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    El presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, anticipando conclusiones del informe de política monetaria a entregar en los próximos días, constató no solo la prolongación del menor nivel de la actividad y demanda interna, sino además su mayor debilidad.  El punto más bajo de crecimiento se produjo en el tercer trimestre, pero los datos hasta el momento del tercio en curso que se esperaba podían ser comparativamente mejores considerando el bajo nivel de las cifras de hace un año atrás siguen mostrando la fuerte contracción de la inversión y la debilidad del consumo.  Los datos diferentes se producen en el comercio exterior gracias en gran medida a la  devaluación del peso en un terreno en que la actitud del Banco Central es no intervenir.  Las ventajas para el país de la violenta reducción en el precio del petróleo se ve contrarrestada por el impacto negativo de un descenso aunque menor en la cotización del cobre.  Las expectativas negativas de sectores del empresariado aún no han sido revertidas.  Alberto Arenas, finalmente, redujo el promedio de mejoría a registrarse en 2015.

     

     

     

    En la hoja gubernamental para el año 2015 uno de los principales objetivos trazados es “recuperar el dinamismo de la economía”. En 2014, la desaceleración iniciada en el segundo trimestre de 2013 fue marcadamente más larga y profunda de lo esperado. En el tercer trimestre, el producto en doce meses creció 0,8% su peor registro desde el recesivo año 2009, y en enero-septiembre anotó un incremento de 1,8% en comparación con los mismos meses del año anterior. En octubre, con un incremento del Imacec en doce meses de 1,5%, el aumento promedio acumulado  del año fue de 1,78%. Se enteraron así cinco meses por debajo del 2%. En 2013, el décimo mes del año fue el de menor crecimiento (2,6%), por ello oficialmente se esperaba gracias a una menor base comparativa que contribuyese al punto de inflexión en los niveles de actividad. No fue así, Arenas postergó “el punto de inflexión” para 2015 “cuando consolidemos una tasa de crecimiento distinta a la de 2014” (09/12/14). El Banco Central, al entregar la información del Imacec destacó que el sector servicios compensó las caídas registradas en la minería y el comercio mayorista. Estas tendencias indican que el incremento en el año se colocará por debajo de la estimación efectuada por el ministro de Hacienda.

