Somos parte de la clase de los abusados y explotados

Estamos prontos a conmemorar 132 años desde que, por primera vez y al unísono, miles declararan la huelga y marcharan al grito de ¡¡8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de recreación!!

Desde antes de 1886 y hasta ahora, se ha mantenido vigente la contradicción capital- trabajo. Los patrones cambiaron sus mecanismos de abuso y explotación, pero no terminaron con el abuso ni la explotación, pese a algunas buenas intenciones, mínimas por cierto y que siempre tuvieron, y tienen, el objetivo de aislar a los más firmes, los más duros, los más intransigentes en la exigencia de dignificación y justicia.

Qué extraño resulta ver cómo en este siglo XXI se demoniza y desnaturaliza el concepto “clase”. Si pareciera que quien se refiere a ella es un activista peligroso, un desadaptado  que no ha tomado nota de los avances del mundo.

¿Y qué  avances son esos si se mantiene el abuso, la explotación, la arbitrariedad de los patrones hacia los trabajadores?

Los trabajadores, vendedores de esa única mercancía cuyo precio es colocado por el que compra y no por el que vende, son parte de una clase, un sector social que sufre de diferentes maneras y con diferentes figuras, los embates del dueño del capital.

El capital es un monstruo que cambia de colores y formas según y como lo exija la ocasión, pero que sigue siendo un depredador implacable, que hará todo lo que deba hacer, pasando incluso por sobre sus mismas normas, cuando de mantener y aumentar sus ganancias se trata.

En los inicios de la historia del proletariado, era el hacha, la espada y las balas los instrumentos para acallar a los que exigían vidas más dignas.

Tan salvajes e inhumanos eran los métodos del capitalista que sus propios instrumentos de control y difusión e incluso las iglesias, se asqueaban y demandaban mejoras.

Así fueron apareciendo cuestiones como la seguridad social, leyes laborales, derecho al descanso, vivienda y educación e incluso, después de la primera guerra mundial, crearon un instrumento tripartito (la OIT), cuando constataron que los trabajadores querían el cambio brusco de las condiciones existentes.

Es así como la clase de los trabajadores comienza a extraviar el rumbo. Es el trabajo político y religioso el que lleva a los trabajadores a separarse en grupos afines a sus patrones ideológicos. Entonces, lo que no estaban consiguiendo los patrones lo consiguieron ideas que, paradojalmente, bregaban por ser las conductoras de los abusados en su lucha contra el abusador.

Y casi no tuvimos, ni tenemos, una sola y gran organización mundial, regional y nacional. Hay más de una en diferentes países del mundo. Mientras el explotador desarrolla y acrecienta su poder con instituciones únicas de clase, cuyo objetivo es mantener el predominio del capital, además por supuesto del control o la fuerte incidencia en los gobiernos.

¿Quién se atrevería a desconocer que cambió nuestra situación respecto de quienes nos antecedieron? ¿No contamos acaso con cuerpos legales, acceso a cuestiones básicas como luz, agua, alcantarillado e incluso educación, vivienda y salud?

Lo que no se nos debe olvidar es que no fueron concesiones de los poderosos sino el resultado de la lucha de los menesterosos.

Es más, los retrocesos de los que somos testigos, son producto de la imposición de dictaduras y gobiernos de derechas, además del abandono de las banderas de muchos que se dijeron parte de la clase y hoy la desconocen, por más que aún sigan vistiendo atuendos que nos caracterizan. Quienes negocian o mediatizan nuestras demandas no están con nosotros.

Nunca, jamás, el capital dejará de ser insensible y duro si se ponen en riesgo sus ganancias. El lobo se desprenderá de la piel de oveja que viste, cuando sus granjerías fruto de los gobiernos que controlan a través de muchos instrumentos, se pongan en riesgo.

Reflejo de lo anterior son los miles de huelgas vividas en todos estos años desde 1886.

Por más que algunos representantes de los trabajadores crean que por la vía del consenso y el diálogo conseguirán algunos avances. Cada vez que los poderosos se ven complicados, hacen uso de los instrumentos que crearon para defenderse.

La huelga de LAN Express y los anuncios de más despidos en Canal 13 dan cuenta de que nuestro diagnóstico no es errado.

Los trabajadores siempre son prescindibles. El patrón hará el traspaso de las pérdidas  a costos y la cuenta la terminarán pagando los trabajadores. Nunca dejará de ser así, más allá del tamaño y la cantidad de trabajadores que tenga la empresa.

Por eso no da lo mismo en qué sector de la cancha nos vamos a parar.

El abuso llegó a niveles extremos y los avances tecnológicos en vez de mejorarnos la vida nos están llevando a temer por lo que viene.

Más tecnología será igual a menos puestos de trabajo, más flexibilidad, polifuncionalidad y precariedad.

Somos parte de la clase de los abusados y explotados.

Ciertamente no estamos todos en la misma posición de confrontar al capital y pelearle cada demanda nuestra, que por lo demás son de justicia, pero va siendo hora ya, a 132 años de los sucesos de Chicago, que al menos asumamos que debemos confrontar de alguna manera a quienes nos explotan y nos niegan lo que merecemos.

Mecanismos hay muchos y son todos válidos, Lan Express y Canal 13 nos han mostrado algunos y debemos tenerlos en cuenta.

Lo importante es no hacer concesiones de principios. No rendirnos, no creer que la historia se terminó, no pensar que no queda nada por hacer. Sin trabajadores las empresas no funcionan, eso no debemos olvidarlo jamás.

Nuestra obligación es construir organizaciones de clase, porque somos clase, donde la democracia interna sea total. Donde se elija a los dirigentes por voto universal y cada organización aporte financieramente mes a mes para poder dotarnos de independencia y autonomía.

¿Se puede ser militante?, por supuesto que sí y desde esa militancia hacer comprender al instrumento político que no está ni puede estar por sobre la organización de los trabajadores. Ni burocracia, ni acomodo ni corrupción irán con nosotros.

Hoy por hoy existen en Chile cuatro centrales sindicales. Todas, sin excepción, entregaron la oreja a los patrones y a los gobiernos, y están supeditadas a lo que indiquen los equipos sindicales de los partidos.

Tienen el derecho de actuar así, de la misma manera que los trabajadores tienen el derecho, la obligación de no reconocerlas como sus representantes.

A 132 años del grito de Chicago, levantamos las banderas del sindicalismo clasista y avanzamos hacia la construcción de la Central que represente a los trabajadores que quieren, anhelan, una sociedad más justa y digna.

Es una demanda justa. Nadie puede negarse a la posibilidad de conocer sus documentos fundacionales y resolver en asambleas, la posibilidad de integrarse a esta columna clasista del movimiento sindical.

Es el mejor homenaje a los que nos antecedieron.

VIVA EL 1° DE MAYO,  DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

Por Manuel Ahumada Lillo

Presidente C.G.T. Chile

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