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  • Este 5 de marzo se cumplen cinco años de la partida de Hugo Chávez. Una fecha simbólica, que desde entonces coincide, o es también un efecto, de un proceso de regresión en Latinoamérica a épocas que todos pensábamos superadas. En sólo cinco años, como si su ausencia hubiese dejado el terreno abierto, la reacción de las oligarquías y los intereses corporativos no sólo ha anclado los procesos de liberación de los pueblos, sino que ha reinstalado estrategias del capital y de los poderes hegemónicos propias de los peores años del siglo pasado.

    La partida de Hugo Chávez, decimos, coincide y es efecto de un proceso de regresión política y social no observada en la región desde finales del siglo pasado. Por un lado, coincide con un periodo, ya bastante largo, de crisis capitalista y caída de los precios de las materias primas que exporta la región. En el caso del petróleo venezolano, éste ha caído a menos de la mitad de su valor de tiempos del comandante Chávez, sin duda hoy con consecuencias perjudiciales.

    Pero es la reacción extrema de las oligarquías y los poderes hegemónicos el fenómeno que refleja y caracteriza estos últimos años. Desde la partida de Chávez, la oposición venezolana nuevamente asume, en realidad transparenta, su verdadero rostro golpista y fascista. Ante la incapacidad de vencer en las urnas al presidente Nicolás Maduro, esta oposición -financiada desde Miami y Washington y apoyada por todas las vías posibles por neoliberales y conservadores del planeta y especialmente desde la región-, activa campañas políticas que buscan, de forma evidente, la desestabilización como estrategia para acceder violentamente al poder.

    La actual reacción de las derechas y los poderes de toda laya puede compararse sin riesgos con aquella de finales del siglo pasado. Tras la Revolución Cubana se expande en la región el pensamiento de izquierda de liberación. Un proceso que abarca a prácticamente toda la región durante las décadas siguientes, que se cierra con violencias desatadas desde Washington y ejecutadas con odio y saña por los ejércitos regionales adoctrinados en la siniestra Escuela de las Américas.

    La actual reacción de las derechas y las oligarquías, aun cuando no tiene la perversión ni violencia sistemática de entonces, que costó la vida a cientos de miles de dirigentes y civiles, se ha perfeccionado con  herramientas de alta tecnología, con el control total de los medios de comunicación, con mecanismos para fraude y engaño político, con la compra de funcionarios y parlamentarios. Con la mentira, el consumo, el desarrollo de la falsa conciencia.

    Venezuela está asediada por todas las manos y extensiones del poder corporativo y financiero global. Es víctima de un perverso bloqueo económico, similar al de Cuba y al que sufrió hace más de 40 años el gobierno de Salvador Allende. El poder hegemónico, aun cuando transforme sus mecanismos, mantiene intactos sus intereses e intenciones. En 40 años cambian sus modos de operación, pero no sus objetivos.

    La reacción al progresismo, a las intenciones de emancipación social y política de los pueblos, a los procesos de integración regional impulsados con enorme éxito por Hugo Chávez y los entonces gobiernos progresistas, es hoy brutal. El auge de las derechas en la región, con el apoyo por cierto desde Washington a las oligarquías -como se puede observar, por ejemplo, en el cotidiano trabajo de la OEA o en fraudes electorales o golpes blandos, como en Honduras recientemente o en Brasil-, no da tregua.

    Pese a ello, es posible prever que su permanencia será muy breve e inestable. En los hechos, las condiciones sembradas por Chávez y extendidas por todos los gobiernos progresistas e izquierdas de Latinoamérica, desde Rafael Correa a Evo Morales, desde Lula da Silva a Cristina Kirchner, siguen presentes en la conciencia de cientos de miles de organizaciones y representantes territoriales. El pensamiento antioligárquico, antiimperialista, de integración de los pueblos, el ideario socialista que marcó nuestra historia desde los procesos de independencia hasta proyectos de liberación como el de Salvador Allende, Fidel Castro, Hugo Chávez o Evo Morales, sigue plenamente vigente.

    Este 5 de marzo conmemoramos los cinco años de su partida. Su legado sigue plenamente vigente, presente y con una enorme proyección de futuro.

    El Ciudadano

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