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    Ronaldo Muñoz es un teólogo de reconocida trayectoria, especialmente en el ámbito latinoamericano. Paralelamente, en su condición de sacerdote católico, estuvo durante 8 años viviendo, ejerciendo su ministerio y trabajando por la dignificación de los más pobres y excluidos en la comuna de Río Bueno.


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    Hace ya poco más de un año su congregación le solicitó trasladarse a Santiago, a la comuna de Lo Espejo donde hoy se encuentra conociendo y enfrentando una realidad que califica de “vergüenza nacional”, por los espantosos niveles de pobreza y desigualdad social que la determinan. Su principal preocupación son los jóvenes, a quienes considera “los más dañados por este sistema”.
    El Ciudadano tuvo la oportunidad de dialogar con él recientemente para conocer su visión de los problemas que hoy aquejan a la juventud, que -a escala- se repiten en todos los rincones de nuestra sociedad.

    -Ser joven hoy día es muy difícil. Se está sometido a infinidad de estímulos violentos a través de los medios, la publicidad, la propia convivencia social. Los jóvenes en su mayoría hoy están en una situación de abandono.
    Cuando se habla de crisis valórica, se piensa sobretodo en temas relacionados con la sexualidad, con la pareja. Es un aspecto que también debemos cuidar, pero la crisis valórica tiene otras dimensiones igualmente graves: hoy día la persona se plantea cómo enriquecerse, cómo ser más competitiva frente a sus semejantes y cómo alcanzar más prestigio, incluso a costa de encalillarse hasta el tuétano y vivir angustiado. Bueno, las principales víctimas son los jóvenes en este sistema, con tantos éxitos en cifras globales, en la producción del país, producto per cápita, etc. Somos un país triunfante, “glorioso”. En otro tiempo se hablaba de las glorias navales, las glorias del ejército, hoy son las glorias de los empresarios, las glorias de los políticos amigos de los empresarios, muchas veces empresarios ellos mismos. ¡Y nos salvamos por un pelo de tener como presidente a uno de los empresarios más poderosos del país! … Él puede ser un buen hombre, pero no se trata sólo de ser buena persona, se trata de tener una visión de país que integre a todos los sectores, no se trata sólo de ser un “humanista cristiano”. Porque qué más “cristiano” que nuestro dictador, que comulgaba por la “tele” todos los domingos ¿no?
    Pero se trata de ser parte de un pueblo sufrido, como es la mayoría de nuestro pueblo. De una juventud muy torturada, de unos abuelitos abandonados, cuyas condiciones son una vergüenza nacional. Nos sentimos un gran país, pero cualquier extranjero que viene aquí se va asqueado de las desigualdades escandalosas, del abandono que sufre la parte más importante de la población que son los niños y jóvenes de los sectores medios para abajo, que son la mayoría, el futuro del país.

    -¿Cómo ve usted el creciente problema de la delincuencia juvenil?
    -En los planes de los políticos, en las preocupaciones de los empresarios, en el clamor de todos los que tienen micrófono y pantalla en este país, uno de los grandes problemas es el aumento de la delincuencia. Pero nadie relaciona en forma no sólo teórica, sino en la orientación de las políticas y de las prioridades, el problema de la inseguridad ciudadana con el problema de una juventud cada vez más abandonada, más acosada por una cultura consumista, individualista, violenta, erótica desatada. Rasgan vestiduras por la familia amenazada los mismos que lucran con la destrucción de la familia, por la vía de la economía, con sueldos de hambre, con condiciones de trabajo cada vez más precarias, agobiantes, incluso terroristas. Porque no es el terror de que te van a venir a sacar de la cama para hacerte desaparecer. Es el terror de que vas a perder la pega y te van a venir a sacar las cosas de la casa, porque no puedes pagar las letras, que tus niños no van a tener cómo estudiar, tu mujer va a tener que sacarse la mugre para parar la olla.
    Todo este sistema está pensado unilateralmente para que los negocios de los de arriba anden bien, que se produzca más. Y eso a cualquier costo para la gente. No sólo es un país donde la desigualdad es escandalosa, también hay que considerar el altísimo costo social que está pagando gran parte de la población del país para que estos señores se enriquezcan. Y todavía pasen por buenos y benefactores porque contribuyen al Hogar de Cristo, o porque le regalan para Navidad un aguinaldo a sus trabajadores. ¡Si eso no sana las heridas! Y las principales víctimas son los niños abandonados, los jóvenes frustrados, maleados, acosados por una cultura corruptora. Claro, los que lucran con esto muchas veces son buenos cristianos, se creen gente sana y a lo mejor porque no son drogadictos, porque no salen a la calle a robar. Pero ellos lucran en forma escandalosa del trabajo o de la cesantía de todo un pueblo y de la corrupción de toda una juventud.
    Ya lo decía el padre Hurtado: esta sociedad corrompe a los jóvenes y cuando cometen actos de corrupción, porque roban, violan o asaltan, entonces para ellos hay represión. Quedan guardados y ya no son más problema para nosotros, los supuestamente justos y sanos.

