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    Hace algunas semanas, una compleja situación protagonizaron las alumnas del Colegio Argentino del Sagrado Corazón de Providencia, quienes, sin derecho a pataleo, tendrán que cambiarse de establecimiento el próximo año debido al cierre de su colegio. Esto se produce debido a que la congregación que sostiene el colegio no cuenta con recursos para seguir financiándolo y manifiesta una falta de vocaciones religiosas.

    La situación devela la compleja situación que vive la Iglesia Católica por la baja considerable de las vocaciones sacerdotales y religiosas que afecta a los colegios católicos dirigido por distintas congregaciones que tal como el colegio argentino han debido tomar medidas para afrontar esta difícil situación.

    Según cifras de la Conferencia Episcopal de Chile, la población católica de nuestro país es cercana a los ocho millones, mientras que el número de sacerdotes es de 2.400 y de religiosas 4.877 de acuerdo al último índice estadístico eclesiástico del año 2006, el cual arrojó una baja importante en comparación a muestras anteriores.

    Si al año 1996 entraron 809 postulantes al sacerdocio en centros de filosofía y teología (diocesanos y religiosos) en todo el país, al año 2006 la baja fue considerable; sólo 709 jóvenes optaron por la vida eclesiástica. Si el año 1996 se ordenaron 40 sacerdotes diocesanos, el año 2006 sólo lo hicieron 20.

    Un hecho fundamental en la historia cristiana del siglo XX que marcó un antes y un después fue el Concilio Vaticano II. Este acontecimiento celebrado en los años sesenta marcó un importante precedente en la visión de la Iglesia Católica y en sus feligreses hacia el futuro.  Uno de los puntos importantes discutidos allí fue la apertura de la iglesia hacia un mundo moderno y el rol de debían asumir los seguidores de esta fe cristiana.  Principalmente este punto tiene relación con el papel de los “laicos” en la iglesia y su relación con la comunidad.

    Para algunas voces críticas este hecho es trascendental para las vocaciones sacerdotales, ya que la apertura de la iglesia permitió que los laicos tuvieran una participación más activa y de mayor importancia dentro de la jerarquía eclesiástica, en otras palabras, los laicos irían ocupando mayores espacios que antes eran de sacerdotes y religiosos, tales como el catecismo, apoyo motivacional, formación educativa y principalmente aportar la experiencia de la vida familiar y afectiva a la estructura de la iglesia.

    Claudio Fuentes, director del Centro de Estudios de la Argumentación y el Razonamiento de la Universidad Diego Portales, contó a El Ciudadano que las crisis vocacionales y la celebración del Concilio Vaticano II no tienen una relación de causa y efecto, sino más bien que ambas responden a un fenómeno mayor que tiene relación con la revolución cultural, filosófica, sexual y política que comenzó en Europa y Estados Unidos, que poco a poco fue expandiendo al resto del mundo.

    “Lo verdaderamente preocupante es la disminución de las vocaciones en Europa, especialmente en España, Italia, Alemania y Polonia.  Dado que allí históricamente proviene la elite intelectual del vaticano y a pesar de la penetración de hispano y africano a la Iglesia Católica, cada vez son menos los religiosos europeos, lo que produce inevitablemente una pérdida en la influencia política, diplomática, y tal vez en la defensa del dogma ante las interpelaciones cada vez más complejas de refutar de parte del mundo de las ciencias”.

    LA SITUACIÓN EN LOS COLEGIOS CATÓLICOS

    En el mes de abril recién pasado, la religiosas del Colegio Villa María Academy convocaron a una reunión extraordinaria a todos los padres y apoderados para anunciarles que dentro de dos años dejarían el colegio por falta de vocaciones religiosas y a su vez, formarían una mesa de trabajo integrado por profesores, apoderados y tres “sisters” que aún no abandonarían el país para estudiar el traspaso de la administración de uno de los colegios más importantes del país.

    Esta congregación de origen estadounidense es una de las que vive la situación más crítica en cuanto a número de religiosas, y por ende, sus máximas autoridades han decidido reubicar a sus religiosas en otras labores en otros países.

    Pese a ser un caso mediático, no es aislado.  En muchos colegios han vivido la misma experiencia de tener que traspasar la administración a laicos argumentando como un punto fundamental las bajas vocaciones religiosas.

    El Instituto Chacabuco de Los Andes, perteneciente a la Congregación de los Hermanos Maristas,  vivió esta experiencia el año 2005, cuando los sacerdotes que dirigían el colegio le traspasaron la administración a Pedro Díaz Cuevas, que asumió como rector, junto a un equipo pedagógico multidisciplinario.

    A juicio de Pedro Díaz Cuevas, esto no fue un traspaso sino que correspondió a un proceso de transición donde se privilegió una separación de las funciones (gestión educacional con formación pastoral) pero respondiendo conjuntamente a la formación católica y evangelizadora, aunque reconoce que la disminución de los sacerdotes es un hecho inminente y preocupante.

    “Hace 20 años este colegio era el único privado de la ciudad, hoy existen cinco establecimientos particulares y los tiempos no son los mismos.  Los tiempos han cambiado y también los desafíos, por ende, la administración de un colegio de esta envergadura requiere de una mayor gestión y los hermanos sacerdotes han privilegiado delegar estas facultades en nosotros y ellos abocarse a la formación pastoral”- comenta Díaz.

    A su juicio esta congregación fue visionaria a la hora de prever la baja de vocaciones sacerdotales y pese a que solo cuentan en este minuto con dos postulantes al seminario en Chile, señala que en otros países la realidad es distinta dentro de su congregación y que pese a la falta de religiosos, el carisma cristiano sigue intacto.

    Una opinión parecida tiene Sor Fanny Dobronic, Coordinadora del Área de Educación de la Congregación Salesiana Hijas de María Auxiliadora.  A su juicio, las tareas administrativas y de gestión educacional eran demasiado absorbentes para las religiosas, por lo cual decidieron realizar concursos públicos para elegir directores pedagógicos.

    Según Sor Fanny, “es un hecho que las vocaciones sacerdotales y religiosas están disminuyendo, pero por otro lado no ha significado un debilitamiento de la Iglesia ni mucho menos de la comunidad, ya que la labor formativa y cristiana jamás se ha separado y es entendida por nosotros como una formación conjunta”.

    La disminución de las vocaciones religiosas es un hecho que no deja indiferente a la Iglesia Católica ni mucho menos a sus propios sacerdotes y religiosas, pero de ser un fenómeno paulatinamente descendente, ameritará  que la Iglesia busque un nuevo giro en su camino doctrinal.

    Claudia Pedreros

    El Ciudadano

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