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    Lucio Aquilanti nació en Buenos Aires en el año 1969. Es librero anticuario, coleccionista e investigador en historia, literatura y bibliografía argentina. Además, es autor de libros y artículos sobre el origen de la imprenta en las misiones jesuíticas y la imprenta en América.

    Ha publicado el libro Todo Cortázar. Bio-bibliografía (2014) y actualmente trabaja en la preparación de una obra sobre Antonio di Benedetto. Es organizador de la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, dirige la librería Fernández Blanco y es vicepresidente de la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina.


     

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    Durante el día de ayer, Aquilanti realizó una charla en el Café Cortázar (Cabrera 3797, Ciudad de Buenos Aires) con motivo del 50º aniversario de Todos los fuegos el fuegoEl Ciudadano charló con el mayor coleccionista de obras de Cortázar del mundo:

    -¿Cuándo empezó tu fanatismo por Cortázar? Primero como lector, me imagino, y luego como coleccionista.

    – Leí a Cortázar por primera vez a los 14 años, cuando Julio acababa de morir. Por supuesto que ni bien lo leí tuve la experiencia que le suele ocurrir a todos los lectores de Cortázar: te atrapa inmediatamente. Lo leí en la escuela, recuerdo que la profesora vino y dijo: “Vamos a leer a un autor que queremos mucho y que se acaba de ir”. En ese momento no me importó quien era Cortázar, pero cuando lo leyó me quedé perdido mirando por la ventana.

    -¿Te acordás qué textos fue?

    -Si, el cuento “Casa Tomada” (Bestiario, 1951)

    -¿Como siguió tu relación con la obra de Cortázar?

    -Ese mismo día llegué a mi casa, agarré un libro de Cortázar que había en la biblioteca y lo leí de una sentada. Después, a los 18 años, empecé a trabajar en la librería antcuaria Fernández Blanco, un lugar muy tradicional de Buenos Aires, y ahí empecé a coleccionar. Igualmente no me calificaría como fanático, el fanatismo es algo distinto.

    -¿En qué sentido?

    – Yo lo que siento por Cortázar es una profundísima admiración y un gran cariño. Algo que no ocurre con todos los escritores. Incluso hay escritores que admiro más, pero que no aprecio tanto como a Cortázar. Uno siente que se hace amigo de Julio y que comparte muchas cosas. El que lo leyó creo que no lo puede evitar.


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    -Sí, para los que conocemos la obra de Cortázar sentimos un afecto hacia su figura como si lo hubiéramos tratado.

    -Exactamente, como si lo hubiéramos tratado. De algún modo uno se hace amigo de Julio. Esa sensación me quedó desde la primera vez. Siempre sentí que Cortázar era amigo de todos. Después, por supuesto, en mis primeras novias comencé a buscar a “La maga”. Pero no, no es fanatismo, es admiración y un cariño aún mayor. Ahora, además, un gran agradecimiento también, después de todo lo que he logrado gracias a él, porque no es solamente una colección o un libro, sino una cantidad infinita de amigos cortazarianos o hasta novias leyéndoles fragmentos de Rayuela.

    – ¿Cuándo empezaste a coleccionar sus libros?

    – A los 18 años, en la vieja librería Platero que desapareció lamentablemente donde fui a buscar qué había de Cortázar. Ahí encontré la primera edición de Los Reyes firmada por el propio Julio. Me costó mucho dinero, yo recién empezaba a trabajar, pero pude comprarla y ahí me di cuenta que tenía que seguir adelante con toda la colección. Enseguida me di cuenta, también, que no había una bibliografía completa, sino pequeños listados de 20,30 títulos. Yo empecé a fabricarla y de repente descubrí que lo que tenía entre manos era una obra para entregar al público.

    -Ahí nació tu libro con Federico Barea Todo Cortázar, ¿no?

    -Sí, exacto. El armado de ese material me llevó 27 años de coleccionismo y cuatro años de investigación dura para sacar Todo Cortázar, que muestra más de 800 piezas del autor. Me cuesta creer que Cortázar posea esa cantidad, pero para empezar son muchas más de las que uno cree. Libros que él publicó en vida y póstumos son cerca de 70. Después hay muchos libros que realizó junto a artistas plásticos, libros políticos, libros que él coordinó.

    -Claro, Cortázar colaboró en muchos libros, escribiendo prólogos o comentarios.

    -Sí, tal cual.También hizo traducciones de otros autores; existen pequeños libros que él fabricaba en su casa, los discos y todas las publicaciones periódicas donde él publicó por primera vez un texto.


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    -Tanto en tu rol de coleccionista, como de librero, ante el avance de las nuevas tecnologías y el e-book, ¿qué ventajas y qué desventajas encontrás en ese cambio en relación al libro de papel?

    -Yo creo que las ventajas del libro digital puede estar en los libros de estudio, para que uno no tenga que comprar libros que no se van a volver a leer nunca más. En la escuela también. Sin embargo, en esos primeros años de aprendizaje, si se deja de usar el libro , se va a perder ese contacto con el papel y puede ser que nunca más lo retomen. Hay muchos beneficios en el papel, sobretodo con las sensaciones y las pasiones, es algo muy importante que la gente no pierda la pasión ni la sensorialidad con las cosas. Creo que un e-book no lo va lograr jamás eso. No es lo mismo sentarse frente al mar con un e-book, dormir una siesta con un e-book sobre el pecho, el olor a un libro antiguo o una librería “de viejo”, no es lo mismo. De hecho a los e-books se le pone el ruido de cambio de hoja para que imite a esa sensación. Una vez una clienta de la librería me dijo sobre los e-books: “Sí, existe el sexo telefónico, yo prefiero del otro”. Es ese mismo sentimiento. Por eso el coleccionismo, nadie va a coleccionar e-books. Tener los libros en tu casa te dan placer, los archivos digitales no.

    -El espacio de la biblioteca en las casas también es algo que se está empezando a perder, ¿no?

    -Por supuesto. Esa fantasía de tener “todos los libros en un solo lugar” es cierta: en mi casa, no en una tablet. Si en la mano solo necesitás tener un libro, no diez, mil o cien mil.

    -Por último, vos que también sos de Buenos Aires, ¿cómo ves la relación de Cortázar con la ciudad y lo que genera en la gente?

    -Creo que la relación que todos tenemos con Cortázar es a través de las ciudades muchas veces. Esencialmente Buenos Aires. A mí me encanta encontrar en su obra menciones a otras ciudades como puede ser alguna del interior argentino. Me fascina saber que él estuvo ahí, que él también lo pisó, lo visitó y que es parte de su argentinidad. Creo que cada vez que encontramos una referencia de Buenos Aires en los textos de Cortázar, lo sentimos aún más propio y parte de nuestra historia


    Fotos: Tamara Grosso

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