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    La polémica por la intervención de VAR en el fútbol llegó a ribetes de ridiculez. Todo por lo sucedido este fin de semana en la Bundesliga, donde el estupor se apoderó de los hinchas que veían cómo un árbitro hizo salir a los equipos del descanso de mediotiempo para volver a la cancha a ejecutar un penal no cobrado.

    Así, tal cual. Los jugadores del Mainz y el Friburgo enfilaban el túnel de vestuario en el descanso, con 0-0 en el marcador, cuando el árbitro, Guido Winkmann fue advertido por la asistente de vídeo, Bibiana Steinhaus, que revisaba el partido desde Colonia. Eso para que revisara la última jugada de la primera parte. Y allí determinó que no había duda: Oliver Kempf, defensor del Friburgo, había tocado con la mano dentro del área un centro por la derecha de Brosinski. Era penal y había que lanzarlo en el descanso para volver al segundo tiempo con… el error corregido.

    Protestas en la banca del visitante mientras sus jugadores se negaban a saltar al campo de juego para cumplir el mandato del árbitro. Un desconcierto en el local con el argentino Pablo de Blasis, el elegido para ejecutar el lanzamiento, cruzando el terreno de juego con el balón en la mano con un evidente aire desnortado.

    La escena era insólita. Más de cinco minutos después de que el árbitro pitara el descanso, el Mainz se adelantó para encarrilar un encuentro que acabó ganando 2-0. “Creo que la decisión fue absolutamente correcta, estaba sentado en el vestuario viendo la escena en la pantalla, y por supuesto el tiempo de espera fue muy desafortunado”, aseguraba el entrenador del Mainz tras el encuentro.

    “Fue muy extraño. Al principio no lo podíamos creer”, criticó Alexander Schwolow, arquero del Friburgo, el último en volver al campo para el penal porque no podía entender la sensación de volver antes de tiempo y en una situación tan fría y alejada de “lo natural” del fútbol.

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