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    Cuales flautistas de Hamelin, los músicos de Banda Conmoción inician su recorrido de despedida hacia, el muchas veces improvisado, camarín del lugar donde están tocando y los asistentes los siguen, van como hipnotizados por el ritmo, por la alegría y fiesta entregada, van a dejarlos, van a despedirlos, no los quieren abandonar, quieren asegurarse que después de la última nota no haya nada más, que no se pierdan de nada, quieren saber que todo terminó, y con resignación ven como ellos van entrando en ese espacio semi-privado donde ya las notas descansan y los interpretes también. Eso ocurre siempre. Puede ser en el Estadio Víctor Jara, para la última celebración del cumpleaño del creador, actividad que cerraron y donde remataron su actuación en la calle, puede ser en la Chaya de cada mes de mayo, donde como ocurrió este año recorrieron el patio de Michoacán antes de despedirse y dar paso a Manka Saya, o como en el Colegio Altamira, donde aquellos conocedores los esperaron hasta tarde y disfrutaron de su pasión por la festividad, y los van a dejar a ese punto donde se da el único límite que los hace dejar de tocar, y los despiden, los aclaman y se aseguran que no les pase nada para poder volver a escucharlos. Se apagan las notas y ese estado de transportación, de entrega termina, pero queda latiendo para la próxima vez, para cuando esa mezcla de bronces, percusiones, banda nortina, pasacalle y carnaval eterno vuelva a aparecer. Como apareció por allá a finales de los años noventa, ligados al grupo de teatro Medicantes.

    En una sala de clases. Improvisado espacio para conversar, Cristián “Hueo” Sanhueza, director del grupo, como me dice Pablo cuando vamos caminando a su encuentro, va reconstruyendo el pasado, disfrutando el presente y sintiéndolo con mucha emoción y valía, sin dejar de mirar el futuro cercano.

    Pero la historia se construye desde esa corta distancia que sirve de origen. Sin ninguna duda y como si fuera ayer, Cristián tiene claro que todo se remonta al año 1997, al trabajo junto o siendo parte del grupo Mendicantes. Allí dice se genera todo y tiene que ver con que los fundamentos para la música de teatro. En esos años “es que visualicé el formato instrumental más antiguo, tomando a las bandas de bronce, una por mi relación con el norte, porque soy de Iquique, y me formé con los tambos y las fiestas del interior sonando. Uno siempre, al final, va sacando su historia, dentro del trabajo que va haciendo, digamos de manera muy conciente, pero también muy inconciente. Pero también porque el teatro requería una sonoridad fuerte para la calle, y mi opción era más esa, que un generador, guitarra, más rock, más punky; el lado más tradicional o como explorar distintas sonoridades igual de rockeras pero dentro del formato más ancestral, más tradicional. Eso como por un lado. Pero siempre teniendo presente que la música para el teatro Mendicantes siempre fue trompeta, trombones, flautas, percusiones y elementos cotidianos, siempre fue eso”.

    Y aunque el debut como Conmoción haya sido muy distinto, lo fuerte, lo que se había venido construyendo estaba y tenía que aflorar. Así lo explica: “Fue en el año 2001 que decidimos establecer un proyecto paralelo a Mendicantes, un proyecto musical autónomo, potenciando la cumbia, la festividad, no tanto en indagar la festividad, sino para provocar la fiesta, la festividad, y que mejor que una banda y que te haga bailar… y específicamente nació para una Chaya que nosotros armamos, la que hacemos todos los años, que es en mayo, y en ese año invitamos a varios grupos y dijimos, ‘puta nosotros no vamos a presentar nada’”.

    – ¿Y el 2001 ya eran los que son ahora, más o menos?

