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    Hasta ahora los conceptos de inflación y deflación nos pueden resultar familiares, ya que alguna vez hemos experimentado un fenómeno económico con esta denominación, sin embargo, existe otro del que se ha hecho mención recientemente y que poco conocemos llamado “estanflación”. El demonio de la economía está más cerca de lo que parece.

    A principios de la década de los 70 el precio del petróleo sufrió un alza brusca, similar a la actual. En EE.UU. y los países industrializados, la inflación anotó incrementos notables, al igual que hoy en los mercados emergentes.
    En esos años, los políticos y algunos economistas no le dedicaron la atención debida al incremento de la inflación. Se fundamentaba, tal como ahora, que el aumento de las tasas de interés o una reducción del gasto público no haría que Medio Oriente bajara el valor del crudo, pero que sí alcanzaría para enfriar la economía y conducirla a una recesión, acrecentando el sufrimiento del pueblo.
    En los 70 los políticos se salieron con la suya y el pueblo perdió. En efecto, EE.UU. sostuvo su violenta política de crecimiento del gasto público y la Reserva Federal muy poco subió la tasa de interés, tal como los políticos querían. El saldo fue que la inflación saltó más allá de los dos dígitos, hasta el 14%, y la tasa de crecimiento de la economía se estancó. Fue en esos años que se forjó el tristemente famoso término “estanflación”, es decir, simultaneidad del alza de precios, aumento del desempleo y el estancamiento económico, etapa previa a una crisis o incluso recesión.
    La estanflación distorsiona completamente los mercados y coloca a los hacedores de políticas de los gobiernos y sus bancos centrales en una posición perdedora. En la estanflación la recesión suele ser parcial, registrándose simultáneamente el decrecimiento de algunos sectores, como la producción de bienes, junto al crecimiento de otros sectores, como la producción de servicios. Si se trata de una economía relativamente abierta —como la chilena— y la inflación viene acompañada de un proceso de devaluación, puede registrarse una contracción de las actividades que consumen divisas y una expansión de las que generan divisas. Esto representa un desafío enorme para las autoridades pues reciben señales mixtas y contradictorias sobre la economía que hacen muy difícil decidir qué políticas aplicar, en qué secuencia y en qué momento tomarlas. “Es lo peor de los dos mundos” dicen muchos economistas. Un demonio.

    CAOS TOTAL
    En los 80 la inflación estaba descontrolada y no quedó otra alternativa que hacer lo que algunos economistas antes habían recomendado: subir las tasas de interés y reducir el ritmo del alza del gasto público. Las tasas aumentaron a un 20% y EE.UU entró en una dura recesión, extendiéndose al resto del mundo. ¿Habrán aprendido de esta experiencia los políticos, las autoridades y los economistas chilenos o se van a perpetrar los mismos errores?
    En Chile, se estaban cometiendo las mismas faltas de hace 30 años. El gobierno dejó que la inflación alcanzara el 9,5 % en los últimos 12 meses, mientras que la tasa de interés de política monetaria (TPM) apenas supera 8,25%, luego de anotar un alza de 50 puntos. Es necesario recordar que la TPM en 2006, estaba a 5,25% y en 2002 a 2%. Además, señalar que el gasto para este año se había planificado en un descomunal 8,9%.
    Está claro que la inflación genera gran descontento, particularmente entre los más pobres, por lo que el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, ha logrado el apoyo del Ejecutivo para reducir el ritmo del gasto.
    El gobierno teme por la estanflación. Por ejemplo, más del 60% de los hogares tienen préstamos, ya sea en crueles UF o a tasa nominal, cuyo refinanciamiento se vuelve crecientemente oneroso. Por eso, en paralelo con el alza del costo de vida, se desploman las expectativas. Según la encuesta de la Universidad de Chile, éstas están aun más deprimidas que en los difíciles comienzos de la década y ahora la inflación es la segunda mayor preocupación nacional, luego de la inseguridad ciudadana.
    México y Brasil tienen sus tasas de interés sobre 8 y 13%, respectivamente. Han reaccionado más drásticamente ante la inflación. Un giro radical nos puede salvar de este flagelo, pero ¿nos protegerá de la temida estanflación?

    SITUACIÓN INTERNACIONAL
    La nube negra que recae sobre los Estados Unidos finalmente sopla al norte, a Canadá y pasa sobre el Atlántico hacia Europa. Nuestra comunidad global financiera entra en una nueva fase de la crisis de crédito y los Estados Unidos son el centro de la desgracia.
    Los Estados Unidos han estado sufren una de sus peores debacles financieras en la historia y están en medio de una recesión descontrolada. Canadá y Europa acusaron los golpes, tanto como sus divisas como en sus mercados.
    El dólar canadiense cayó a su mínimo en 37 años. Sobre esto, una disminución de 55 mil 200 empleos fue informada sólo para el mes de julio; la disminución mensual más grande desde la recesión 1991. Estas noticias recorrieron muchos círculos financieros y los mercados.
    Además, las materias primas han estado cayendo, arrastrando a muchas acciones canadienses mucho más abajo. Los precios de petróleo han sido desinflados recientemente y cerrados en EE.UU. en 115.20 dólares.
    EE. UU. Informó pocos meses horribles, y solamente estamos entrando en aquella fase. La inflación en Europa se ha hinchado recientemente a más del 4 % (su objetivo es debajo del 2%). La inflación en EE.UU. se ha elevado al 4.2 % mientras la tasa de desempleo está en el 5.5 %. Europa ha levantado tasas de interés para combatir la inflación, mientras que los Estados Unidos han bajado las tasas de interés para rechazar una recesión verdadera.
    La energía y precios de productos de alimentación han explotado este año, creando una situación muy difícil para los banqueros líderes mundiales centrales. El aceite aumenta más del 50 %, el gas natural aumenta el 72 %. Incluso el grano aumenta el 50 %. Muchas empresas no han levantado sus precios en un esfuerzo para ser competitivas.
    Como algunas empresas mantienen sus precios bajos para mantener un nivel sano del negocio, la inflación ha estado engañando en los meses recientes y no se ha reflejado aún sobre los precios de nuestros bienes. Los Estados Unidos están en una recesión. David Rosenberg de Merill Lynch, declaró que EE.UU. entró en recesión entre octubre y febrero pasados.
    Hay que estar cauteloso de la situación económica caracterizada por estanflación, inflación y desempleo, y siempre recuerde que la mayor parte de mercados en baja por lo general dura entre 9 a 12 meses.
    Ojalá hayamos aprendido la lección de los 70, pues los gobiernos con políticas económicas neoliberales se niegan a admitir una recesión o crisis. Esto porque afecta a la inversión extranjera, cuestión que a Chile le importa de sobremanera. Una propuesta: Si vamos a entrar en una crisis que afectará principalmente a los más pobres ¿por qué no usamos las ganancias del cobre para asegurar un mejor bienestar a los más necesitados y así alejar por un buen rato al demonio?

    Mauricio San Cristóbal

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