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    Vanellope Hope Wilkins nació el 22 de noviembre de 2017, mediante una cesárea programada en el Hospital Glenfield, en Reino Unido, tras haberle sido detectada en las ecografías una extraña condición que se conoce como ectopia cordis, una malformación congénita muy poco habitual asociada a una ubicación anormal del corazón, fuera de la caja torácica.

    Según el hospital, no se conoce ningún otro caso como éste, ya que apenas se registran en todo el mundo uno entre millones y, en la mayoría, los bebés afectados nacen muertos. Tras 10 meses y tres operaciones, la pequeña finalmente ha podido conocer su casa.

    El día del parto, la madre de la bebé, Naomi Findlay, de 31 años, fue trasladada a quirófano, donde la esperaban cuatro equipos de especialistas, formados por doctores, matronas, enfermeras y sanitarios.

    El nacimiento

    Cuando nació la bebé, fue envuelta en una bolsa de plástico esterilizada y trasladada a una habitación adjunta, donde los especialistas en cuidados de neonatos le insertaron un tubo de respiración y goteros antes de anestesiarla.

    “A los 50 minutos de haber nacido, se vio que Vanellope estaba lo suficientemente estable para ser transferida al quirófano general, donde había nacido y donde la esperaban los anestesistas y los equipos quirúrgicos pediátricos en enfermedades coronarias congénitas, que comenzaron a colocarle el corazón dentro del pecho”, explicó el especialista Jonathan Cusack.

    Las intervenciones quirúrgicas

    A los siete días, la bebé fue sometida a la segunda operación, en la que se le abrió aún más el pecho para crear más espacio y encajar bien el corazón y, durante un período de unas dos semanas, ese órgano se fue ajustando de manera natural.

    La tercera intervención consistió en extraer piel de la zona de debajo de los brazos de la bebé para insertarla en el medio del cuerpo, al tiempo que los médicos generaron una especie de malla para proteger el corazón, ya que la niña nació sin esternón ni costillas.

    El hospital considera que Vanellope afronta aún un largo camino por delante, en el que el riesgo principal son las posibles infecciones. El siguiente paso será desconectarla del respirador artificial, que le ayuda a recuperarse de la cirugía.

    El padre de la pequeña, Dean Wilkins, de 43 años y natural de Nottingham (centro del país), afirmó a la BBC que su hija está “desafiando” los pronósticos médicos y consideró que su caso “va más allá del milagro”.

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