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    Coches por acero. Es la oferta que lanzó ayer la Unión Europea (UE) en un intento de evitar la guerra comercial con Estados Unidos. En dos semanas entrarán en vigor los aranceles norteamericanos del 25% sobre las importaciones de acero, y del 10% sobre el aluminio, lo que desataría inmediatamente las represalias europeas provocando una peligrosa escalada.

    Bruselas se aviene a negociar cuatro capítulos, entre ellos una mejora en el acceso de los coches estadounidenses al mercado europeo. A cambio, reclama que las empresas del club comunitario puedan optar a la contratación pública en EEUU.

    Entre la rotundidad francesa y la cautela alemana, la UE ha encontrado un punto medio que concita la adhesión de todos sus miembros. Europa considera que la relación comercial entre ambos bloques, la más intensa del mundo, es mejorable y está dispuesta a hablar de aspectos concretos. Solo hay una condición previa inexorable: la retirada de la amenaza de aranceles.

    Si Estados Unidos quiere tratar a Europa como aliada, estamos dispuestos a hablar de varias cosas; si no, la UE defenderá sus intereses”, ha resumido el presidente francés, Emmanuel Macron, al término de la cumbre del club comunitario con los socios de los Balcanes celebrada en Sofía.

    La Comisión Europea, con competencias exclusivas sobre política comercial en la UE, presentó en la cena de líderes del pasado miércoles cuatro elementos sobre los que discutir. El más atractivo —también el más difícil de pactar— consiste en dar a Estados Unidos algunas ventajas en la exportación de bienes industriales (incluidos los automóviles, en los que Trump ha centrado sus demandas).

    Washington pide rebajar el arancel que la UE aplica a los coches estadounidenses del 10% actual al 2,5%. De esa forma, la penalización se equipararía a la que soportan los vehículos europeos —muy competitivos— que se venden al otro lado del Atlántico. Bruselas estaría dispuesta a concederlo, a cambio de una apertura de la Administración Trump en el apartado más atractivo para Europa: que sus empresas puedan vencer el proteccionismo estadounidense y concurrir allí a algunas licitaciones públicas

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