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    Hace pocos días un movimiento inesperado la Reserva Federal (FED) norteamericana bajó la tasa de redescuento (tasa a la que hace préstamos a los bancos) con el objetivo de inyectar liquidez en el “constipado” (para utilizar la expresión de un inversionista) mercado crediticio estadounidense. Recordemos que dos días antes, el presidente de la Reserva Federal de St. Louis, William Poole, había dicho que nada salvo una “calamidad” podría provocar un cambio no programado en la política de la FED. Al cierre de esta edición se declaraba en quiebra un importante banco hipotecario de EE.UU., el First Magnus Financial, despidiendo a sus seis mil trabajadores.


    La medida de la FED es incapaz de reestablecer las condiciones del mercado de créditos

    A pesar de que los mercados accionarios rebotaron el viernes y el lunes tuvieron un saldo positivo, las condiciones dentro del sistema crediticio global se mantienen extremadamente tensas. Una muestra de esto fue el fenomenal “vuelo a la calidad” de los inversores, que tiraron abajo el rendimiento de los títulos del tesoro norteamericano de tres meses a un ritmo más rápido que cuando se produjo el crash del mercado de acciones norteamericano en 1987. Es que la fuerte inestabilidad de los mercados financieros este mes está llevando a muchos inversores a abandonar la búsqueda de altos rendimientos a favor de inversiones que al menos le garanticen el retorno del capital. A su vez, se siguen acumulando las malas noticias. Las acciones de Countrywide, la firma de crédito hipotecario más grande de EE.UU., siguieron cayendo mientras desesperados clientes iban a sus sucursales a pedir que les devolvieran sus fondos, preocupados que su dinero no estaba seguro a pesar del sostén de la Garantía de Depósitos Federales. Esto después que la compañía inesperadamente utilizó una línea de crédito de 11.500 millones de dólares para ayudar a financiar sus operaciones. El día martes sus acciones subieron ante la especulación del Wall Street Journal, el principal diario de finanzas de EE.UU., de que parte de su negocio hipotecario podría ser comprada por uno de los magnates de las finanzas, Warren Buffett. Los buitres están a la espera de la carroña para quedarse con activos a bajo precio. Mientras tanto la firma ya anunciaba que iba a despedir a una buena cantidad de sus vendedores, igual que el grupo de servicios financieros Capital One que anunció un recorte de dos mil puestos de trabajo. Como siempre las crisis las pagamos los trabajadores. Más intranquilidad trajo el martes el comentario de Henry Paulson, secretario del Tesoro norteamericano, que alertó que no había una solución rápida a los problemas del mercado de créditos. En respuesta, los mercados accionarios volvieron a caer.

    Un brutal ajuste de la sobreproducción, sobreendeudamiento y sobre especulación subproducto del fin del ciclo 2003-6

    La FED se encamina más temprano que tarde a realizar varias reducciones substanciales de las tasas de interés como única chance de preservar la estabilidad financiera y evitar una recesión extremadamente seria. Sin embargo, es poco lo que puede hacer ya que estamos frente a una ola de “deleveraging” (una reducción del endeudamiento para reducir la exposición al riesgo) que no muestra signos de abatirse. Más aun, como ya explicamos en otras notas esta no es una crisis de liquidez (como el salvataje del hegde fund LTCM como coletazo de la crisis rusa de 1998), sino de solvencia en la que asoma el fantasma de las quiebras y de las bancarrotas. Estamos frente a los inicios de un duro proceso de ajuste de la enorme sobreproducción, sobreendeudamiento y sobreespeculación que acompañó al ciclo de crecimiento de la economía mundial de 2003-2006 con una tasa promedio de crecimiento anual de 5% que no se veía desde los ‘70, en gran parte estimulada por el fuerte endeudamiento. En este marco, las probabilidades de que un accidente desencadene un crack bursátil aumentan.

