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    Traspasar los asentados terrenos de una filosofía fundamentada en el racionalismo moderno y la lógica formal, para buscar sin miedo otras formas de estructurar e incluso desestructurar el pensamiento del hombre y la manera de entender su devenir en la vida y el mundo, es en el fondo la propuesta de Andrea Bárcena, filósofa y psicóloga de la UNAM (México), cuando pone como un libro abierto sobre la mesa el trabajo de la filósofa y ensayista española María Zambrano (1904-1991).

    Un trabajo que reta a la razón, tal vez no para destronarla de su cúspide, pero sí para remover su pedestal dándole un oxigenado espacio a otros componentes esenciales que el ser humano tiene arraigado en su interior, y que son tan importantes y necesarios para darle dirección y sentido al hombre y su existencia.

    El método y la teoría que la filósofa española (Premio Príncipe de Asturias 1981 y Premio Cervantes 1988 de Literatura) denominó “Razón Poética”, es el foco de análisis que Andrea Bárcena nos plantea en la siguiente entrevista y en la ponencia que este miércoles ofrecerá como un coloquio Paseo por la Complejidad que realiza el Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad, IFICC, titulada ¿”El corazón tiene razones que la razón ignora”, como afirmaba Blas Pascal en el siglo VII?

    – Desde su visión y experiencia como filósofa y psicóloga, ¿qué la llevó a escoger a la Razón Poética, en lugar de otros enfoques, como tema de investigación?

    Quedé fuertemente impresionada desde mi adolescencia por la célebre sentencia de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Fue como una luz de claridad y belleza que siempre me acompañó en el cofre de mis tesoros. Ninguno de mis estudios posteriores me hizo dudar de su validez. Y por eso al abordar muchos años después la filosofía de María Zambrano, quedé felizmente atrapada en ella. Pero la llegada a la obra de Zambrano fue a través de su única obra dramática “La Tumba de Antígona”, en la que le corrige la plana a Sófocles y le da un tiempo a Antígona, dentro de su tumba, antes de morir, para apropiarse de su vida y construir su propio ser. Con esto Zambrano agrega a la famosa tragedia de Sófocles otro paradigma que la enriquece: si la “Antígona” de Sófocles puede considerarse un paradigma ético y “La Tumba de Antígona” de Zambrano nos entrega, además, un paradigma ontológico.

    – María Zambrano se basó en filósofos como Spinoza, Pascal, Nietzsche, Scheler, para su propia construcción filosófica, pero ¿en esa construcción hay una observación que se catalogue desde la condición de género? ¿Cuál puede ser esa evidente o sutil diferencia con la observación masculina? ¿Es acaso porque nivela a la razón y el corazón en un mismo lugar de análisis?

    María Zambrano no tuvo nunca la preocupación por el tema de género ni conflictos con el sexo opuesto. De hecho, a ella le gustaba que la llamaran “filósofo”, como un pleno reconocimiento a la calidad de su pensamiento. Le tocó vivir el machismo propio de su época sin padecerlo. Cuando estudió el bachillerato en Segovia formaba parte de un grupo de 40 alumnos hombres y dos mujeres, ella era una. Desde muy joven tuvo la influencia y el reconocimiento de poetas y filósofos hombres. Nadie se apropió de sus hallazgos como en otros casos de la ciencia y el arte. De hecho, fue ella la que “metabolizó” magistralmente la influencia de pensadores como Unamuno, Machado u Ortega y Gasset. Pero sí posteriormente otras filósofas españolas, como Graciela Maturo, han destacado la complejidad de su pensamiento y han identificado en él la emergencia de un “logos femenino”.

    – Desde tu perspectiva, ¿cuáles son “los exilios” simbólicos que enfrenta el hombre de la segunda década del Siglo XXI? Esta expresión que nace del exilio real que afrontó María Zambrano en su vida

    A pesar de los masivos movimientos migracionales en todo el planeta, el principal exilio que ocurre  al individuo no es geográfico; es el exilio humano hacia adentro del sí mismo –como ya lo veía María—por la pérdida de valores en su entorno. O bien, dicho en forma complementaria, el hombre está perdiendo -no sus suelos patrios- sino su territorio interior y se vacía hacia afuera. Ella que vivió un exilio tan largo y sinuoso, decía “mi patria es mi lengua”: el idioma, la palabra con sus sentidos y significados originales. La Patria está en nuestro lenguaje. María Zambrano vivió, padeció y superó el dolor del exilio al convertirlo en una categoría metafísica que ayuda a entender los procesos de la autoconstrucción de la persona, del sí mismo, de la realización de la esperanza de convertirnos en el ser que hemos soñado a través de la autoconstrucción.

    – En el ámbito latinoamericano, ¿qué vacíos de la vida social podrían ser encausados hacia una solución por medio de la propuesta filosófica de María Zambrano? 

    Zambrano ofrece una filosofía humanista muy abundante para construir nuevos paradigmas éticos, democráticos y educativos. También su filosofía puede ser el gran marco teórico de una filosofía de la cultura, pues por más riquezas materiales que posea el hombre, sin la cultura el hombre se queda con las manos vacías.

    La filosofía zambraniana nos ofrece caminos para una reforma del entendimiento y para la construcción de una racionalidad diferente, a través de su mayor aporte que es la razón-poética; de una racionalidad que no sea instrumental y quite a la tecnología el protagonismo que hoy padecemos.

    Termino con aseveraciones de la pensadora española que son muy significativas para lo ético-social y para la libertad del individuo por la vía de la conciencia. Ella dice…: “Si hubiera que definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona”.

    Respecto al desarrollo del individuo pensante, Zambrano nos ofrece una sentencia que puede ser clave para mejorar nuestros sistemas educativos. Ella afirma que…: “La cultura es el despertar del hombre” y, por otro lado, que “preguntar es la primera manifestación de la conciencia”. Hay que repensar la escuela como el lugar en el que se aprenda a fabricar preguntas más que a contestarlas con respuestas prefabricadas.

    La ponencia ¿“El corazón tiene razones que la razón ignora”, como afirmaba Blas Pascal en el siglo VII?, con la filósofa Andrea Bárcena, en el espacio de los Paseos por la Complejidad del IFICC es abierta al público, tan solo manifestando su deseo de participar en el siguiente mail: [email protected]. La actividad es a las 19:15 horas en la sede IFICC (Los Alerces 3024, Ñuñoa).

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