    – Mucho menos, y era otro tipo de repertorio, un formato más simple, más percusionistas que bronces. Y esa vez se decidió que íbamos a presentar algo, pero paradójicamente lo que presentamos en la Chaya del 2001 fue sobre escenario, pero con guitarra, bajo, batería, como lo opuesto a lo otro, pero esa fue la primera vez que nos presentamos como Banda Conmoción. Pero siempre he entendido que eso fue como una muestra pública de la banda, como una decisión. Pero antes a eso en el montaje de “Por la caparrazón o la fuerza” de Mendicantes, nosotros éramos muchos bronces y previo al inicio de la obra de teatro hacíamos todo un pasacalle, donde metíamos cumbia, donde metíamos norte y digamos que ese fue el cimiento de la Conmoción. El 2001 fue como un bautizó entre Mendicantes, la Banda y la gente que estuvo en esa fiesta; y que no en la calle, sino que se consagró en el escenario, pero el fundamento de la banda sigue siendo lo ambulante y la instrumentación de bronces. Porque ya en ese entonces tocábamos de manera separada a las obras y también es el momento en que le ponemos Banda Conmoción.

    – El nombre viene de esa idea de buscar esa conmoción, esa fiesta…

    – No, como un grito un poco basado en estos refranes de las bandas del norte, que son, por ejemplo, Espectaculares Amautas o Sonido Magnético. Como un nombre bien llamativo, pero que a la vez tuviera presencia, y Conmoción fue lo que salió…

    – ¿Y ya existía esa segunda idea fuerza, que es lo de Sonido Esencial?

    – Eso salió mucho después. Por la necesidad de ponerle más caché, más color… pero de manera muy natural., tal como ocurrió con el grupo, con el nacimiento de esta veta de hacer música para teatro y que ligado al trabajo de Mendicantes tenía que ver con la música de la festividad, algo que sigue hasta ahora… Mendicantes sigue en esa y nosotros también. Entonces digamos que es una sola veta, una misma veta no más, sólo que era super necesario hacer un proyecto paralelo para que se pudiera desarrollar la banda, porque habían músicos y en algún momento hubo más músicos que actores, y no había proyecto teatral. Entonces en ese momento, nos dijimos, no perdamos más tiempo, hagamos una banda, los que quieran aprender a tocar instrumentos vamos enseñándonos entre nosotros, poder generar recursos, nos sustentamos y la pasamos bien.

    Pero no todos eran músicos, y ahí la Banda empieza construirse en lo que son, y en el crecimiento colectivo que ellos mismos se han encargado de gestionar. Así lo explica Cristián quien nos aclara que si bien “no todos vienen desde la música, pero digamos que la tienen muy adentro… ya sea por sus familias, por cantores que los han marcado, además hay muchos profesores, mucha gente del Pedagógico que conformó, en ese tiempo, la banda de Mendicantes, pero se sumaron a la Conmoción posteriormente gran parte de músicos del Pedagógico también, y que son en parte uno de los pilares de la Banda”.

    – ¿Cómo se empieza a conformar la Banda Conmoción que conocemos hoy? ¿Cómo van llegando los otros integrantes, por afinidad, por amistad u otras formas?

    – Fue un tránsito natural, actores tomaron instrumentos y los aprendieron, lo mismo con bailarines y bailarinas… Allí aparece una idea que tiene que ver con que lo interdisciplinario de las artes aquí se da a nivel de vida, no a nivel de espectáculo. Sucede igual, pero que un compañero aprenda a tocar instrumento pasa a ser otra cosa, no sólo parte de un espectáculo artístico, sino que pasa a ser parte de la vida, como una necesidad… y en ese proceso es cuando también se han ido sumando de manera muy diversa, pero con un silencio muy pausado. Hay gente que estuvo un año, año y medio esperando y de repente se daba la posibilidad y resultaba, en cambio hay otros que han entrado al tiro, pero digamos que han sido con contactos cercanos, pero que deben mantener el formato, dentro de la instrumentación que la banda tiene. En cambio hay otras personas que han deseado siempre estar en la banda y que miran de afuera hace mucho tiempo, y un día le planteamos que lo necesitamos y quedan así como para adentro. Jorge (Ganem) por ejemplo, el percusionista, maravilloso él. Germán (Thodes) también, que es otro actor, que toca trombón, el Pepe (Barría) que toca saxo, músico increíble, Carlitos Flowers, Leo (Fecci), son músicos impresionantes. Es como en una vuelta de la vida, no hacemos casting, ni ninguna cosa parecida, como que entendemos el proceso de las personas… algunas han entrado y se han ido, porque no sólo se trata de lo musical, sino de personas…