    EE.UU. está entrando, como ya venimos explicando, en la peor depresión del mercado inmobiliario desde la Depresión de los ‘30 del siglo pasado. El golpe a la economía real pronto se extenderá. Los consumidores norteamericanos afrontan ahora una deflación de su riqueza, tanto en el valor de sus viviendas como de las acciones. La tasa de ahorro es negativa por primera vez desde 1934, no dejando ningún colchón. La alternativa de sacar del valor de la propiedad para pagar las cuentas -un 6% del PBN en la cima de la burbuja- está terminada. Los consumidores están comenzando a sentir los nuevos tiempos. Esto es lo que indican los alertas de ganancia de Wal-Mart, Home Depot (principal cadena de bricolaje para el hogar) y de las grandes tiendas Macy’s. La venta de automóviles en julio fue la más baja en nueve años, afectada también por la escasez de crédito que afecta también a los créditos al consumo.

    En este marco, el contexto internacional tampoco ayuda. La crisis del LTCM o del hundimiento de la burbuja de las punto-com, para tomar los dos últimos episodios de crisis en los EE.UU., se dieron en un marco en que el “efecto China”, que bajaba los precios de los productos manufacturados, permitió a los bancos centrales una política agresiva de reducción de las tasas de interés sin temor a la inflación. La situación actual es más complicada. Ahora China y muchos países semicoloniales están sufriendo una inflación alta y creciente. El abuso de las bajas de las tasas de interés por parte de la FED podría desencadenar el fantasma estanflación (una combinación de recesión con inflación), fenómeno que no se ve en los países desarrollados desde la crisis de ‘73/’75 y que desencadenó un fuerte proceso de lucha obrera contra la espiral inflacionaria. (las políticas anti-inflacionarias que los Bancos centrales largaron desde el comienzo de la ofensiva neoliberal en los ‘80 tuvieron el objetivo de liquidar esta dinámica perniciosa para la recuperación de la ganancia capitalista).

    Europa muy expuesta

    A pesar de que el epicentro de la crisis se encuentra en EE.UU., la Unión Europea está particularmente expuesta a los temblores de la crisis financiera internacional. El contagio financiero por la exposición de los grandes bancos europeos, así como de muchos bancos regionales a los productos de mayor riesgo del mercado crediticio norteamericano es muy fuerte y amenaza con nuevas bancarrotas bancarias (o rescates estatales para evitarlas). La banca alemana, la de principal reputación en el continente, se encuentra particularmente afectada. El pasado viernes, el Sachsen LB, el banco estatal de Sajonia fue rescatado por la friolera de 23.300 millones de dólares aportados por la Asociación de Bancos de Ahorro alemanes para evitar su quiebra. Esto a quince días de un rescate similar del IKB Deutsche Industriebank AG. Por su parte, el Deutsche Bank, principal banco de Alemania y uno de los más importantes del mundo, se aprovechó de la “ventana de liquidez” abierta por la baja de tasa de descuento de la FED para adquirir fondos, movimiento al que los bancos son reacios porque es siempre visto como síntoma de debilidad. Es probable que los anteriores episodios de caídas no sean los últimos. Es que frente a un mercado interno deprimido, la banca alemana de todo tipo buscó en activos de alto riego la rentabilidad que no podía conseguir en casa. Siempre la sed insaciable de ganancias.

    Pero si el efecto contagio ya es peligroso, podría ser un juego de niños frente a la peligrosa burbuja crediticia generada internamente. Esta es un subproducto del lanzamiento del euro. En eso momento, Alemania, la economía más fuerte de la UE, entró al euro con una tasa de cambio sobrevaluada. Esto redundó en una pérdida de competitividad que se expresó en la persistencia del alto desempleo que empujó los salarios a la baja. Pero para aligerar de alguna manera este drástico ajuste, la economía alemana fue ayudada por el Banca Central Europeo, también establecido en ese momento. Las autoridades de este establecieron unas tasas de interés al nivel que lo requería Alemania -demasiado bajas para la mayoría de la zona euro- y permitieron una debilidad extrema del euro. Esta combinación dio lugar a booms en mucho de los países de la zona euro. Pero el costo indeseado ha sido que las firmas y las familias en estos países se han sobreendeudado masivamente. Los niveles de préstamos de los bancos e inversores son enormes, y dejan fuertemente expuestos a los mismos frente a la deflación de la burbuja inmobiliaria que está ocurriendo globalmente. Muchos de estos países como el Estado Español tienen enormes déficit de cuenta corriente. El intento de restaurar la competitividad, agotado el mecanismo del impulso de la construcción como motor de crecimiento, y en el marco de las restricciones a la devaluación de su moneda que implica el sistema monetario europeo, sólo puede hacer crecer fuertemente el desempleo y la caída salarial. Esto a su vez, puede agravar la situación de ahogo financiero de muchas familias que se encuentran ya al límite por la carga del pago de sus hipotecas en el marco de las subas de las tasas de interés que ya ha venido habiendo. El desarrollo de este ajuste en los próximos años puede ser brutal agravando y aletargando la actual crisis financiera internacional.

