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    ¿Cuál debe ser el monto ideal? Ésta es la pregunta que preocupa en un Chile que crece y que en cifras le está ganando a la pobreza, aunque de esta “buena nueva” se desprenda una sospecha: para medir estos progresos se utilizan parámetros de medición de hace más de 20 años.



    “El sueldo mínimo no es tema. Si lo subes sin aumentar la productividad, crece la inflación y perdemos todos”, responde el analista Patricio Navia al preguntarle si es suficiente el incremento del salario mínimo desde los actuales $135 mil a los $144 mil que rigen desde julio. El alza de $9000 no refleja el crecimiento económico que proyecta el país según los guarismos oficiales, pues si analizamos las arcas fiscales por los ingresos generados a partir del valor del cobre, no hay duda que son más voluminosas que nunca.
    Navia pertenece al think-tank Expansiva -igual que el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco- y puso en evidencia el pensamiento detrás de las medidas económicas llevadas a cabo en el Chile actual. Pero respiremos hondo y no lo satanicemos, como afirma el escritor Luis Casado: “La teoría no falla, lo que falla es la realidad”.

    El mercado del trabajo se regula de forma similar al de las zapatillas, por lo tanto, no debiera existir un sueldo mínimo, sino un salario consensuado por la oferta y la demanda denominado “precio de equilibrio”, que es conseguido por la competencia. Pero, el ingreso mínimo vendría a ser un obstáculo para aquellos empleadores o “solicitantes” que quisieran pagar más por mayor productividad y para los mediocres y poco productivos trabajadores u “oferentes” que felices trabajarían por menos. Además, si el sueldo mínimo es excesivo, sería el responsable de tanto trabajador desempleado como afirma el liberal francés, Alain Minc, quien asegura: “La victoria del mercado es irreversible, el que se resista terminará por someterse”.

    Ahora podemos entender por qué el ministro de Hacienda nos habla del “gran esfuerzo que hace el gobierno” cada vez que se incrementa el gasto social por insuficiente que este sea. Podemos imaginar cuán difícil es para estos doctores renegar de tan dulces teorías. “Si a Chile le va bien, si a la economía le va bien y crecemos este año 5,8% entonces va a haber un reajuste para el próximo año, ya no de $9.000, sino que de $10.000”, puntualiza el titular de Hacienda, intentando con dificultad contentar al pópulo, a quienes la clase política le debe sus votos.

    LA DISCUSIÓN DEL SUELDO MÁXIMO

    La discusión que hoy más le preocupa a Jorge Bustos, dirigente sindical y presidente de la Congemar (Confederación de Gente del Mar de Chile) no es la del sueldo mínimo propiamente tal, sino la del sueldo máximo, pues sostiene que las diferencias entre el 10% más rico y el 10% más pobre, a pesar de haberse reducido la brecha en un 3%, continúan siendo escandalosas. Mientras un trabajador gana $150 mil, un ciudadano ABC1 gana $4 millones o más.

    “Los trabajadores debemos imponer la discusión del sueldo máximo”, enfatiza el dirigente sindical y agrega: “Los trabajadores de Chile están aportando cerca de 4 puntos al Producto Interno Bruto (PIB), unos US$ 5.200 millones que no son aprovechados en educación de calidad para nuestros hijos”.

    “Nos quitan un 7% de nuestro sueldo por salud, un 12,5% para jubilación y un 19 % de IVA. Es decir que nuestro sueldo se reduce a un 60% del monto original, y lo que es peor, para obtener servicios que no se cumplen”, sostiene tajante Bustos. La salud pública abarca nada más que 46 enfermedades según el Plan Auge, la educación está en crisis y los fondos de pensiones se encuentran en manos de especuladores financieros que no garantizan un monto mínimo para subsistir en la vejez, además de no existir opciones públicas para este ahorro. Bustos continúa: “Nadie sobrevive con $144 mil. Están actuando como el patrón que ofrece la mitad del sueldo y si es que nos va bien, te pagan la otra mitad, cosa que nunca sucede. Lo mismo ocurre con las AFP’s que te dicen ‘elija usted entre los 5 fondos’ o sea si ese fondo pierde te echan la culpa a ti”.

