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    En esta ocasión quisimos hacer un poco de historia y conocer los orígenes del proyecto de la celulosa valdiviana. Nada mejor, entonces, que entrevistar a uno de sus iniciadores desde la Corporación de Fomento de la Producción, mucho antes de la aparición del grupo Angelini, el ingeniero civil Enrique Vial Clark, ex gerente de la CORFO, quien nos recibió en Santiago

    hanne
    -¿Cómo nació el proyecto de la celulosa?
    -Este proyecto no es una idea de última hora. En realidad se venía desarrollando desde los días en que yo estaba en CORFO, es decir hace más de cuarenta años. Valdivia, luego del devastador terremoto del 61, quedó casi desmantelada industrialmente al perder sus principales industrias, fundamentalmente por quiebra económica, amén de su destrucción física. Dejaron de funcionar la cervecería Anwandter, las fábricas de calzado Weiss y Rudloff, etcétera, y gran parte de su agricultura, de lo que nunca tuvo mucha, quedó inundada, convirtiéndose en bofedales que con el tiempo vinieron a alojar a los cisnes de cuello negro.

    -¿Y entonces?
    -Es por ello que, viendo el crecimiento anual del bosque artificial que experimentaba el pino insigne en el lugar, el que era el árbol de la celulosa de esos años, incrementado más adelante con el eucalipto, se pensó como la salvación económica del lugar, la construcción de una planta importante en la localidad. Con los años, en el régimen militar, Copec compró las plantas CORFO de Celulosa Arauco y Constitución y las amplió considerablemente, para luego abordar más adelante el proyecto de celulosa de Valdivia. Ello significó incrementar enormemente la magnitud del bosque artificial local, habiéndose hoy llegado a inmensas cantidades de hectáreas de plantaciones. Es un esfuerzo enorme, que sólo la energía empresarial puede realizar.

    -O sea, que es un proyecto muy antiguo.
    -Efectivamente, se trata de una iniciativa que venía muy de atrás y que fue recogida con gran espíritu por empresarios que han dejado su vida por lograr la materialización de este proyecto. Es por demás, un proyecto de primera línea, de punta tecnológica, que nada tiene que envidiar a los mejores proyectos europeos, donde la ecología sí que es un factor de primera importancia. Y es así como un proyecto de punta mundial, se venía desarrollando para colocar a Valdivia como un eje forestal del desarrollo.

    -¿Trae asociado algo más un proyecto como este?
    -Es preciso entender que un proyecto de celulosa de esta magnitud termina ampliándose en los más diversos rubros madereros, de equipos y maquinarias, de escuelas universitarias, de centros de investigación. Yo no podría estar en contra de los proyectos y principios ecológicos, ellos son indispensables en el mundo de hoy, con una humanidad esencialmente depredadora, pero el hombre también debe tener lugar en el planteamiento ecológico y por ello debe convenirse la mejor posibilidad para dar cabida a ambos, especialmente dadas las tecnologías usadas en la planta y sus proyecciones económicas adláteres. Además, no hay ningún país desarrollado que esté eliminando sus plantas de celulosa para proteger su ecología como se querría hacer localmente. No nos volvamos “locos de punta”.

    -¿Y cuándo se vinculó usted con el proyecto?
    -Hace años, poco antes de que pensáramos en CORFO en este proyecto valdiviano y siendo su Gerente General, estuve en Brisbane, Australia, y visité las dos industrias de las que en ese entonces vivía esa ciudad. Era una urbe con todas las comodidades imaginables, como las que por naturaleza tienen los pueblos sajones y pude constatar en el lugar todas las actividades asociadas que pueden tener un par de empresas líderes ubicadas en una misma localidad. Eso es lo que esta planta significaría para Valdivia.

    -Y, porqué cree usted que es resistida en Valdivia esta fábrica?
    -En verdad, yo no entiendo a una gran parte de los valdivianos, pues lo único que parecen desear es matar esta iniciativa con la irresponsabilidad más supina que conozco. ¡Cómo es posible que en cambio no se pongan de acuerdo con ese grupo empresarial propietario de Celco para convertir esta gran iniciativa en un proyecto conjunto, que siga todas las reglas de una empresa como esa! Dadas las enormes inversiones en que está comprometida, cualquiera necesidad en ese sentido es solventable, especialmente si las proposiciones son justas y aplicables. Celco tiene patrimonio demás para soportarlas. Este proyecto se propone ser una Finlandia de la región, enriquecer poderosamente su débil economía actual, explotar racionalmente ese bosque enorme artificial que el proyecto mencionado venía desarrollando desde hacía unos cuarenta años, para convertir a su región en un hito de desarrollo. Nadie puede estar hoy en contra de la ecología, pues tenemos un mundo cerrado que debemos cuidar, pero no en la forma en que los ecologistas duros y de mente estrecha lo pretenden.

