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    “No, te dije que no”. No, no, no. Este, sin lugar a duda, es uno de los monosílabos que más escuchan los niños durante su crecimiento. Detrás de esa negación, muchas veces no hay argumentos contundentes, ni una respuesta orientadora o explicativa, simplemente se impone la voluntad de la madre o el padre, la profesora o el profesor… la visión de un adulto poco considerado, existiendo honrosas excepciones a la regla.


    niños

    Los niños y niñas tienen mucho que aportar al desarrollo de la región y el país, pero no cuentan con los canales de participación necesarios. El acervo cultural de los infantes es hoy mayor al que poseía el común de los adultos para esa corta edad y uno de los principales factores que han determinado tal situación, es la sociedad del conocimiento y la información en la que se encuentran insertos.
    Su vocabulario ha cambiado y es común que algún pequeñín nos sorprenda con palabras dignas de un catedrático. Manejan la actualidad, navegan en internet y tienen opinión para temas que para muchos “son de adultos”. Los niños van un paso adelante y no tienen pelos en la lengua para hablar con la verdad y dejar de manifiesto sus sentimientos, posturas e intereses, llegando incluso en ocasiones a ser hirientes por la transparencia de sus palabras.
    Hoy está de moda el tema de la paridad de género, coyuntura desde la cual -a nuestro juicio- debiese considerarse el debate sobre la equivalencia de edades en los espacios de toma de decisiones. Idea que a priori puede ser considerada descabellada, debido a excusas dinosáuricas que guardan relación con que los niños no poseen la madurez necesaria para tomar decisiones por sí mismos. No obstante, bajo la particular y siempre bien ponderada perspectiva de El Ciudadano, los infantes sí tienen muchas cosas que decir y por tanto ser concebidos como un grupo humano capaz de enseñar a la clase gobernante, política y económica de este país.
    Pero la historia es más triste que feliz. No quisiéramos que fuese así, pues si nuestros niños supieran antes de llegar al mundo que son concebidos como cifras, como fuerza de trabajo y como dinero, muchos de ellos preferirían descansar por siempre junto al vientre de su madre.
    La OIT La Organización Internacional del Trabajo (OIT), calcula que uno de cada seis niños en el mundo trabaja. Como si fuera poco, los políticos y gobernantes en el planeta usan la calculadora para averiguar si los beneficios de terminar con el trabajo infantil superan a los costos o viceversa. La OIT dice que eliminar el trabajo infantil en el globo costaría unos
    US$ 760.000 millones hasta el 2020, mientras que los beneficios llegarían a los US$ 5,1 billones.
    El tema de los derechos de nuestros hijos e hijas, no está resuelto. Se ha avanzado, pero para que el camino se haga más expedito y por tanto podamos partir de este mundo sabiendo que ellos estarán siempre a salvo, dependeremos de que la frase “son cosas de niños” cobre la importancia que merece en el presente inmediato. Por ellos, el Universo.

    Bruno Sommer

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