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    A pesar de los esfuerzos de los gobiernos provinciales y de las políticas de descentralización, la migración hacia la capital sigue siendo una constante en nuestro país


    santiago
    ¿Qué tiene Santiago que atrae a tantas personas? ¿Existen realmente mejores condiciones de vida y oportunidades de trabajo? Son preguntas que cruzan la mente de quienes piensan trasladarse a la capital. Algunos buscan mejorar el sueldo; otros, darles mejores oportunidades a sus hijos y, una gran mayoría de jóvenes, se ven obligados a trasladarse para ingresar a la educación superior.
    Santiago, la ciudad más poblada del país
    -más de seis millones según el último
    censo-, encierra tantas historias como personas. Algunas están llenas de triunfos y metas logradas; otras, las más comunes, son la perpetuidad de una vida de esfuerzos. Lamentablemente, también están aquellos que se toparon con un muro de sufrimiento y fracasos.
    Claramente, lo más importante al decidir si Santiago es la mejor opción para vivir, tiene que ver con el balance entre los ingresos promedio, las ofertas de trabajo y el costo de la vida.

    LAS CIFRAS OFICIALES
    El alza del valor del cobre, los tratados de libre comercio (TLC) con las potencias económicas y la estabilidad política interna, hacen de Chile uno de los países más estables dentro de la competitiva economía mundial. Muchas transnacionales miran este largo territorio como un potencial socio. Se supone que este pujante crecimiento debiera traducirse en más y mejores empleos, y también mejores sueldos.
    Son incontables los avisos de nuevas empresas que buscan reclutar trabajadores para sus departamentos. Pero junto con la economía de mercado llegaron los trabajos sin sueldo base, donde los increíbles pagos dependen de cuan tiburón se puede llegar a ser. Muchas de estas estupendas compañías resultan ser empresas de mala muerte. De los cientos de desempleados que llegan a la cita sólo quedarán los más valientes. O los más desesperados.
    Pero los números que manejan los economistas poco tienen que ver con la realidad que viven los chilenos de clase media y media baja. Ellos son la gran mayoría. No importa si son Pymes, dependientes y obreros ni el área de trabajo en la que están insertos.
    Cuando se trata de pagar las cuentas todos pasan por lo mismo: falta la plata, aumentan las deudas y nunca saben si les alcanzará para el otro mes.
    Y si bien esta problemática se vive a lo largo y ancho del territorio, la competencia que provoca la densidad poblacional del gran Santiago hace la diferencia.
    ¿ES LO MISMO GANAR EL SUELDO MÍNIMO EN LA CAPITAL QUE EN PROVINCIA?
    Sumando y restando, los ingresos y gastos básicos son más o menos los mismos. El valor del arriendo, y de los insumos como agua, gas y luz, varían según la región y la cercanía que tengan las ciudades con los abastecedores. Si comparamos los costos de Santiago con Valdivia, por ejemplo, no existe mucha diferencia. En cambio si se compara con una región más alejada, como el Norte Grande, las cuentas de luz y agua suben sustancialmente.
    Podría decirse que este aumento es lógico. La aridez del desierto hace que el valor del agua suba y, en consecuencia, la luz. Pero no se justifica en el caso de Valparaíso, que cuenta con grandes reservas de agua potable y de energía hidroeléctrica. En este caso, Esval -la empresa suministradora de agua potable- ha subido al doble sus precios gracias a la maravilla del colector de aguas servidas y el cobro del alcantarillado.
    Volviendo a Valdivia, y a la décima región, los costos de los servicios básicos también han sufrido un aumento en los últimos años. Sobre todo el agua y la luz, tema que cada invierno se vuelve fundamental para los ciudadanos. Aún así, son bastante más bajos que en otras zonas del país. El problema allá es la falta de trabajo y los bajos sueldos. Al final la balanza siempre se equilibra. Y siempre la que sale perdiendo es la clase media y obrera.
    Mucho se habla de lo cara que está la vida en Santiago, que en los últimos testeos mundiales ha subido 8 puestos, hasta alcanzar el número 84 de las ciudades más caras del orbe. En los estudios locales también aparece como la más costosa. Pero se oculta que dichos estudios se basan en gastos e ingresos del ABC1, es decir, aquellas familias que ganan sueldos iguales o superiores al millón ochocientos. Obviamente, este grupo no representa al grueso de la población.

    EL SUEÑO DE SER CAPITALINO
    En las demás regiones, siempre se habla de Santiago como de otro planeta.. Los santiaguinos son “capitalinos” y, al parecer, tienen características que los diferencian del resto. Se les atribuye prepotencia, cuiquerío, arribismo y una completa ignorancia sobre los problemas que aquejan al resto del territorio nacional. Aún así, muchos “provincianos” ven a la contaminada ciudad como la solución a sus problemas.
    “En Santiago hay más cultura”, asegura un anónimo transeúnte. Es posible que en la capital exista un mayor número de museos, salas de teatro y galerías de arte; acá se realizan los conciertos de artistas internacionales y viven los grandes cultores del arte nacional. Pero siguen siendo los del barrio alto quienes logran disfrutar de la diversidad de actividades culturales, ya sea por dinero o por tiempo. El oficinista no puede ir a los museos, que cierran a la misma hora que él sale de su trabajo. El teatro y el cine son más baratos durante la semana, cuando obviamente la dueña de casa está ocupada en sus labores domésticas, pues no tiene el dinero suficiente para contratar una empleada.
    “Si yo me hubiese criado en Santiago, mi familia no habría podido pagarme un colegio particular” explica Juan Pablo, quien llegó a Santiago para terminar sus estudios superiores y se estableció en la capital. Y tiene razón. Según el estudio que pone a la ciudad como la más cara del país, la educación particular está dentro de los factores que la encarecen. Sin embargo, la gran mayoría de los puntajes nacionales de la PSU, y de la antigua PAA, provienen de establecimientos públicos, como el Instituto Nacional, el Liceo de Aplicación y el Liceo 1 de Niñas. Con tan buenos colegios fiscales, simplemente no se hace tan necesario ingresar a los niños al sistema privado, algo que fuera de Santiago, lamentablemente, es más difícil de conseguir.

    LOS VERDADEROS ÍNDICES
    Los números que buscamos, que identifican al grueso de la población, simplemente no están disponibles. Al igual que la canasta básica familiar; que se basa en los productos que más se consumen en la capital, y de donde se obtiene el Índice del Precio al Consumidor (IPC), que luego se utilizará para los indicadores del crecimiento económico y éstos en las negociaciones de los ajustes de sueldo -y en nuestros
    bolsillos-, los indicadores del costo de vida están extrapolados.
    Pareciera que tanto nuestros gobernantes como los expertos en economía y políticas sociales se han olvidado de las mayorías, para concentrarse sólo en los grupos pequeños. Generalmente se basan en los grupos ABC1, aunque en el tema de la delincuencia son los más pobres quienes lideran las cifras.
    Pese a la evolución que Chile ha experimentado en los últimos decenios, incorporando los desarrollos tecnológicos y económicos del primer mundo, aún no somos capaces de responder si la vida fuera de la región metropolitana es mejor o peor que las oportunidades que otorga la capital. Al final todo se resume en una cosa de gustos y de ritmos de vida. Es por eso que El Ciudadano aterriza en Santiago para transportar, de un lado a otro, una voz que todavía no ha sido escuchada. Y es que la vida no es en blanco y negro, no hay lugares buenos ni malos, sino espacios que se acomodan a las diferentes necesidades del ser humano.

    Valeria Segovia

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