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    Este sábado 26 de mayo se conmemoran 16 años de la partida física del maestro Vicente Nebrada, bailarín y coreógrafo venezolano nacido en Caracas el 31 de marzo de 1930 y fallecido en la misma ciudad en 2002. Es recordado por su contribución en la revolución dancísitica del país caribeño. Hombre sensible y de grandes aportes, dado su transitar internacional, debutó en la obra Pedro y el lobo (1946), en el Teatro Municipal de Caracas.

    Pieza clave en la historia de la danza venezolana, aunque inició su vocación en Venezuela, le fue dando forma a partir del aprendizaje ganado en Cuba y Francia, países en los que participó en importantes compañías y que, más tarde, puliría en Nueva York como integrante del Joffrey Ballet y el Harkness Ballet, donde además pudo emprender carrera como maestro y coreógrafo residente.

    Artista de basta capacidad cognitiva, aportó flexibilidad al rigor de la danza clásica, desempeñándose como coreógrafo y director artístico del Ballet Nacional de Caracas.

    Poco más de 100 producciones coreógraficas, concebidas en Bélgica, Estados Unidos, Alemania, Colombia, Canadá, Brasil, Argentina, Chile e Italia, entros otros países, dan cuenta de un legado representado por más de 40 compañías en cinco continentes. Entre estas figura el ballet de El Cascanueces, montaje estrenado en 1996 que aún hoy sigue en pie cada diciembre en la sala Ríos Reyna del complejo cultural Teresa Carreño, el segundo teatro más importante de América del Sur. El aporte que lo mantiene vivo y vigente, sirve además para orientar a las nuevas generaciones que crecen bajo su sombra dentro y fuera del país, donde continúan escenificándose muchos de sus montajes.A partir del movimiento expandido, que se articula y se desequilibra propinando el nacimiento de una nueva imagen, Nebrada supo aprovechar lo mejor de la danza clásica tradicional, rompiendo con la rigidez del cuerpo para salirse del eje de movimiento. Libertad que encontraba en las caderas, los brazos y la cabeza sin llegar a encasillarse en la danza moderna sino en un estilo más bien neoclásico.

    De su temperamento, muchos han hablado alguna vez. Estricto, decían, aplicado, obsesivo, condiciones que se le atribuye a los perfeccionistas, pero de igual forma querido y admirado.

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