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    A propósito del desastre financiero planetario puede que hayas leído las declaraciones de Herman Somerville que pueden resumirse en la frase: “¿De qué crisis me hablan?”

    Razón más que suficiente para inquietarse. Por la salud mental de Somerville digo.

    El caballero no es el único. Ayer, en entrevista en la TV francesa, Gonzague de Blignières, presidente de Barclays Private Equity y ex presidente de la AFIC (Asociación Francesa de Inversionistas en Capital), afirmaba muy prisco que toda esta vaina de la crisis financiera no es sino el resultado de los “rumores”.

    Interrogado acerca del hundimiento de las Bolsas en el mundo, dijo lo que ya sabíamos pero que tiene su morbo escucharlo de alguien como él: “Las bolsas no determinan la economía, la economía no tiene nada que ver con las bolsas”.

    Todo esto justo antes de que Barclays y otros dos bancos británicos hicieran correr un viento de pánico en la City al reclamar la ayuda de la “Old Lady”, el banco central de los rosbifs, para no quebrar.

    A los hombres de las finanzas esto de las presidencias los estropea cosa mala: suelen terminar piraos del cucumelo, expresión que algunos tratadistas asimilan a la menos metafórica de rezongaos de la pirinola.

    Si no me crees, mira lo que pasó hoy con las bolsas planetarias justo después de que siete bancos centrales, incluyendo la FED y el BCE, redujeran las tasas de interés en medio punto porcentual: siguen aportándole liquidez al “mercao” y a pesar de todo la diarrea continúa.

    Niall Ferguson, -profesor en Harvard-, en una nota publicada por TIME Magazine hace lo que todos los “expertos” que entienden de economía: para aclarar el futuro mira en el retrovisor y nos cuenta lo que pasó en el krach de 1929.

    Lo que le permite, como a otros cretinos, contarnos que estamos salvaos porque Ben Bernanke, presidente de la FED, hizo su tesis de grado precisamente sobre ese tema y que conoce la crisis de 1929 mejor que nadie.
    Según esa interpretación de la historia, la Gran Depresión fue el resultado de la ausencia de liquidez precipitada por autoridades monetarias que pararon la máquina de fabricar dólares precipitando un “credit crunch”, un paro generalizado del crédito.

    Ben Bernanke no. Quiero decir que Ben no paró la fábrica de billetes sino que aceleró la producción cosa mala. Y a pesar de Ben Bernanke, y a pesar de que los jerarcas europeos le aseguran a quién quiere oírles que no permitirán que los bancos quiebren, a pesar de todo, el pánico cunde.

    La televisión europea se pregunta “si la economía mundial aun puede ser salvada”. No les hagas caso: son los mismos que han practicado la succión de calcetas y el lustrado de zapatos de los banqueros durante los últimos treinta años.

    La llamada “economía real” sigue allí, mal o bien, mucho más mal que bien. Lo que a todas luces agoniza es lo que Mario Soares, -un social demócrata moderadito-, llama el “capitalismo de casino” o sea la finanza irresponsable, ladrona, estafadora, mentirosa y corrupta.

    Lo que obliga a los bancos centrales a seguir nacionalizando bancos, y a seguir fabricando un billete que vamos a tener que pagar todos.

    François Fillon, -primer ministro de Francia-, declara en la Asamblea Nacional que en caso necesario (y ya es necesario) el Estado nacionalizará los bancos, los recapitalizará, los hará volver a una justa rentabilidad… para reprivatizarlos cuando todo vaya bien.

    Nadie, -ni siquiera los socialistas-, le preguntó cuál es la razón de pensar en reprivatizarlos si previamente el Estado debe demostrar que es mejor banquero que los privados…

    Nadie, -ni siquiera los socialistas-, le pregunto la razón por la cual las pérdidas son para el personal, y los beneficios para los privados.

    Detalles más o menos, la misma estrategia ha sido adoptada por todos los países del primer mundo.

    Lo que me permite asegurar que queda claro desde los inicios de la catástrofe que está recién empezando que, a la salida del túnel, todo seguirá igual.

    Prepárate para pagar la cuenta.

    Si quieres dormir tranquilo, un consejo: escucha las declaraciones de los piraos del cucumelo.


    Por Luis CASADO

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