    AUTOGESTIÓN

    En la Banda Conmoción prima la idea de trabajar como colectivo y han vivenciado algo que ha pasado mucho en la historia de la música, de gente que no era músico y que por una forma de vida, por que habían ideas detrás se empiezan a involucrar en un trabajo que no es solamente entregar un espectáculo sobre un escenario, sino que tiene que ver con una forma de vida, una forma de pensar, conceptos que están ligados a la Banda. Y así lo ratifica “Hueo”, ya que Conmoción, “es todo un movimiento y no porque queramos crear un movimiento, sino porque dentro del colectivo se han gestado muchas relaciones, de familia. Yo entiendo claramente quienes son mi familia, mis padres, mis hermanos y todo, mis amigos son mis amigos, pero la banda tiene un lazo muy fuerte… han nacido hijos, se han armado matrimonios, se han disuelto, han muerto parientes y mucho más, y la banda ha estado presente en cada uno de esas instancias. Entonces los lazos son muy fuertes y al límite de la vida…” Y pese a que algunos siguen vinculados a otros proyectos, la banda ha construido su mundo y su forma de trabajar. “En Conmoción hay cinco personas que pertenecen a Mendicantes, y Mendicantes es otro gran movimiento, hay otros que pertenecen a los Jolygud Brothers y que si bien se desligaron, está Pablo (Villablanca) que sigue ligado y ellos son otro movimiento. Está Santo Remedio que es una compañía de danza que también comparte gente con nosotros, entonces hay un entendimiento del hecho artístico, de la gestión cultural muy fuerte, porque aprendimos a hacer fiestas, aprendimos a autogestionarnos, aprendimos a mostrar ejemplos de calidad autogestionándonos y eso se ve reflejado”, dice Sanhueza.

    – Uno percibe claramente, al verlos trabajar, preparar sus presentaciones que nos son un grupo de músicos que se juntaron antes de tocar y definieron un programa de canciones, y ya.

    – Claro, eso es. Es que creemos que somos una banda, no somos una orquesta, no desmereciendo… una banda de rock, de punk o de lo que sea, se le llama banda porque cuando se juntan tienen un fiato o un feeling que van más allá si se separan o si vuelven a tocar juntos. Acá somos 19 músicos, más dos técnicos que estamos en eso, funcionando como banda, con ese sentimiento de banda…

    – ¿Pensaban que todo esto se podía concretar?

    – Sinceramente para mí era como un gran sueño poder tener y concretar una banda de bronces, siempre con el referente del norte, y es como super satisfactorio, placentero y da una alegría tremenda ver que al final las cosas se logran silenciosamente, sin pretensión. Ninguno pretendía, y no creo que ahora crea que estamos logrando la gran hueva, me entendí… Sabemos que estamos haciendo una música que a la gente le gusta, pero queremos ser fieles a eso, no a los resultados. Estamos siendo fieles a esa mezcla norte-gitana-urbana que se da en la banda, que tiene de acá y de allá, y donde confluyen muchos temas, muchas ideas… pero queremos seguir respondiendo a esa dinámica interna…

    Conmoción tiene una forma de hacer, que tiene como un entregarse a vivir un proceso propio y no lo otros quieren que el colectivo haga. Y así lo reafirma Cristián, al decir que “queremos gestar nuestras propias cosas, por eso te digo que al final es muy importante la gestión, la autogestión, porque podemos nosotros generar nuestras cosas… la banda hasta ahora no tiene la aprobación de ningún otro fondo adicional, nuestro disco es independiente…” Y eso no es fácil, ya que “cuesta mantener una banda, donde todos tienen sus otras cosas, están sus otros trabajos, todos tienen que mantener arriendos, tienen que mantener a los hijos, tienen que costearse su comida y sus cosas diarias, es complicado, muy complicado… pero acá hay una cosa mayor, hay un fin mayor y eso es la banda…”.