    -¿Y qué opina de estos inversionistas? -En Chile se ha confundido siempre al empresario con el inversionista. El primero tiene como propósito fundamental participar en el desarrollo de una finalidad positiva y junto a ello, pero en “segundo lugar”, ganar dinero. El inversionista, en cambio, lo que le preocupa es la utilidad. De ese modo está más interesado en el valor de la acción que en la empresa en que está invirtiendo, y si esta se debilita, con igual frialdad trasladará su patrimonio a otra más rentable y segura. Un empresario en cambio sueña con ver su obra funcionando y produciendo. Reconozco que en la primera etapa al gerente de Angellini, le preocupó más la economía del proyecto que la magnitud de su acción local, lo que les torció el rumbo. La bullanga que se armó tuvo afortunadamente un buen resultado que sirvió para corregir el proceso y hoy está nuevamente en línea derecha, pero lamentablemente herido en el ala y disminuido, restringido, encasillado y encajonado. Hay que preocuparse de liberar al proyecto de sus ataduras y obtener todo el provecho valdiviano que está llamado a lograr.

    -¿Lo cree usted realmente posible?
    -Los de Celco ya entendieron claramente su desviación anterior. La idea general del proyecto de celulosa de la magnitud del valdiviano era en su origen, aparte del negocio sobre su inversión, todo lo demás que he dicho antes. Pensemos en la gente de primera línea que concurrirá a reforzar las fuerzas vivas de la localidad. Pensemos en las escuelas (la de Arauco, de Celco, resultó ser la tercera en el ranking nacional), y en los estudiantes. Pensemos que habrán mejores posibilidades de esposos profesionales para las mujeres valdivianas, y vice versa para los muchachos. Pensemos en que, con la colaboración de una planta de esta importancia, se desarrollarán centros culturales que hoy no los hay, y en todo el bagaje que puede traer una empresa de esa magnitud a la localidad.

    -En resumen, señor Vial.
    -No entiendo que todo lo dicho se pueda llegar a perder por los cisnes que debieron emigrar en busca de alimento, y que es probable que con las medidas que se están implementando regresen a embellecer nuevamente el Santuario Carlos Anwandter. Reconozco que hubo un descriterio entre la gente de Angelini, que se manejó muy mal en este asunto, pero que fue cambiada y hoy lo está haciendo mucho mejor.
    Hasta aquí las declaraciones de Enrique Vial Clark. Personalmente quiero agregar que hasta el veredicto del Tribunal Latinoamericano del Agua, invocado por la vocera de Acción por los Cisnes, Ximena Rosales, en la entrevista que le hice y publiqué en la edición nº 28, recomienda encontrar una adecuada solución al caso, al resolver, textualmente: “3. Exhortar a los dirigentes de la empresa, de la autoridad ambiental y de la sociedad civil a concertar medidas a favor de una solución favorable a los intereses de la población y del ambiente.”
    Lamentablemente veo a los ecologistas locales más preocupados de establecer la posible responsabilidad de la celulosa en el deterioro del alimento de los cisnes -eventuales causas que en todo caso se están superando y desaparecerán de todas maneras con el proyectado colector- que de seguir las recomendaciones de su propio organismo ambiental latinoamericano ya mencionado, en el sentido de concertar las medidas de solución. Insisten en cambio en el cierre de la planta y se oponen incluso a la solución de descargar los residuos mar adentro, como se hace en los países europeos, sin deterioro alguno para los cultivos costeros de ostras que hay en esos países, ni menos de la pesca artesanal.

    Entrevista a otro estudiante

    Prosiguiendo con nuestro interés en conocer el pensamiento juvenil, que a veces resulta más sensato que el adulto, entrevisté a Yerko Burgos Ferreira, de 14 años, que cursa 8º básico, con el siguiente resultado:

    -¿Debe ser cerrada la planta de celulosa?
    -Si va seguir tirando sus residuos al río, debe ser cerrada por la autoridad.

    -¿Y si construye un colector para entregarlos en el mar?
    -Si los estudios técnicos demuestran que no se va a producir daño a la pesca artesanal, debe instalarse ese colector.

    -¿Y si los pescadores impiden nuevamente que se hagan los estudios?
    -No tienen derecho a impedirlos, porque el asunto nos interesa a todos y no sólo a ellos, y no se debe actuar sin saber cómo son realmente las cosas. Si esos estudios, que deberán ser supervisados por la autoridad, no pueden garantizarlo, en su derecho estarán los pescadores de oponerse, pero no antes.

    -¿Has pensado en las menores expectativas laborales que produciría el cierre de la planta?
    -Los jóvenes necesitamos fuentes de trabajo (yo quiero seguir liceo comercial), pero también trabajar para buenas empresas y vivir bajo condiciones ambientales adecuadas. De otro modo tendría que irme de Valdivia.

    Raúl Hermosilla Hanne

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