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    El rescate a última hora de la aseguradora American International Group (AIG) por el banco central de Estados Unidos no sólo es el más grande de la historia estadunidense, sino que expresó el nivel de alarma de que podría detonarse una crisis financiera internacional, y a la vez marcó un dramático giro en la política del gobierno al retornar a su papel como “prestador de última instancia”. Con el préstamo otorgado a AIG, el gobierno ha dedicado más de 800 mil millones de dólares para intentar rescatar empresas del sector financiero de sí mismas, con hasta ahora pocos resultados –más que la virtual nacionalización de algunas de las empresas que enarbolan los méritos del mercado libre. Pero aun con esta dramática acción el gobierno falló en detener el desplome en la confianza en los mercados financieros: hoy el índice industrial de Dow Jones se desplomó casi 450 puntos (4 por ciento de su valor total), mientras que las acciones de los dos bancos de inversiones independientes más grandes en Wall Street continuaron a la baja (las acciones de Morgan Stanley bajaron 24 por ciento y Goldman Sachs 19 por ciento), y algunos bancos también sufrieron algo parecido. AIG, a pesar del anuncio de su rescate, perdió otro 45 por ciento en el valor de sus acciones.A la vez, hay más rumores de que otras instituciones financieras podrían ser las siguientes en caer o por lo menos tambalear, entre ellas la institución de ahorros y crédito más grande del país Washington Mutual, y hasta la sólida Morgan Stanley está explorando la posibilidad de fusionarse con un banco para navegar esta tormenta. El gobierno toma el control de la aseguradora con el acuerdo de AIG, el gobierno esencialmente toma control de una aseguradora privada, “algo histórico” según el Wall Street Journal, y añade que esto “culmina unos 10 días tumultuosos que han rehecho el sistema financiero estadunidense. En ese tiempo, el gobierno ha realizado rescates que lo inserta profundamente en las industrias de vivienda y seguros mientras que Wall Street ha atestiguado la salida del escenario de dos de sus últimas cuatro grandes firmas bursátiles independientes” (la quinta era Bear Stearns, la primera de las llamadas “cinco grandes” en desaparecer hace unos meses).O sea, en un par de semanas desapareció Lehman Brothers, se vendió Merrill Lynch, el gobierno federal tomó control directo de las dos empresas de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac, y se apoderó de AIG, y todos comentan aquí que no hace tanto, pocos se podrían imaginar que empresas financieras de ese tamaño podrían encontrarse en estas circunstancias, y menos todas al mismo tiempo.“¿Quién sigue?” es la pregunta que cunde en Wall Street, donde varios analistas señalan que, como resumió uno, “el temor se ha apoderado de Wall Street”. Un economista de Moody’s dijo que es más bien “el pánico puro” lo que está imperando. “Hay una sensación creciente de que no hay un fin a todo esto a la vista”, indicó Edward Yardeni, un estratega de inversiones, en entrevista con el New York Times.Ante todo esto, también hay cada vez más nerviosismo en el gobierno, y su política inconsistente durante estas semanas nutre aún más la incertidumbre que rodea lo que muchos consideran la crisis financiera más importante desde la Gran Depresión. Primero intervino, después anunció que no sería más el prestador de última instancia, y días después realizó la intervención más grande en el sector privado al rescatar a AIG. La decisión de la Reserva Federal, con el apoyo del Departamento del Tesoro, de rescatar a AIG marcó un giro más en lo que han sido un par de semanas con pocos precedentes en Wall Street. Durante los últimos días, el gobierno había negado solicitudes de préstamos de hasta 40 mil millones solicitados por AIG o alguna otra “intervención” gubernamental para evitar una bancarrota.El gobierno buscaba promover una solución entre los bancos y mantenía su posición de que abandonaría su papel de prestador de última instancia para el sector financiero, algo que había demostrado el pasado fin de semana al rehusar rescatar al cuarto banco de inversiones más grande del país, Lehman Brothers, lo cual fue una bala mortal para la empresa. Pero el temor de que un quiebre de AIG generaría una crisis financiera a nivel mundial, llevó anoche al gobierno estadunidense a extender un préstamo de hasta 85 mil millones de dólares a cambio de tomar el control efectivo de AIG (con control de 80 por ciento de la empresa), la aseguradora más grande del país y una de las principales del mundo (con negocios en 130 países). Hoy los contribuyentes estadunidenses se despertaron como dueños de una aseguradora.La Reserva Federal y el Tesoro aparentemente decidieron que AIG era, como se dice aquí, “demasiado grande como para caer”, y con ello el gobierno retomó otra vez su papel de salvaguardia final de las grandes empresas. De hecho, el 6 de septiembre, el gobierno rescató a las dos principales empresas hipotecarias del país, otorgando hasta 100 mil millones a cada una; y hace unos meses otorgó casi 30 mil millones para facilitar la venta de Bear Stearns a JP Morgan Chase. Según cálculos de ABC News, el gobierno federal ha ofrecido, hasta la fecha, un total de 816 mil millones de fondos públicos –de los contribuyentes estadunidense– en garantías, líneas de crédito y fondos de apoyo al sector financiero en el intento de estabilizarlo. Algunos comentan que el gobierno se está volviendo cada vez más socialista al nacionalizar algunos sectores claves de su economía.
    Por David Brooks

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