    -¿Le parece que estos problemas están siendo adecuadamente abordados por los medios de comunicación y por la sociedad en su conjunto?
    -Son un millón de niños y jóvenes, que están en una situación no sólo de marginalidad, sino de daño severo. No están en “riesgo social”. ¿Riesgo de qué? De morirse, no más. Y efectivamente, en poblaciones de Santiago están acercándose a las comunidades evangélicas o católicas los neopreneros de quince años atrás que ahora se están muriendo. Eso lo ven sólo unos pocos vecinos. Casi nadie lo ve y no es un problema nacional. Y es por lo menos tan grave como la muerte de los chicos en Antuco. Es una cosa horrenda. Y los responsables de la sociedad son responsables de esto, también. Nunca se impuso ningún límite legal para la venta de neoprén. En cualquier ferretería cualquier niño podía ir a comprarlo. Es el único país donde ocurre eso. Claro, porque existe libertad para los comerciantes, libertad para las inversiones. Libertad para enriquecerse a cualquier costo de nosotros. Y no son sólo cisnes de cuello negro los que están muriendo, son nuestros niños.

    -A su juicio, ¿de qué forma habría que enfrentar esta grave situación?
    Hay mucha gente anónima para los medios, para la llamada “opinión pública”, que es la opinión que difunden los dueños de los medios. Hay mucha gente de poblaciones, de organizaciones, de comunidades de base, que está haciendo cosas. Pero no se puede solucionar este problema sin apoyo de la sociedad, de los pudientes. Y del Estado.
    Se necesita una política para esto. Hay políticas para la educación diferencial desde hace muchos años y es para felicitar a quienes las han desarrollado y a los que entregan sacrificio y cariño a estos niños con carencias físicas o mentales. Ese es un grupo de niños que merece toda esa atención, por cierto. Pero todo este otro inmenso grupo de niños y jóvenes parece no merecer una atención similar. Porque aparentemente sería muy caro.
    Pero veámoslo así: para que la policía y el aparato judicial pudieran detener, procesar y encarcelar a todos los chicos que cometen delitos, necesitaríamos un sistema con diez veces más recursos que los que hoy se destinan. Y el país no aguanta eso. En ese sentido, es mucho más económico atender al desarrollo humano sano de estos chicos que van derecho para allá, si no se les ofrece otra alternativa. Y no se les puede tirar este problema a las iglesias. Nosotros nos sacamos la mugre, hacemos todo lo posible, pero no podemos resolver el problema de todos los chicos dañados. Además, la sociedad no tiene derecho a desentenderse, especialmente los que están lucrando de esa situación. Claro, ¡ellos sacan las ganancias y la iglesia paga los costos!.
    Y hay tareas que ya no pueden esperar: hay mucha gente trabajando con los chicos socialmente dañados, hay muchos padres que están muy comprometidos con ellos, pero estamos todos sobrepasados: comunidad, padres y profesores, ¡todos! No se sabe qué hacer. Porque la fuerza de la calle, de la tele es abrumadora. Los chicos van a la escuela a encontrarse entre ellos, a pasar el rato. Pero no captan casi nada. Y pareciera que al sistema no le importara que capten o no, salvo alguna que otra información de carácter técnico, con fines laborales.

    -¿Cuál sería su pronóstico respecto a la evolución que esta situación pueda tener?
    -Yo no me atrevo a hacer pronósticos. Porque esto va a depender de si hay alguna reacción. Yo no quiero ni puedo pensar que no se va a reaccionar. ¡No podemos ser tan “cagados” como país! Hay muchos altos funcionarios y también del nivel medio, conscientes de toda esta grave situación, pero el marco legal no les permite desarrollar e implementar una política proporcional a las dimensiones y hondura del problema.
    Hay muchas esperanzas de que con las nuevas autoridades estos problemas se enfrenten de una manera más comprometida y decidida. Es algo que aún está por verse…
    Por último, por mucho que los ricos se encierren, se separen, se protejan: ¡estamos todos navegando en el mismo barco! Los de primera clase, los de segunda y los de tercera. Es como el Titanic. Si se hunde, igual nos ahogamos todos.

    Nelson Rodríguez

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