    Pero no hay que olvidar que el sueldo mínimo es una piedra en el zapato para las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que no pueden pagar este monto y contratan a menos trabajadores. Ante esta situación, el dirigente sindical, responde: “El empresario tiene que asumir los costos de las leyes que rigen en este país. No pueden existir trabajadores de segunda ni de tercera categoría, es necesario que exista un solo sueldo que rija para todos. ¿Por qué yo voy a tener que asumir que mi empresario es malo y tengo que trabajar por menos?”. Bustos cree que esto parece muy natural para las clases más desposeídas, pero es completamente inadmisible para las elites: “El diputado de un distrito con menos habitantes debería ganar menos que otro que representa una jurisdicción más poblada, según la lógica que nos aplican a nosotros”.

    El dirigente no rehuye la crítica frente a los cabecillas sindicales, responsables directos de la situación que viven los trabajadores. Según Bustos, estos se dividen en tres grupos: Los que buscan poder político y producto de aquello no representan las reales aspiraciones de los trabajadores; los históricos que ya están jubilados y que no pueden explicar lo que sucede basándose en el contexto actual; y los que apuestan por concientizar, informar, poniendo acento en la participación ciudadana.

    EL PEOR EMPLEADOR: EL ESTADO

    Para César Pincheira, académico del Seminario de Economía de la Universidad de Playa Ancha, la problemática central chilena radica en que históricamente a las personas que trabajan por un sueldo se les ha tratado de manera vejatoria. El economista cree que el factor ideológico es determinante: “Concebir al ser humano como un engranaje más de la máquina, como otro insumo para fabricar lo que hay que fabricar, reduce la posibilidad de que exista el empleo pleno y que el mercado del trabajo opere como es debido, es decir, con un flujo de información transparente y con relaciones simétricas de poder”.

    Sin embargo, reconoce que el concepto capital humano, instaló elementos que humanizaron la función del empleado, pero con un afán que sólo tiene relación con que “si tienes al trabajador contento con pequeñas concesiones como el club de baile, seguro dental para los hijos, relajación diaria, celebración de cumpleaños, incentivos por productividad, obtienes mejores resultados, porque las vacas cuando están relajadas dan más leche”, señala el docente. Eso lo vemos en la empresa privada ¿Pero qué pasa con la empresa estatal? El académico afirma: “Yo creo que el peor empleador de Chile es el Estado”. Comentario que nos hace pensar en la grave crisis de Codelco y en cuanto recordamos a los miles de funcionarios de distintas carteras y empresas públicas trabajando a honorarios.

    Pero volvamos al tema que nos convoca ¿Cuál sería el monto mínimo ideal? Ésta es la pregunta que nos preocupa en un Chile que crece y que en cifras le está ganando a la pobreza, aunque de esta “buena nueva” se desprenda una sospecha: para medir estos progresos se utilizan parámetros de medición de hace más de 20 años, como la encuesta CASEN, que arroja datos cada vez más falaces producto de los “gloriosos” cambios provocados por el sistema que nos integra en las grandes ligas. Este método divulgó que sólo el 10,5% de los chilenos son pobres y el 3,2% son indigentes. Según la medida oficial, un chileno que vive en la ciudad con más de $23.549 pesos al mes y $18.146 en el campo, deja de ser indigente y el ciudadano que gana $47.099 mensuales en la ciudad y $31.756 en el campo, deja de ser pobre.
    El académico Pincheira nos recuerda: “A los números los podemos torturar hasta que digan lo que queremos que los números digan”. Por ejemplo, el Gobierno elevó el monto del sueldo mínimo a $143.500 y estableció que si la economía crecía sobre 5,8% este año, se elevaría en $1.000 el reajuste, y si lo hacía sobre 6,2%, aumentaría otros $500.

    Estos códigos que poco y nada entendemos, según el economista, están formulados justamente con ese afán, “el componente ideológico que mueve a los medios de comunicación promueve que los chilenos no entiendan mucho de sus derechos económicos, se habla bajo el código de la elite político-empresarial o se transforma a todos los ciudadanos en ‘la señora Juanita’. Falta más periodismo económico que explique que todos somos actores económicos y no sólo los que llevan las riendas”, dice Pincheira. ¿Quién sabe cuanto crece Chile realmente? ¿Usted tiene idea de cuánto asciende el PIB, que es el IMACEC, o se le ocurre cuál es la cifra en la Balanza Comercial para agosto? Seguramente usted sólo sabe que suben mes a mes los gastos básicos, que es más cara la leche, el pan, la energía y que sus hijos son completamente infelices si no tienen Internet en casa y si no manejan el inglés como segundo idioma.

