro y habrá dicho su; ¿Qué sacamos con tratar de hacer algo? ¿A quién le hemos ganado?

    ¿Tengo o no tengo razón? (No me responda) ve que tiene que ponerle el hombro no más, y si quiere pegarse su descansadita, adelante, merecida no más. (Pero el que nació chicharra…)

    Soy somos el peldaño, el otro escalón, mitad de ola y espuma fragmentada, coro bruñido que se repite en el tiempo, el bis propio, el canto que está por cantarse, la palabra que no ha sido escrita ni arpegiada, la piedra pequeña que duerme en los ríos.

    Y que se caiga la maldita techumbre de podredumbres sobre mi cabeza ahora mismo y me muero contento. Y que se hunda y funda la tierra y me trague entero, me muero contento. Porque me voy a morir igual y eso sólo les pasa a los vivos, no a los muertos de adentro, no a los que han vendido el alma, pellejo, costal de huesos y ligamentos, espíritu, enlace bioquímico neuronal o como se le plise llamarle, al consumismo y el hedonismo. (Y algunos al Hediondismo)

    No se trata de ser el perro entrenado por amables y sabios amos para repetir y saltar bajo la consigna de ciertas pancartas que uno no entiende, pero de tanto verlas u oírlas a uno se le han quedado pegadas.  Se trata más que eso, se trata de combatir aquello que es tan real que no resiste órdenes, mandatos ó debates filosóficos o políticos al respecto. La miseria existe, las injusticias existen y deben combatirse. Punto final de la discusión.

    (¿Cómo deben combatirse esas injusticias?) (No me pida tanto tampoco)

    Tampoco se me achicopale pensando en que muchos de los que deberían estar no están. Que tienen rabia contra el mundo, contra la crueldad a la que se es expuesto por defender ideales. Que somos dinorevolucionarios y andamos predicando consignas Políticas-Paleolíticas, en vez de hacernos de una carretilla y una pala para ver a quién o a qué le sacamos provecho.
    O de esos que les gustó el canto de sirenas que salen en la tele y no hay cómo hacerles entender que el mundo no es ese. Usted sabe, Siempre habrá exegetas que lean las cosas al revés. Por lo mismo,  Más vale pájaro en mano que cuchillo de palo.

    Hay bandada de palabras que se anidan en los ojos allá en mi patria, puñado de letras arrojadas al surco blanco que espera la caricia lejana de una mirada tibia.
    Hay de carnaval de flechas frustradas, rotas y enterradas en el cielo que nos sostiene, pero
    el arco social es el mismo que empuja y puja con la misma fuerza de siempre.

    Sin embargo, ésta no es Elegía para consolar a los muertos.
    Entonces, Afírmense muchachos que esta noche salgo a bailar cumbia con los muertos.

    No nos esperen en los cementerios. Y yo me bailo un Twist con los fusilados aunque me acusen de Hereje. Y no se trata de ser payaso o guasón del dolor, pero tampoco tener el caracho vitalicio de algunos compañeros que sólo sirven para atender funerarias.

    Se lucha por amor. Amor igual a felicidad, Felicidad igual a quítese la cara de acidez permanente por la lucha.

    Y tal vez es de Pero grillo que canta despacito por las noches, pero siempre, en un momento cualquiera, emerge la pregunta ¿Vale la pena hacer lo que hago, lo que hacemos? ¿Vale el esfuerzo y romperse el pescuezo en pos de una causa?

    Miramos en rededor y todo parece igual, terriblemente igual. Las pequeñas olas que ululan los mares urbanos y rurales no sirven más que para limpiar y revitalizar ciertas playas privadas hacia orillas que serán blancos y flancos de pisoteos preconcebidos.

    Las acusaciones no se hacen esperar, éstas no son nuevas, fueron las mismas en el medioevo, las mismas en la antigüedad, serán las mismas en un trazo largo de futuro aún por descubrir. Que somos novelescos, soñadores, utópicos, inmaduros, poco ambiciosos, inadaptados, amargos, viejos anticipados, vinagres, torpes, ilusos, románticos quijotes derrotados, locos de atar que no acumulan riquezas y sólo tristezas, las propias y las ajenas.

    Y observamos a esos que ríen con ganas amplias, que caminan rápido hacia las tiendas, que caminan altivos con sus productos nuevos, que aceleran sus automóviles para que sepamos que han pasado. Que hablan fuerte y sonoro en las rúas  y en los metros para que notemos lo nuevo de sus adelantos. Esos que reflejan sus caras de felicidad en ciertas pantallas planas como sus vidas y se acuestan tranquilos y en paz.

    Y disculpe la redundancia en abundancia, pero le insisto, como si no fuese posible que en este mismo instante que leemos, se nos cayera el techo sobre la cabeza y nos borre para siempre de la faz de la tierra, como si no fuese posible que se hunda el piso donde habitamos y nos trague un infierno de piedras y huesos desconocidos.

    Que el corazón simplemente se detenga, que el cerebro nos explote y quedemos mirando para siempre un horizonte inexistente. O tal vez una puñalada de humo, ó un fragmento de ventana despechada se nos clave en el cuello. El pestañeo de un conductor nos reviente las entrañas, un rayo nos rompa de una sola vez la cáscara que nos cubre.

    Que bueno sería saborear dos gotas de muerte cada día para tomarle el gusto a la vida.

    Y ha pensado en aquellas noches en que el sueño le va acunando despacio sí…
    ¿Despertarás la próxima mañana? ¿Quién te dijo que siempre despertarás al día siguiente?

    Donde la edad no tiene absolutamente nada que ver en esta tómbola llamada vida.

    ¿Y sino despertaras? ¿Qué te faltó por decir, por hacer, por gritar? ¿Cuántas deudas internas te llevas a la tumba? ¿Qué harán con tu reloj, quién se quedará con tus apuntes, con tu fiel carro? ¿Cuántos te quiero te faltaron? ¿Cuántos esfuerzos no dados? ¿Cuántos sacrificios u oficios no profesados? ¿Cuántas disculpas, cuantos perdones, cuántos abrazos te faltaron?

    Y si despertaras la próxima mañana, ¿Qué harías distinto?

    Por lo tanto. En Pleno uso y abuso de mis incapacidades intelectuales vengo a exponer autos y otros sí en lo siguiente:
    No le digo que de un suspiro de alivio o que exclame, ¡Oh, Recorcholis! ¡Estamos Salvados!
    No, para que le voy a estar tratando de meter gato por chupacabras, pero, lo intentaremos. No es malo. (Nunca dije que teníamos el asunto resuelto). Permítame entonces, decirle mi excelentísima Arquéologa de la memoria, Calandria de calles y avenidas, eso es lo más importante, no somos millones, acaso miles. Pero ahí radica la gracia, tenemos esa chispa hereditaria que brilla bajo el agua, Pasta y mezcla de aguerridas, candidatos a filántropos, héroes anónimos, solidarias todas, esforzadas las más y aspirantes a mártires por el prójimo los otros.

    Pájaros multicolores que cantan desde distintas ramas, desde distintos árboles, pero que siempre trenzan el canto anunciando la buena nueva de un amanecer distinto.


    Por Andrés Bianque.

    Con Infinito afecto a mi Maestra, Amiga y Compañera; Adriana Goñi Godoy.

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