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    Durante esta jornada se conocieron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés), que midió a cerca de 540 mil estudiantes de 70 países en tres áreas: lectura, matemática y ciencias. En todas, Chile se ubica en la medianía de tabla, aun cuando la aplicación de mediciones de esta naturaleza genera discrepancias entre los especialistas.

    Primero, una revisión a los resultados para el país. En lectura, Chile logró 459 puntos, ubicándose en el lugar 42, mientras que el promedio de la OCDE fue de 493 puntos y el líder –Singapur– obtuvo 535 puntos.

    En matemática, Chile se situó en la posición 48, con 423 puntos y la media de la organización fue de 490. Singapur también lideró la prueba, alcanzando 564 puntos.

    En cuanto a ciencias, Chile obtuvo 447 puntos (lugar 44) y el promedio OCDE fue de 493 puntos. Singapur también obtuvo el mejor desempeño, totalizando 556 puntos

    En el contexto latinoamericano, Chile ocupa la segunda posición en las tres pruebas, detrás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina no fue considerada porque la OCDE consideró insuficiente la muestra tomada).

    CRÍTICAS A LA ESTANDARIZACIÓN

    La Red Social para la Educación Pública en las Américas (Red SEPA) y la Coalición Trinacional en Defensa de la Educación Pública (México, Estados Unidos, Canadá) elaboraron un “Manifiesto contra PISA y la lógica estandarizadora de la educación en el mundo”, en el cual exponen su “rechazo a la prueba, a sus versiones nacionales, y a la lógica homogeneizadora de los sistemas educacionales que se impone”.

    En el documento exhiben observaciones con distinto carácter respecto de la medición. La primera, con un carácter político-educativo, señala que los ministerios de educación tienen un limitado control sobre esta evaluación, escenario que reforzaría la tendencia a la estandarización de procesos y mediciones y la entrada de empresas privadas en la conducción de los proyectos educativos de las escuelas.

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    Otra anomalía detectada por los firmantes de la carta concierne a que la PISA promueve rankings de países en virtud de los resultados, ejercicio que busca neutralizar las diferencias culturales, cosmovisiones y características lingüísticas propias de cada contexto nacional.

    En al ámbito social y psicológico, el manifiesto argumenta que “la presión por obtener buenos puntajes recae finalmente en las comunidades de maestros y estudiantes, instalando un régimen de alto estrés que está destruyendo el clima escolar y estabilidad emocional de nuestras escuelas”.

    Por supuesto, el documento plantea una inquietud desde un enfoque pedagógico. A juicio de los suscriptores, el régimen de pruebas estandarizadas implica un “estrechamiento curricular”, que ha significado una reducción del tiempo dedicado a asignaturas como artes, música, filosofía e historia”.

    “ESTA NO ES UNA PRUEBA QUE PUEDA DECIR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN”

    En conversación con El Ciudadano, Rodrigo Cornejo, investigador del Observatorio Chileno de Políticas Educativas (OPECH), pone el acento en que la prueba PISA es desarrollada por un organismo económico y no educativo. Además, explica que, si bien se pueden extraer ciertas conclusiones a partir de la aplicación del testeo, éstas tendrían un carácter general e inferior a los incentivos negativos producidos a partir de sus resultados.

    “Las pruebas estandarizadas de desempeño, homogéneas para toda la población, entregan una información muy general, pero esta no es una prueba que pueda decir la calidad de la educación”, comenta.

    Rodrigo Cornejo.

    Rodrigo Cornejo.

    En esta línea, Cornejo aborda el diagnóstico realizado por el manifiesto, documento al cual adhiere, y profundiza en torno al “estrechamiento curricular”. “Todo educador sabe que si quiero subir rendimiento en lenguaje, matemática y ciencias, no es el mejor camino hacer 20 horas de cada materia, porque como somos mentes complejas y tenemos inteligencias múltiples, muchas veces uno, vía fomento de la educación física y de las artes, llega a tener buen puntaje”.

    Para ilustrar esta situación, Cornejo apela a la lógica curricular de los colegios privados de élite en Chile. “Cuando uno va a estos colegios, se da cuenta que tienen muchas horas de arte, muchas horas de educación física, deportes y gimnasios extraordinarios. Entonces, lo que se quiere imponer es una tendencia homogeneizadora, de estrechar el currículum, pero que se aplica a los jóvenes pobres“, señala.

    El investigador aporta otra crítica a la homogeneización, pero desde el punto de vista de la finalidad de la educación. A su juicio, “va contra la esencia de la educación, que básicamente se trata de aprender a desarrollarnos como personas, como seres humanos, conocedores del mundo, con proyecto social”.

    MÁS CONSECUENCIAS NEGATIVAS

    En 2014, más de ochenta investigadores y especialistas en educación de Estados Unidos y Europa enviaron una carta a Andreas Schleicher, director de Educación encargado de la OCDE, en la cual manifestaban su preocupación por las consecuencias negativas generadas por los rankings de la prueba PISA.

    Según afirman los expertos, el ciclo trianual de la evaluación está generando un viraje en la atención hacia soluciones de corto plazo, sin considerar que los cambios duraderos en las prácticas educativas implican un período más extenso, sobre todo si se quieren apreciar sus resultados.

    Además de enfatizar en el estrés crecientes para la comunidad educativa, la misiva también plantea que la medición ignora otros objetivos educativos, “menos susceptibles de ser medidos o imposibles de ser medidos, tales como el desarrollo físico, moral, cívico y artístico, reduciendo de este modo peligrosamente nuestra imaginación colectiva en torno a lo que es o debería ser la educación”.

    Hecho el diagnóstico, los suscriptores de la carta también elaboraron una serie de propuestas, entre las que figuran: el desarrollo de alternativas a las tablas de rankings, abrir un espacio a la participación de un amplio espectro de actores, incluir a organizaciones nacionales e internacionales en la formulación de métodos y estándares de evaluación cuya misión va más allá de los aspectos económicos de la educación pública; y publicar los costos directos e indirectos de administrar PISA, de modo que quienes pagan impuestos en los países miembros puedan visualizar alternativas de uso de los millones de dólares que se gastan en estas pruebas y puedan determinar si desean continuar participando en ellas.

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