• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    A finales del año 2007 los timoneles de los partidos políticos, de la Concertación y la Alianza, unieron sus manos y sus firmas en torno a un desafío muy noble, el Acuerdo Nacional de Educación.

    Es esta la forma de entendimiento que desea ver la ciudadanía, que los pólíticos dejen sus diferencias ideológicas, se sienten, discutan y lleguen a una solución que mejore la vida de todos los chilenos.

    Políticamente hablando, esto no quiere decir que la Alianza quiera un quinto gobierno de la Concertación, ni que la Concertación desee cederle La Moneda a la Alianza.

    Pero, más que el análisis político, importa de verdad a que acuerdo se llegó en torno a la educación y qué falta aún por mejorar.

    Con gran fuerza se planteó el tema del Lucro, “No al lucro”, “La educación no es un negocio”, entre otros postulados. ¿Qué problema hay en que un particular lucre a cambio de entregar una enseñanza de excelencia a quién está dispuesto a pagarla? ¿Acaso vamos a poder negar que los colegios privados tengan una educación cualitativamente mejor que la municipal? Pero acaso, ¿no es también una enorme falta moral lucrar a costa de la subvención estatal? Este acuerdo también luchará para erradicar a los “sostenidos”, y ayudar a los sostenedores educacionales.

    El otro tema que se debatió fue el impuesto por el Partido Radical, el fin de la municipalización. Ese cambio se argumenta en que la municipalización de la educación fue la peor alternativa de descentralización, ya que el sostenimiento de la educación por parte de los municipios ha restado a éstos fondos pecuniarios importantes para el desarrollo comunal, junto con entregar distintas calidades de educación dependiendo si la ciudad posee altos o bajos recursos.

    Solucionar estas falencias son los desafíos que faltan a Chile para dar el salto que estamos esperando en vísperas del tan anhelado desarrollo. Pero si queremos de verdad luchar por un Chile más justo, con más igualdad de oportunidades, debemos concentrar nuestras energías en preocuparnos de quiénes están recibiendo una educación de segunda categoría, de los niños cuyas familias no tienen dinero, porque lamentablemente la ecuación de nuestra educación es “más dinero = mejor educación”. Si esto lo supiera mi correligionario y ex Presidente de la República de Chile, Don Pedro Aguirre Cerda, estaría llorando profundamente, y sin consuelo alguno.

    Para luchar contra esto, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo podemos garantizar, de una forma segura e inteligente, que los niños provenientes de familias con escasos recursos puedan recibir una educación de calidad?

    Nos debemos abocar, en definitiva, a quiénes son los que enseñan en las aulas de clases. La Pedagogía ha visto mermado su rol social, ya nadie quiere estudiarla, siendo una actividad tan noble. Esto pasa por la baja paga y por la nula opción de ver incrementado su ganancia a través del tiempo. Pero la solución no es subir los sueldos por ley, ni tampoco las capacitaciones, todo ello generará una ineficiencia palpable del sistema educacional.

    La solución es subir los estándares de selección de quiénes estudien la carrera pedagógica, ¿Pero, cómo hacerlo si nadie quiere estudiarla? Pues precisamente se debe contrarestar la fama de una pedagogía malpagada, y esto se hace no incentivando con subir nuevamente los sueldos por ley, sino que incentivando por ejemplo con la gratuidad del estudio de pedagogía cumpliendo ciertos requisitos (y no precisamente por el sector social proveniente, sino que por el mérito estudiantil). También que el proceso de selección de jóvenes que quieran ser docentes sea previo a la PSU, para buscar la vocación, entre otras medidas, que espero sean discutidas, conversadas, mejoradas y aplicadas.

    En conclusión, se podrá invertir todo el dinero del mundo, se podrá lucrar menos o más, construirse más y mejores colegios, pero estos están destinados para enseñar, y si quienes enseñan atraviesan una selección paupérrima, falta de incentivos económicos para estudiarla o falta de vocación, no va a haber verdadero desarrollo.

    Si el mejor de los acuerdos en educación no consagra el tema Pedagógico, no vamos a mejorar de verdad la educación de nuestro país.

    Ignacio Enrique Sánchez del Campo
    Presidente Juventud Radical de Viña del Mar

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...