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    Aunque la mayoría de las disciplinas deportivas son buenas para la salud, algunos implementos no siempre son amigables con el ambiente. Sin embargo, cuando se convierte el deporte en espectáculo el problema se eleva exponencialmente. Ese es el caso de un Mundial de Fútbol.

    En el caso de una Copa del Mundo, existen implementos e infraestructuras que presentan dificultades, especialmente la mayoría de las cosas que se usan para jugar fútbol -balones, estadios, uniformes- porque no son biodegradables.

    Aunque la idea no es satanizar por contaminante esta actividad deportiva o catalogarlo como contaminante lo cierto es que “los impactos ambientales de un balón de futbol existen en todas las etapas de su ciclo de vida”, explica Phillip Perstitch de Carbon Trust, una consultoría corporativa sobre huellas de carbono.

    El Telstar 2018, balón oficial de la copa mundial de fútbol, es fabricado con materiales bio-basados

    “Esto incluye la producción de las materias primas utilizadas para fabricar la pelota, la energía utilizada en el proceso de fabricación, el transporte de las materias primas y el producto final en todo el mundo, y lo que ocurre con los balones al final de su vida útil. En última instancia, las materias primas contenidas en los balones modernos son fabricadas con petróleo, aunque algunos de los adhesivos y textiles también podrían provenir de fuentes naturales”, dijo.

    En cuanto a “la ropa deportiva más moderna está hecha de materiales sintéticos livianos, típicamente poliéster, y como el poliéster es un tipo de plástico PET, la principal materia prima en los uniformes de futbol se obtiene del petróleo”, dice Phillip.

    “Cuando se extrae el petróleo del suelo, se refina en plásticos, o se recicla el plástico usado en nuevos materiales, se producen impactos ambientales [en los balones y en los uniformes]. Luego hay que considerar la energía utilizada para procesar los plásticos en una fibra de poliéster, el entramado de ese hilo en una tela y luego la transformación de esa tela en una prenda. Luego está el proceso de teñido, para el cual deben producirse los tintes. También hay emisiones relativas al transporte asociadas con las cadenas de suministro y la logística global”, dijo.

    El mundial de fútbol no siempre es amigable con el ambiente

    Phillip agrega: “Las prendas sólo se fabrican una vez, pero se pueden lavar cientos de veces. Esto significa que la energía y el agua que utilizan las lavadoras suelen ser el mayor impacto en todo el ciclo de vida de un uniforme de futbol”.

    ¿Y qué podemos decir del juego en sí? No verlo en la tele, sino asistir al estadio. ¿Cómo destruye todo lo que amamos y valoramos de este planeta?

    “Es difícil obtener una cifra general del impacto ambiental de un partido”, dice Phillip. “Será muy diferente para un juego de la segunda división bajo un sol abrasador en un sábado cálido de abril, o para un enfrentamiento de la Liga Premier de Inglaterra bajo luces artificiales en una fría noche de miércoles en enero. Pero a menos que todos caminen o vayan en bici al estadio, es probable que el viaje de los fanaticos sea el impacto más significativo para un partido de futbol”.

    Y añade: “Cuando medimos la huella de carbono de un juego en el Estadio Wembley, Londres, descubrimos que la huella de carbono del uso de energía en el estadio fue equivalente a unas 60 toneladas de CO2, mientras que los recorridos de los fanáticos fueron equivalentes a 5.000 toneladas”.

    Son muchas toneladas. Aunque los eventos como el Mundial son exitosos en unir al planeta bajo un interés común, ¿realmente están acabando con la Tierra?

    “En el gran esquema de las cosas, un gran torneo internacional que se realiza cada cuatro años no es el mayor o más importante factor que contribuye al cambio climático”, dice Phillip. “Pero volar es una actividad muy alta en carbono, uno de los mayores impactos que un individuo puede causar en el planeta. Por lo tanto, que decenas de miles de aficionados utilicen vuelos alrededor del mundo es una suma significativa. El Mundial es solo un ejemplo del impacto ambiental total del turismo, cuyas estimaciones recientes se sitúan en torno al 8 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero“.

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