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    Este lunes, el presidente estadounidense, Donald Trump, rubricó la prórroga, por un año más, del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

    El bloqueo está argumentado para la lógica de las diferentes administraciones de la Casa Blanca en la Ley de Comercio con el Enemigo de los Estados Unidos, que entró en vigor en 1917, durante la Primera Guerra Mundial. En la actualidad, Washington la aplica a un solo país en el mundo: Cuba.

    La legislación es tan antigua que el presidente de turno tiene que prorrogar su aplicación cada año para que no entre en desuso.

    Eso fue precisamente lo que hizo Trump este lunes, igual que han hecho sus predecesores desde la administración de Bill Clinton (1992-2000), bajo el argumento de los intereses de “seguridad nacional”.

    Aunque es una de las partes componentes del bloqueo económico, comercial y financiero que aplica los Estados Unidos contra Cuba, la Ley de Comercio con el Enemigo no es la única en vigor y su eliminación no implicaría en ningún sentido el fin de la política de agresión contra Cuba.

    Bloqueo: historia de una agresión permanente

    Las posibilidades que otorga la Ley de Comercio con el enemigo son claves para la capacidad ejecutiva de conducir la política hacia Cuba, ya que el presidente no tiene la capacidad de eliminar por su cuenta el bloqueo, que desde marzo de 1996 está codificado en la Ley Helms-Burton.

    El presidente Barack Obama utilizó las facultades ejecutivas para aumentar el comercio con Cuba como parte de su política de deshielo a partir del 17 de diciembre del 2014. En los últimos dos años de su administración, se firmaron un total de 22 convenios en campos tan diversos como el restablecimiento de los vuelos aéreos y el cumplimiento de la Ley.

    Pero las relaciones se han vuelto a congelar desde la llegada a la Casa Blanca de la actual administración republicana. El cambio de política anunciado por el presidente Donald Trump el 16 de junio del año pasado en la ciudad de Miami, Florida, implicó el reforzamiento de la aplicación del bloqueo y nuevas restricciones para los viajes de estadounidenses a Cuba.

    Asimismo, bajo argumentos sin evidencias científicas, Washington mantiene clausurados los servicios consulares de su Embajada en La Habana, que trabaja únicamente con personal de emergencia.

    Bloqueo contra Cuba

    El bloqueo causa graves pérdidas económicas a Cuba

    La madeja del bloqueo

    Entender la manera en que la Ley de Comercio con el Enemigo juega un papel doble en las relaciones con Cuba no es sencillo: por un lado es la base del bloqueo y, por otro, la principal vía para abrirle algunos agujeros.

    En primer lugar, es clave entender que el bloqueo resulta una compleja madeja seudolegal integrada por distintas normas con diferentes jerarquías, que van desde simples proclamas hasta otras de mayor rango como disposiciones gubernamentales y leyes.

    La Ley de Comercio con el Ene­migo fue la base legal en la que se sustentó la Proclama Presidencial 3447 emitida por John F. Kennedy en febrero de 1962, la cual decretó la suspensión del comercio como arma de asfixia económica contra la joven Revolución cubana.

    Pero, cuando la Helms-Burton codificó el bloqueo, también preservó la autoridad presidencial de autorizar licencias para hacer determinadas excepciones.

    Aunque los trasfondos legales son difusos incluso para los entendidos, la clave del asunto radicaría en que unas legislaciones se sobreponen sobre las otras a lo largo de los años, pero no se anulan.

    Aunque parezca contradictorio, a través de la renovación de la Ley de Comercio con el Enemigo, Trump está manteniendo la capacidad de transformar la política hacia Cuba. Otro asunto es su interés real en hacerlo.

    En un año, Cuba perdió 4.000 millones de dólares por el bloqueo estadounidense

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