    ÓPTICA MUSICAL LOCAL-GLOBAL

    En lo musical la banda ha ido construyendo un proceso en el que no están solos, en el que las miradas que Conmoción hace se nutre en otros que han ido haciendo los mismo, pero ellos han aportado su particularidad, que se liga al norte, pero que tiene otras influencias mencionadas y que además suma las experiencias que todos sus integrantes traen. “Esto ha sido super espontáneo -dice Hueo-. La otra vez conversaba con un amigo sobre como el comercio siempre ha sido un aspecto fundamental en la sociedad. Si uno ve cómo han sido las interrelaciones culturales en la antigüedad y estas se han nutrido gracias al comercio y a los movimientos de los pueblos… cuando se hacía intercambio de mercancías y luego ellos volvían a sus lugares de origen, había música y otros aspectos que un determinado grupo de gente llevaba para un lugar y luego volvía, y quedaban esas melodías sonando, eran reinterpretadas por los pueblos… entonces ese movimiento del comercio o de las búsqueda de lugares para cultivar cosas, provocó y provoca todavía una migración de sonidos. Hoy a través de la web o escuchando en Internet un tema que te gusta, lo pinchas y de manera bastante espontánea, sin tanto análisis uno dice sonaría mortal con la banda. Esas asociaciones que no requieren mucho análisis, son parte de lo que hemos hecho”.

    Claro que con los pies en América Latina, según lo explica: “Hay temas que son como clásicos, que no se pueden no tocar, pero otros han sido naturales, pero entendiendo el mundo como un lugar en movimiento, y no fijándonos en todas las posibilidades del mundo, sino que de donde estamos parados. No sacamos nada con hacer una cosa de allá, sin darnos cuenta que nosotros estamos acá. Los temas gitanos fueron como una cosa impulsiva, de ese ‘tuntatutuntata’, de ese ‘punketeo’ que se logra, como en los tinkus y entendemos que jamás vamos a tocar como lo locos de allá y entendemos que los locos de allá jamás van a tocar una cumbia con el swing de las bandas de acá, pero eso no nos quita jugar, improvisar, armar, huevear”.

    – ¿No hay purismo?

    – Hay un purismo, pero es relativo. Es como el purismo que nosotros queremos construir, ya que al final reinterpretamos, pero en el espíritu festivo. Cuando nosotros vemos punkies bailando con un tinku, en la misma volá como si estuvieran tocando los Fiskales u otras bandas punk, para nosotros eso es mortal. Ver como lo locos con sus pantalones apretados, sus pelos parados y vacilan con una cumbia nortina, un san juanito o un tinku de la Banda Conmoción, y sentir que se reconocen en esos ritmos nortinos. Entonces ahí hay un aporte en decirle ‘loco, el punk nació no se dónde chucha, pero aquí hay ritmos similares que se dan hace rato’ y son de fiestas de otros lugares. Así cachan que Latinoamérica tiene mucho. Pero no somos puristas en ese sentido, pero si entendemos que pastelero a tus pasteles. Hay formatos y ritmos que pasan por nuestra sangre, que son mucho más verdaderos, pero eso no quita la posibilidad de jugar, de vacilar…

    – ¿La vinculación de la Banda con el norte es sólo tuya?

    – Digamos que se ha ido extendiendo. Yo bailo en el norte hace doce años y por las mismas relaciones humanas y las relaciones de trabajo de Mendicantes, mucha gente del grupo de teatro y del colectivo de Conmoción, empezó a viajar al norte, fueron a Bolivia, pasaron a La Tirana, pasaron a las fiestas nortinas del interior y ahora ellos mismos están bailando allá. Ha sido una influencia importante, como que se ha dado a nivel de vida y que después se traspasa al oficio.

