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    El Congreso de Argentina ha realizado un anuncio para luchar contra “la violencia en los estadios de fútbol”; y es que según el grupo de parlamentarios los principales causantes de lo ocurrido en la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors es exclusividad de las llamadas “Barras Bravas”, que son los hinchas a los que catalogan violentos; por lo que la salida que ven es discutir un instrumento legal que aumente las penas a estos grupos.

    Según el Boletín Oficial de la nación, se discutirá este mismo mes un proyecto de ley, que fue propuesto por el Gobierno del derechista Mauricio Macri, el cual busca crear un “Régimen Penal y Procesal para la Prevención y Represión de Delitos en Espectáculos Futbolísticos”.

    Según expresa el escrito, el instrumento legal, que será discutido primero en la Cámara baja (diputados), tiene la “ferrea voluntad” de terminar con los “Barras Bravas” mediante su persecución penal y el fin de su financiación.

    Y es que días atrás el mundo entero conoció una de las realidades más cuidadas por la mediática en Argentina, que no sólo se evidencia en el fútbol sino en todos los ámbitos de la sociedad del país suramericano.

    En esa oportunidad desembocó con la lamentable agresión de los hinchas de River al autobus que trasladaba a los jugadores de Boca al Monumental en un recorrido por algunas calles de Buenos Aires, donde no sólo se vio una violencia desbocada sino que la seguridad pública tampoco se hizo presente para detener el lamentable hecho.

    Desde el Gobierno derechista pareciera que los únicos responsables son estos grupos, quienes aunque tienen fuertes antecedentes delictivos, siguen siendo una minoría que poco a poco ha tomado terreno para controlar uno de los espectáculos más seguidos por los argentinos y, muchas veces, con la venia de los dirigentes de los clubes.

    Y es que hasta el propio Mauricio Macri, cuando fue presidente del Boca Juniors, también tuvo que lidiar con estos grupos con los que de manera “política” convivió durante su dirigencia.

    Sin embargo,  ahora los responsabiliza del bochornoso espectáculo que le quitó, el 24 de noviembre pasado, una final de la Copa más importante de América y llevarlo a disputar en Madrid este fin de semana, lo que nos hace retroceder cinco siglos como epicentro de un eurocentrismo que pareciera nunca acabará.

    Sin embargo, es evidente que tanto la seguridad para un espectáculo de estas categorías falló, no sólo al momento de marcar la ruta, defender el autobús, sino el uso excesivo de la fuerza que se evidenció en el Monumental y que afectó tanto a hinchas como a jugadores.

    “Pongamos que en esas dos cuadras el operativo hubiese sido mejor. ¿Y si atacan el colectivo saliendo de Puerto Madero? No podemos militarizar toda la ciudad por un espectáculo deportivo. No podemos militarizar nuestra vida”, dijo el mandatario en declaraciones al canal TN.

    Pareciera que desde el Gobierno argentino, lo ideal, es lavarse las manos ante este grave suceso que ocurre en un país que retornó a los auxilios del Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual se traduce en recortes presupuestarios (despidos, desempleo, entre otros), aumento de la desigualdad y deterioro de su moneda local ante el dólar, con la aplicación de paquetes neoliberales que parecían superados en ese país.

    El desparpajo del actual mandatario es tan grande, que por lo sucedido hace unos días, además, responsabiliza a sus antecesores en el poder, los Kirchner (Nestor y Cristina) a quienes, aseveró, generó un “antes y un después en las barras”.

    “Las barras no tenían el nivel de relación con la política que tuvieron a partir del kirchnerismo; lo digo con la autoridad de haber sido presidente de Boca y ver una barra comportarse de una manera hasta el kirchnerismo y después del kirchnerismo”, afirmó en esas declaraciones.

    Es así, como en un país con una gran crisis social y política; pareciera que lo más fácil es no asumir acciones contundentes que vayan en beneficios de las grandes mayorías, sino que solventar problemas de violencia derivará en aplicar leyes más rígidas en penas, pero que están dentro de un sistema judicial que tampoco da las mayores garantías para que se cumplan.

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