    Imacec últimos doce meses a octubre 2014
    (Fuente: Banco Central. Variación anualizada)
    Mes
    %
    Mes
    %
    Mes
    %
    2013, noviembre
    2,8
    2014, marzo
    3,1
    2014, julio
    0,8
              diciembre
    2,6
              abril
    2,1
              agosto
    0,3
    2014, enero
    1,5
              Mayo
    2,4
              septiembre
    1,4
              febrero
    3,5
              Junio
    1,2
              octubre
    1,5
    Las importaciones de enero-noviembre disminuyeron en 9,1%, con relación a los mismos meses del año anterior, demostrativo del bajo nivel hasta ese momento de la demanda interna, con una adquisición en bienes de capital en el décimo mes del año un 22,9% inferior al nivel ya reducido alcanzando doce meses antes, mientras la maquinaria para la minería y la construcción lo hacía en 58%,  indicando así la prolongación de la aguda caída en la inversión. De otra parte, las ventas industriales de octubre al mercado interno, de acuerdo a las estadísticas de la Sofofa, descendieron un 6,7%, la mayor baja anotada desde junio de 2009.  A su turno, Asimet cifró en 2,7% la caída en la producción metalúrgica, enterando dos años de reducciones. La desaceleración fue constatada por el presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, al afirmar en los primeros días de diciembre que “la actividad y demanda interna han mostrado una debilidad mayor y más persistente de lo esperado a mediados del año” (05/12/14).
     Ella, como constató el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, constituye un “viento en contra” que se debe superar para lo cual, en su formulación, el avión anticíclico cuenta con cuatro motores: el tipo de cambio “que está alto”; la fuerte reducción en la cotización del petróleo; la política fiscal contracíclica; y la alianza público-privada (03/12/14). Llama la atención que los dos primeros “motores” no corresponden a políticas implementadas sino que tienen otros orígenes.
    En los primeros días de diciembre, el tipo de cambio se colocó abiertamente sobre los $600 el dólar, lo cual favorece claramente al sector exportador y mejora la competitividad del sector transable interno que compite con importaciones.  El Banco Central deja su evolución entregada al mercado donde actúa  la denominada flotación limpia, que excluye expresamente su participación. En la evolución de la paridad cambiaria influye la apreciación experimentada por la divisa norteamericana en los mercados globales, así como la caída en la cotización del cobre que al comenzar diciembre se ubicó por debajo de la barrera de US$3 la libra, que reduce la oferta de divisas recibida por el país. “El dólar –constató The Wall Street Journal el 5 de diciembre – está subiendo frente a la monedas del mundo. Ayer, se mantuvo frente al yen, sosteniendo el precio más alto en siete años, y (…) alcanzó un máximo de dos años contra el euro. Varias divisas latinoamericanas –añadió- también se han depreciado frente a la divisa verde” (05/12/14).  Al día siguiente el Indice Dólar, creado en 1973 luego del derrumbe experimentado del tipo de cambio fijo establecido en la conferencia de Bretton Woods, alcanzó a 89,33 puntos, su mejor nivel desde 2006, antes del estallido de la crisis financiera global.
    El “aporte” del Banco Central a la devaluación del peso residió en la reducción desde octubre de 2013 de su tasa de interés de política monetaria, en doscientos puntos base, llevándola a un 3% en términos nominales, y a niveles reales negativos, para beneficios de los bancos comerciales, que a pesar de la desaceleración económica aumentaron sus ganancias de enero-octubre, en relación con los mismos meses del año anterior, en 33,9%. La reducción de la tasa fue decidida tras  otro objetivo,  frenar el proceso de desaceleración, sobre el cual como muestran los hechos incidió marginalmente.
    La reducción en el precio del petróleo se produjo en los mercados globales debido a una desaceleración de su demanda como consecuencia de la evolución económica mundial, afectada por el bajo crecimiento de la eurozona, la recesión japonesa y el debilitamiento experimentado en importantes países emergentes, entre ellos por ejemplo Brasil y Rusia. Así como por el incremento de la oferta, particularmente de EE.UU., y la ya mencionada apreciación del dólar[1]. Este descenso forma parte de la reducción general experimentada por la gran mayoría de los commodities, entre los cuales está el cobre, cuyo efecto en los motores diseñados por el ministro de Hacienda se mueve por sus efectos en la economía chilena en dirección opuesta a la del petróleo y con especial resonancia dado su peso en el total de las exportaciones del país.
    “Para Chile, la fuerte caída del petróleo (…) representa un shock positivo a los términos de intercambio –escribió Dalibor Eterovic, economista jefe del grupo Security- ya que importa 5,5% de su PIB en petróleo y otros combustibles. Lamentablemente –agregó-, el cobre cuyas exportaciones representan 15% del PIB, ha caído en torno a 10% desde julio disipando cualquier efecto positivo” (05/12/14. Desde luego, tiene un impacto favorable en materia de precios, cuyo IPC en doce meses se redujo en noviembre a un todavía alto 5,5%. Chile es el país latinoamericano con la mayor balanza comercial negativa de crudo y energía, según los cálculos de Bank of América Merrill Lynch, la cual en 2013 alcanzó a un 5,3% del producto.
    Desde luego, las políticas fiscales anticíclicas desempeñan un papel positivo, pero su impacto con el incremento del gasto público, como lo ha constatado el propio director de Presupuestos, Sergio Granados, se reduce dado que una parte importante del aumento proviene de recursos originados en la reforma tributaria, que descansa en incrementos de impuestos, que repercuten en dirección opuesta.[2] El ministro de Hacienda informó que el gobierno tiene la decisión que el 50% de la ejecución presupuestaria de 2015 se materialice durante el primer semestre, lo cual de lograrse sería una contribución a estos propósitos reactivadores, ya que tradicionalmente a esa altura del año existe un elevado porcentaje de subejecución.
    Finalmente, la alianza público-privada, como lo demostró el Encuentro Nacional de la Empresa (Enade) 2014, es más bien una intención que para avanzar debe recorrer un camino no fácil en el plano de las expectativas. “(…) la alianza público-privada –comentó editorialmente el Diario Financiero- (…), más allá de las expresiones de buenas intenciones y voluntad, según empresarios aún no da pasos concretos. Así –concluyó-, no ha perdido urgencia la necesidad de tomar medidas internas efectivas que permitan ayudar a dinamizar la economía” (04/12/14).
    La colocación de bonos soberanos emitidos en dólares y euros en los primeros días de diciembre en EE.UU. por una suma total superior a los US$2.000 millones, de los cuales US$1.500 millones corresponden a endeudamiento neto, destinándose el resto a la recompra de otros títulos que se encuentran en el mercado, junto con ser recursos a ser “usados –expresó Alberto Arenas- para la capitalización de Codelco en función de la ejecución de sus plan de inversión”, objetivo muy importante, buscó incidir favorablemente en un  cuadro de expectativas que permanecían bajas. Por ello, al colocarlos el ministro recalcó que “los resultados obtenidos confirman la confianza que tienen los mercados internacionales en la economía chilena” (04/12/14). El país sigue siendo la nación latinoamericana de más bajo nivel de riesgo en los mercados internacionales.

     

    El ministro Arenas corrigió a la baja en sus entrevistas de prensa efectuadas en diciembre las estimaciones de recuperación a darse el próximo año, que en el presupuesto 2015 se proyectó sería de 3,6%, lo que es indicativo de que las políticas anticíclicas puestas en ejecución resultaron insuficientes. Señaló que se están efectuando esfuerzos para que en 2015 el crecimiento sea “al menos más de un punto” que en 2014, año en que las encuestas de expectativas del Banco Central estimaron que el producto crecerá 1,8% (12/12/14). La salida del proceso de desaceleración será claramente más débil que el producido luego de la recesión de 2009 cuando se utilizaron fondos soberanos existentes en el exterior, mecanismo que en 2014 no se empleó.  El director del Departamento de Investigación del FMI, Olivier Blanchard, expresó su convicción que en general esa será la evolución de las economías latinoamericanas, dado que “los precios de las materias primas no van a ser tan altos y las condiciones financieras (globales) van a ser potencialmente ajustadas”.  En un ciclo mundial en que “la corrección a la baja del crecimiento potencial ha sido en realidad mayor en los países emergentes” que en las economías industrializadas

     

     

    [1] Véase, Carta Económica 16//11/14.

    [2] Véase, Carta Económica 5/12/14.

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