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    “El precio de la codicia”. Así titula el conocido semanario TIME Magazine su página de cobertura del próximo número. El contenido del principal artículo me permitirá decirle a mi mujer que servidor no es el anunciador de catástrofes que ella supone. Hablando de terroristas, el mundo financiero dejó chico a Ben Laden y mostró donde estaban las armas de destrucción masiva: ¡En Wall Street!

    Desde el comienzo de la crisis papaíto Luis captó la dimensión de lo que venía. Ya he contado cómo el año pasado retiré todos mis piticlines para ponerlos a salvo de los bancos, las AFPs y otros organismos encargados de estafar al personal. Mi “ejecutivo de cuentas” se mostró sorprendido y me dijo: “no se preocupe, son los mercados que juegan a auto asustarse…”. El muy imbécil.

    No se trataba de hacer pronósticos ni previsiones, -esa tara propia de economista-, sino de ser lúcido: especular con créditos concedidos a quien no puede pagarlos es como jugar con armas cargadas o hacer piruetas con bolitas de semtek: la incógnita no es si va a haber víctimas mortales o no, sino cuando.

    Pero a propósito de la crisis dejemos hablar a TIME Magazine: “Es horriblemente confuso, para no decir aterrador; incluso gente como nosotros, con un total de 65 años escribiendo sobre negocios, no había visto nunca algo parecido. La gente más inteligente que conocemos –los que dirigen el Tesoro (Hacienda) y la Reserva Federal (el banco central)-, se encuentran reaccionando ante los problemas en vez de precederlos. Esta es tierra incógnita, un lugar que nadie pensó visitar nunca”.

    En todo caso el viaje no es gratis. Ya verás.

    TIME Magazine continúa: “Cada día trae consigo un nuevo espectáculo show de horror, como si Stephen King estuviese conduciendo Alain Greenspan a producir historias de terror llenas de números negativos. Una semana el gobierno Federal se traga dos gigantescas empresas de créditos hipotecarios pasándole más de U$ 5 billones -sí, con una “b”-, de sus deudas a los contribuyentes, doblando así la deuda del gobierno Federal”.

    Como lo lees, el total de la deuda de los EEUU alcanza la friolera de diez millones de millones de dólares, lo que no está tan lejos del 100% de su PIB. Uno se pregunta, ¿Y qué hace Standard & Poor’s que no le aumenta el “riesgo país” al imperio…?

    TIME Magazine prosigue su reflexión con una claridad que encandila: “Mientras tratamos de entender lo que representa la más grande transferencia de deuda desde que se inventó el dinero, Lehman Brothers quiebra y Merril Lynch se siente obligada a hacer vida marital con el Bank of America para evitar la suya. Luego,  después de haber jurado que “nunca más” y de dejar quebrar Lehman Brothers y empelotar a sus accionistas, el Tesoro y la FED echan  pie atrás y ponen otros U$ 85 mil millones para salvar a los acreedores y a los dirigentes del American International Group, una compañía de seguros con compromisos de un billón de dólares”.

    Como se ve, son casi tan coherentes como los nuestros que no solo tienen la “economía blindada” sino que además autorizan a las AFPs para ir a invertir hasta el 60% de las platas que nos administran en este fantástico mercado financiero internacional. Uno dijese que están buscando el modo de justificar a posteriori que ese billete ya desapareció (mi mujer me va a matar…).

    TIME Magazine sigue poniéndola en el ángulo: “Lo más aterrador para el ciudadano de a pie: uno de los mayores fondos mutuos de los EEUU, la Reserve Primary, anunció que le daría a los inversionistas menos de 100 centavos por cada dólar invertido porque se quedó con activos de Lehman Brothers que ahora no valen nada. Si uno no puede confiar en su fondo mutuo… ¿en quién puede confiar?”

    Esto me puede costar un divorcio, o al menos una épica bronca con Madame Casado, pero te lo cuento igual. Servidor piensa que tal como van las cosas uno de estos días nos vamos a despertar con la confirmación de los presagios de Armen Kouyoumdjian, mi armenio preferido: ¡Las platas del excedente fiscal desaparecieron!

    Según TIME Magazine los patriotas de Wall Street la juegan irresponsable, -como un Velasco o un De Gregorio cualquiera-, cuando responden: “¿Cómo podíamos suponer que gente que mintió acerca de sus ingresos y su patrimonio podría no pagar los créditos hipotecarios con los cuales compraron casas sin tener ni uno?”

    Desde luego no vale la pena responderles que se supone que ellos están allí precisamente para eso. Porque Wall Street, el Tesoro, la FED, el Banco Central, Hacienda y los gobiernos de turno llevan treinta años contándonos el cuento de que hay que privatizar todo porque “el mercado se auto regula y es así como es más eficiente”.

    Y el resultado es que hoy el sistema financiero de los EEUU -bancos de depósitos, bancos de inversiones, compañías de seguros, instituciones de créditos hipotecarios, fondos mutuos-, está quebrado y que lo han nacionalizado: NA-CIO-NA-LI-ZA-DO.

    Ahora la cuestión de fondo es otra: ¿Cómo salimos de ésta?

    Porque si en algo estamos de acuerdo con TIME Magazine, -servidor ya lo ha dicho repetidas veces-, es que “al final, todos nosotros, colectivamente, vamos a pagar las consecuencias”.

    Por Luis CASADO

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