    Lo que está claro es que ha cambiado cualitativamente el contexto para Europa: las reformas antiobreras proyectadas como la del nuevo presidente francés Sarkozy se hacen más complicadas sin el gran bálsamo que era el pujante crecimiento. El nuevo contexto puede dar origen a fuertes tensiones y combates entre las clases.

    El mito del desacople de la economía mundial de los EE.UU.

    Ante los síntomas de debilidad de la economía norteamericana de los últimos meses, se fue creando una creencia de que el crecimiento europeo, asiático y latinoamericano era más sustentable que en cualquier otro momento en los últimos veinte años y que se encaminaban a convertirse en los nuevos motores o en los motores de reemplazo del crecimiento mundial. Al inicio de la crisis financiera internacional esta creencia está probando ser un mito. La zona euro de desaceleró agudamente en el segundo trimestre. Italia se encamina hacia la recesión. El valor de la vivienda en Francia cayó un 1.5% y la burbuja de la construcción española esta agotándose. Por su parte, China está presionando cada vez más sobre la demanda global, aumentando la presión exportadora sobre otros mercados que por el contrario veían en ella un refugio en tiempos de crisis. Su mercado interno es muy estrecho para sostener la demanda global.

    En el último ciclo las tres principales fuentes de extra estímulo a la economía mundial fueron los EE.UU., el Estado Español (que consumía el 50 % de todo el cemento producido en la UE) y Gran Bretaña, en dicho orden. Los tres boom fueron inducidos por un sobreendeudamiento, que hoy en el marco de la escasez crediticia está llegando a su fin. Por su parte en Japón, la principal nación acreedora a nivel mundial, las cosas tampoco marchan bien. El crecimiento se desaceleró un 0.1% en el segundo trimestre. El yen pegó un salto de 9% contra el euro y la libra esterlina este mes, una manifestación de que los inversores japoneses y muchos hedge funds (fondos de cobertura de riesgo) se han deshecho o se vieron obligados a deshacerse, de las posiciones especulativas e inversiones de activos en la periferia, en especial en Asia, mecanismo conocido como “carry trade” [1]. El fantasma de la deflación vuelve a rondar por la economía nipona.

    Es este panorama financiero y las oscuras perspectivas de la economía mundial las que ha golpeado a América Latina. La región que se creía resguardada de los coletazos de una nueva crisis ha sido fuertemente golpeada por el retiro de fondos de numerosos inversores que lucraban en estas tierras. En especial, la crisis golpeó fuertemente a Argentina y Venezuela, sometidos a fuertes presiones inflacionarias. La economía ecuatoriana, también se vio fuertemente afectada, mostrando los riesgos de un nuevo default. Pero la cosa no se ha quedado ahí. La fuga de capitales afectó particularmente a Brasil, reflejado en la suba del dólar -que alcanzó el jueves pasado los 2,13 reales después de un piso de 1,84 el 23/7. El real fuerte era una de las principales herramientas del gobierno para evitar que se dispare la inflación. Los precios de las materias primas también fueron afectados, ya que durante el actual boom su alto precio reflejaba no sólo una fuerte demanda China sino también movimientos especulativos en estos mercados. La fuga a la calidad también los afectó como a los demás activos. Si el panorama de la economía mundial se sigue oscureciendo la caída puede ser mayor. Y justo cuando las ilusas burguesías latinoamericanas creían que iban a tener un boom de crecimiento sostenible y duradero ligado a las materias primas. El inicio de la actual crisis financiera internacional es un balde de agua fría para esas clases cipayas, aunque muchos aun todavía no se han dado cuenta.

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