    EL HOY Y EL MAÑANA

    Más allá de su trabajo colectivo y de los ritmos propios que la banda ha ido entregando, también ha ido construyendo muchas expectativas en la gente. Cabe preguntarles cómo lo manejan o cómo ven eso. Algo que tiene que ver con cada presentación, de las muchas que hacen y con el disco que viene en camino. Y la respuesta va por el mismo derrotero que ellos han construido: “La expectativa del público es una muy buena exigencia o muy buena meta. Como en este caso el disco, que ya tiene mucho rato y que debió haber salido antes. Nosotros nos subimos al escenario el 2005, y desde el 2001 veníamos tocando en calles, ferias, funerales, matrimonios, bautizos, de todo, y de ahí a la fecha, ahora, recién ahora vamos a sacar ese disco que tiene los temas que nosotros compusimos para el 2005, más algunos que son más recientes. Por eso se ha vuelto una necesidad de la banda quemar esos cartuchos, o sea, sacar ya el disco…”, explica Cristián. Pero la exigencias del público no sólo van por ese lado, sino que “es un desafío, como un contrapunto, pero tampoco nos vamos a basar en eso… la gente puede querer estar tres horas vacilando, pero nosotros tenemos que descansar o nos pueden pedir que toquemos cosas que no van con nosotros, hay muchas que pasan por el público y al final hay algunas que son comunes a todos ellos, como el disco o como determinados lugares donde la gente quieren que toquemos o que estemos. Y estas últimas cosas son las que no sirven para hacer o preguntarnos cosas: ‘por qué no hemos hecho esto o por qué no estamos ahí tocando’, y eso tiene que ver con la producción que estamos encarando ahora…”.

    – Por ejemplo, que lugares son esos donde la gente los quiere ver.

    – En lo que fue el año pasado el día nacional de la música en la Quinta Normal y que fue espectacular, o taloneando a bandas extranjeras, que han sido una posibilidad. Entonces van pasando cosas y expectativas que te van anticipando lo que puede venir, y te hacen estar pensando las cosas antes que ocurran, y lograr así más sorpresa…

    – Otra cosa que la gente les pide es tocar lo más seguido que puedan. Basta ver el blog para ver a diario pedidos de actuaciones. ¿Es algo que ven como un proceso de enriquecimiento para la banda?

    – Tocar es lo mejor que le puede pasar a una banda, ya se a para un beneficio, con contrato, lo que sea, pero tocar, tocar y tocar… porque eso va armando la solidez de la banda, nos va afiatando, y a nosotros como que no aprieta bien eso, ya que en los ensayos cuesta que estén todos. Son dos días y se dividen esos dos días, no estamos siempre todos, entonces eso también es fregado… pero en las tocatas estamos todos, tratamos que en los ensayos se solucione todo, pero siempre hay que revisar las cosas dos veces, pero para una banda estar tocando es clave. Además es muy bueno lo que está pasando ahora en la escena de la cumbia por ejemplo, donde Chico Trujillo es un gran impulsor y son personas que le han dado apoyo a muchas bandas como a nosotros, y que van facilitando escenarios, y nosotros hemos tratado de ir repitiendo esa idea. Esa es la mano, ir facilitando y poniendo en escena a gente que están haciendo cosas nuevas, cabros que están saliendo ahora, armándose de espacios también…

    – ¿Y están esos lugares para tocar?

    – Si hay varios, por ejemplo el Galpón Víctor Jara que es clave. Es como lo fueron el Garage de Matucana y el Trolley en los 80. Son como lugares que tienen que ver con sus momentos, son los espacios que tienen que ver con las celebraciones que responden a las necesidades de la época. Hoy día las cosas son distintas y también están esos lugares que van respondiendo a esa necesidad. Eso es la raja y el Galpón ha sido una de las plataformas de muchas bandas. Hasta la muerte con el Galpón, pese a lo que piensen otros… y además que está en un lugar de Santiago que es parte de nuestro patrimonio cultural…

    La conversación podría seguir un rato más. Es como ocurre con sus actuaciones, pero la tarde ya es noche y los sones de los preparativos en la sala contigua se hacen más fuertes, y eso hora de salir tocando, de cruzar el umbral de la puerta y hacer que aquellos que los habían ido a esperar los sigan hasta el lugar de actuar, y que los niños de la Conchalí Big Band que los precedieron se unan con sus instrumentos y la comparsa musical hipnotice y se haga un todo en este sonido esencial y referencial.

    Por  Jordi Berenguer
    Fotos: Camilo Carrasco

    www.bandaconmocion.cl

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