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    Peak Pegasus, el gigantesco buque de carga norteamericano que lleva un mes a la deriva frente a las costas de China, salió desde Estados Unidos rumbo a China con 70.000 toneladas de soja valoradas en 20 millones de dólares.

    Su objetivo era llegar a puerto justo antes de que entraran en vigor los aranceles impuestos por Pekín a Estados Unidos, en represalia por los decretados por Donald Trump a los productos chinos, según reseñó el portal BBC.

    Sin embargo, arribó unas horas después de que se cumpliera el plazo y quedó a la deriva frente a las costas del puerto de Dalian. Atrapado en la guerra comercial iniciada por Donald Trump, el Peak Pegasus da vueltas sin rumbo fijo en el Mar Amarillo mientras se define su destino.

    Se calcula que cada día extra en el mar le cuesta a la empresa propietaria del carguero –JP Morgan Asset Management– unos 12.500 dólares, mientras los dueños de la carga, la compañía Louis Dreyfus, analiza sus opciones comerciales, según información publicada por el periódico británico The Guardian.

    Trabajadores descargan un barco atracado en el puerto chino de Zhangjiagang (Foto Web)

    En las guerras comerciales, se dispara con aranceles y se bombardea con cuotas de importaciones. Estas técnicas son tan antiguas como el propio comercio internacional, pero siguen siendo un asunto de poderosas repercusiones en la actualidad.

    Incluso, mucho más con la la entrada en vigor, el pasado 1 de junio, del aumento de los aranceles a las importaciones a Estados Unidos de acero en un 25% y de un 10% en el aluminio de China, México, Canadá y la Unión Europea.

    Trump aseguró en un inicio que se trataba de una medida que obedecía a razones de seguridad nacional y que la industria asociada a esos metales había sufrido durante los gobiernos anteriores por las “injustas” políticas de importación existentes.

    No tomamos estas acciones por elección, sino por necesidad“, dijo ante miembros de su Gabinete y trabajadores de la industria metalúrgica estadounidense.

    Sin ir más lejos, la Unión Europea, segunda exportadora del acero que consume Estados Unidos, anunció en marzo pasado que estaba dispuesta a imponer medidas similares sobre las motocicletas Harley-Davidson, el bourbon, la mantequilla de maní y los pantalones Levi’s. Parece que la guerra comercial vino para quedarse por un rato largo.

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