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    Ya terminada la celebración de las Fiestas Patrias y después de  ver  a nuestro pueblo entusiasmado participando de estas fechas,  sólo queda el recuerdo de muchas banderas chilenas, cuecas, chicha a borbotones, desde las ramadas de Lo Barnechea y Las Condes, hasta  las de Parque O`higgins, sin faltar La Chingana de Los Abrazos donde celebraba la izquierda y así a través de todo Chile.

    Pero llega ahora el momento de preguntarnos: ¿Qué celebramos  los 18 de septiembre?, y la triste realidad es que celebramos  una Patria que sólo es la bandera y el himno, podríamos decir una Patria virtual, porque al mirar a nuestro alrededor nos daremos cuenta que nada nos pertenece.

    Los chilenos que  tienen la suerte de vivir en el Sur o de visitar en las vacaciones esos parajes, deben saber que los ríos no son nuestros. Uno podrá bañarse en ellos, tomar agua, acampar a sus orillas, pero no son nuestros, son privados, grandes y pequeños ríos tienen dueño, el 85 por ciento pertenecen a la  empresa española Endesa, quienes compraron los “derechos de agua” por lo que nadie puede ocupar esas aguas. Así, la cueca famosa “Los ríos de Chile”, hoy se debiera más bien llamar  “Los ríos de Endesa”.

    Nuestras riquezas básicas, hierro, cobre, forestales, marítimas, etc., están en manos de transnacionales o grandes consorcios aliados a grupos económicos chilenos. Codelco sólo produce el treinta por ciento del cobre que se exporta (y Chile tiene 25.000 millones de dólares ahorrados). Si los chilenos controláramos el total de la producción y las minas fueran nuestras, piensen compatriotas cuanto dinero tendría Chile para solucionar los problemas más angustiantes de su pueblo.

    Las telecomunicaciones, la electricidad, el gas, todo está en manos de empresas extranjeras. En el Norte de nuestro país se están secando las lagunas, los ríos, ante la voracidad de las empresas mineras, que ocupan el agua para sus procesos productivos. Y donde no están los ríos  privatizados, están contaminados, como pasó con el río Cruces en Valdivia, por culpa de la Celulosa Arauco.

    Todo está privatizado. Sumemos a esto las carreteras, autopistas, los cementerios, ¿cuanto cuesta hoy morirse? Nuestra Patria no es capaz ni siquiera de garantizarles a sus hijos un metro cuadrado de tierra donde depositar sus huesos al morir.

    Chilenos, ¡¡abrid los ojos!!  decía a principios de siglo 20  a los trabajadores salitreros el insigne luchador social Luis E. Recabarren, a un siglo de entonces poco ha cambiado la situación y hoy más que nunca debemos ¡abrir los ojos! para poder poner término a esta situación indigna.

    Hoy no tenemos Patria física, la clase política chilena que nos gobierna  desde siempre – salvo honrosas excepciones- ha pecado por omisión o complicidad y ha permitido  que no tengamos Chile. Son tantos los que han ido “al grano”  de este choclo llamado Chile, que al pueblo sólo le han dejado “la  coronta”.

    Jorge G. Péfaur

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