    Son tantas las exigencias económicas que no están contempladas en la canasta básica familiar, que el endeudamiento aparece desde la más tierna juventud y viene a ser el aliciente para tener poder adquisitivo, hipotecando nuestro cuerpo en un trabajo partime, subcontratado y de sueldo mínimo, si es que tenemos suerte. Pincheira enfatiza: “Es dura la mochila para el que trabaja en Chile, producto de una ley laboral poco favorecedora y por las dificultades para el emprendimiento, única opción para generar recursos cuando no existe un tejido productivo que absorba la mano de obra dinámica. Emprender en un país con estructuras tan desiguales, es un gran riesgo ya que nadie tiene la garantía de que el mercado opere como tiene que operar”. Después de todo ya sabemos que el pez más grande se come al más chico y por sobretodo que la economía chilena más que sentar las bases en el Código del Trabajo o el ideal del empleo pleno, lo ha hecho sobre la premisa del “si no te gusta, te vas”.

    DE LOS ANDAMIOS AL PARLAMENTO

    René Alinco es el primer obrero de la construcción desde la Unidad Popular en ocupar un escaño en el Congreso. El diputado PPD por la XI Región, comenzó su vida laboral a los 13 años e igual de temprano abrazó la causa sindical. Hoy es un “honorable” que forma parte de la Comisión del Trabajo. Nos cuenta que “en la comisión no existe ningún obrero salvo yo. Peleamos harto por el sueldo mínimo, pero no hubo caso de revertir la situación. Ahora estamos intentando sacar la reforma previsional, pero lamentablemente la correlación de fuerzas es desfavorable para los trabajadores chilenos, aunque el compromiso de los diputados desde que son candidatos hasta que finalmente salen elegidos, es con el pueblo y los trabajadores”.

    Alinco está en antecedente de la amenaza de verse elegido por la política institucional: “Muchas veces me he sentido defraudado, pero la verdad es que yo no esperaba mucho de este Congreso, porque los sectores populares políticos y sociales no están representados y la elección es muy antidemócrática”. El diputado cree que la única posibilidad de que los intereses de los trabajadores sean respetados o considerados, y que sus demandas sean escuchadas es justamente que tengan “verdaderos y reales representantes, me refiero a los trabajadores manufactureros, a los campesinos, al viejo de la construcción, a la dueña de casa, a las temporeras, pues el compromiso social del diputado empresario es muy distinto del que tendría un diputado trabajador”, sostiene el parlamentario.

    En el poder legislativo, según cuenta Alinco, no están las condiciones para reivindicar justas demandas. Lamentablemente el Ejecutivo tampoco se decide por tomar un eje social pues mantiene disputas irreconciliables en su interior. Ya vemos el proceder -diametralmente opuesto- que han tenido los ministros del Trabajo, Osvaldo Andrade, y de Hacienda, Andrés Velasco, a raíz de la crisis de los subcontratistas en Codelco. Alinco apoya a brazo partido el accionar de Andrade que mantiene una clara matriz sindical y repudia firmemente a Andrés Velasco ya que “desde la discusión del sueldo mínimo se ha negado a colaborar, cuando existe un estudio de la CUT que avalaba que el sueldo mínimo podía ascender a $150.000, pero Hacienda no quiso ceder. Ahora tuvimos este conflicto en Codelco por las malas y desiguales condiciones de los trabajadores subcontratados. Aunque nos guste o no reconocer, el ministro de Hacienda interfiere en las decisiones del directorio de Codelco”.

    Alinco espera que no se repita la situación de Rodrigo Cisternas, trabajador forestal asesinado mientras protestaba por las malas condiciones laborales que sufría en la empresa de Angelini. Lo lamentable es que esta vez no estamos hablando de una empresa privada, aunque el vocero de Expansiva, Patricio Navia, aconseje “privatizar Codelco lo antes posible”.

    KAREN HERMOSILLA TOBAR

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