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    Continúan las mentiras. Los amarres de los grandes partidos. Los ajustes de las cúpulas partidistas. La Comisión Boeninger ya ha entregado su anteproyecto de ley que “sustituiría” el binominal y, tal como El Ciudadano lo predijo, su trabajo es un maquillaje. Una obra llena de cálculos matemáticos que permita gobernabilidad al país a manos de los mismos de siempre: DC, PPD, PS, PR, UDI y RN.


    En concreto lo que se está proponiendo es aumentar de 120 a 150 los diputados, los que serían electos en 29 distritos con dimensiones de dos a ocho escaños. En la cámara alta se aumentarían de 38 a 50 los senadores, todo mediante un mecanismo proporcional basado en el sistema D`Hont, más conocido como cifra repartidora.

    Con el aumento de escaños se estaría volviendo a la cifra original de diputados con que contaba Chile en el año 1973, aumento que la comisión ha entendido como un indicador de mejor representatividad. Otro parámetro en el que se basan, es el de una mejor competencia electoral, para lo que -dicen- se debe facilitar que cualquier fuerza política pueda obtener un escaño, punto no aclarado en el anteproyecto y que sólo es tocado retóricamente.

    El otro abuso lingüístico que llama la atención es que el proyecto habla de que para “aumentar la capacidad de decisión de los ciudadanos”, se tomarán medidas para que los partidos puedan presentar candidatos en todo el país y que el número de candidatos por lista sea igual, teniendo éstas un piso y un techo numérico. Sin embargo, bajo este enfoque, la democracia vuelve a relegar la decisión ciudadana a la simple elección por Zutanito o Menganito.

    Pero para que no todo sea pésimo, uno de los puntos que destaca es el levantamiento a la inhabilidad que existía para postular a cargos diputacionales o senatoriales a dirigentes sociales y sindicales. Restricción deplorable que esperamos se sepulte. Otro punto a elogiar del proyecto es el que guarda relación con que se trabajará el tema de las cuotas de género, vale decir, que se tienda a un equilibrio de sexos en la composición del Congreso. Sin embargo, tampoco este apartado está completamente desarrollado, por lo que esperamos se le pueda dar especial atención en las próximas discusiones.
    Ahora, si bien los mayores opositores a la reforma son los partidos de derecha, destaca la posición del senador RN, Carlos Cantero, quien ha manifestado su apoyo para trabajar a favor de un cambio del sistema electoral. Pero recordemos que, en diciembre de 2005, ingresando la idea de legislar sobre el sistema electoral a la Cámara Baja, ésta logró 59 votos a favor, uno en contra de Iván Moreira y 39 abstenciones, votación muy baja para los 69 votos a favor que se requerían.

    Lo que sí está claro, estimados lectores, es que si se aprueba la reforma, el Estado tendrá que realizar un desembolso anual de 7.500 millones de pesos, para remunerar “adecuadamente” la labor de los nuevos legisladores nacionales, mientras nosotros, los ciudadanos, continuamos siendo meros espectadores del circo partidista: el tumor de la política chilena.

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