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    Cruzamos por tiempos urgentes, tiempos coléricos en que la templanza escasea y abunda el pulso odioso, ese que sospecha de todas y todos, ese que resiste al diferente y prefiere encender el celular para grabar una escena de violencia en la calle en vez de prestar ayuda a esa o ese violentado. En estos tiempos en que la presencia de algunos inmigrantes como los haitianos, venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, dominicanos, eriza la piel y pone en estado de alerta a buena parte de la ciudadanía, es imprescindible conversar y reflexionar con sensatez acerca de este preocupante escenario del que somos protagonistas.

    El Ciudadano conversó en extenso con el sociólogo especialista en la temática migratoria, Leonardo Polloni. Algunos hitos en su carrera profesional son el haber sido responsable del proyecto “Todos somos migrantes” en la Fundación Ideas, partícipe de la Oficina de Migración de la Municipalidad de Santiago y miembro del consejo consultivo en materias migratorias de las Mesas Temáticas Sociedad Civil del Senado de la República, confirmando su idoneidad a la hora de reflexionar con propiedad acerca del torpemente manoseado tema de la migración en nuestro país.

    Partamos hablando acerca de esta especie de “demonización” respecto a la migración que resuena en nuestro país. ¿Siempre ha sido así o cuándo crees que se aquilata esta idea -a nivel de masas- de que el inmigrante es una suerte de “enemigo”?

    Esto tiene que ver con una construcción social de ciertos sectores a quienes les incomodan los nuevos flujos migratorios en Chile. Piensa que Chile se ha constituido de migraciones, es cosa de ver muchos de los apellidos de las autoridades, de diferentes sectores del poder económico, político y cultural, que están construidos principalmente por la influencia de la migración europea. Actualmente hay una política de migración de “puertas abiertas” que transita hoy a una de tipo selectiva como la de Benjamín Vicuña Mackenna que hizo una lista con aquellas nacionalidades de los deseados para venir a poblar Chile y mejorar nuestra raza. Él establece una ponderación que propone primero a alemanes, ingleses, franceses, italianos y por último, españoles. El principal llamado es a que vengan a mejorar nuestra raza, se paga todo lo que es infraestructura, se da apoyo para que traigan sus oficios técnicos y profesionales y que por cierto fueron un verdadero aporte, no hay que negarlo. Pero si partimos de una matriz de selectividad en donde afirmamos quienes son los aptos y quienes no, ya estamos frente a un escenario erróneo y que más bien responde al siglo pasado, mas que a un fenómeno de mundialización.

    Y pasa que hoy en día eso se retrotrae, se refresca, trayéndolo al modelo migratorio del siglo XXI. En el fondo estamos refrescando esa vieja idea y configurando esa misma construcción de quienes son los aptos o los verdaderamente habilitados para venir a Chile, lo que es absolutamente discriminatorio.

    La última Ley de Migración -anterior a la propuesta por este gobierno- data de 1975. ¿Cuáles crees que son las razones para que este gobierno haya tomado cartas en el asunto y proponga una nueva -independiente de su “calidad”-?

    Quiero partir de que acá hay una construcción desde una sensación de invasión. Lo que se ha hecho es una agenda que radica en esta idea de descontrol, de que no existe ley o que esta misma está sobrepasada. Se ha instalado la figura de que todo migrante que entra como turista y se cambia a una categoría migratoria de trabajo está cayendo en una ilegalidad y eso no es así, porque está dentro del marco de la ley de 1975, por lo tanto no es una ilegalidad. No es un abuso como se quiere plantear, entonces se utiliza discursivamente y comunicacionalmente que el migrante está abusando.

    Un segundo punto es el siguiente: el desarrollo de la migración en Chile lógicamente estuvo estancado por el proceso de dictadura militar de 17 años, en donde la proporción era más emisor de chilenos al extranjero que de inmigrantes. Así y todo se generó una ley bien restrictiva y de control para evitar que llegará migración hacia Chile. Tampoco nadie pondera que hoy tenemos cifras de más de un millón cien mil chilenos residiendo en el extranjero según el último censo DICOEX (Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior), una comunidad de más de 400 mil chilenos en Argentina, por otro lado se dijo que existe igual cifra de migrantes en Chile, ¿existe más de un millón de migrantes en nuestro país? como se señala. El dato de la cantidad de chilenos en el extranjero está confirmada, así como el CENSO 2017 ratifica que son 4,5% la de los que han llegado a Chile, es decir 745.465 respecto del total de la población nacional. Hay que ser cuidadosos a la hora de entregar datos. Dicho lo anterior, nuestro peak migratorio fue en 1907 con casi 4,1% de migrantes, es decir, nos estamos acercamos en términos porcentuales nuevamente a ese 4% de 1907, lo que quiero señalar que esto responde a ciclos.

    Entonces, si examinamos los censos podemos ir estableciendo que el 2002 eran alrededor de casi 200.000 mil migrantes y esto fue avanzando paulatinamente, luego a 400 mil el 2013 hasta la cifra que se maneja hoy. Hay una progresión lógica de no menos de 15 años y no quiere decir que de un día para otro aparece este millón de personas migrantes en este tramo tan corto de tiempo. Es un proceso acumulativo de visas definitivas, por tanto residentes, de migrantes residiendo en el país o con visas temporales y eso sería la sumatoria que se quiere establecer. Quiero ser muy claro en esto: hay un avance PROGRESIVO en el tiempo desde el censo 2002 y no un desborde migratorio desde un momento a otro, si flujos mas intensos en termino de ingresos.

    ¿Cuáles serían entonces las razones de este flujo progresivo de migrantes llegando a nuestro país?

    Esto tiene que ver con la figura de Chile como un polo de desarrollo, la construcción de imagen país proyectada dentro de la región, en donde hay subdesarrollo, hay desplazamientos forzados por temas políticos, por temas medioambientales, por razones de carácter económico, de desigualdad, que van empujando a estos diferentes grupos a migrar y buscar mejores expectativas de vida. Incluso como proyecto migratorio transitorio, no siempre definitivo, por lo tanto algunos hacen una conclusión apresurada al afirmar que todos los que migran a Chile vienen para quedarse.

    Abro el siguiente delta a partir de esto que mencionas. ¿Cuál crees que es la responsabilidad de los medios de comunicación o de la oficialidad usando estos mismos medios que consiguen crear este clima de odiosidad frente al inmigrante?

    Creo que hay un cierto grado de responsabilidad en ellos y no sé si es su intención, pero lo que sí existe es un importante grado de desinformación, porque muchos hablan de “ilegales”, muchos hablan de “ilegal es igual a delincuencia”, realizando generalizaciones. Lo que quiero explicar es que muchos de los irregulares que están en Chile, justamente no son porque hayan ingresado en su totalidad por Paso no Habilitado, sino que la misma ley del ‘75 genera producción de personas irregulares dentro del territorio chileno, por eso hoy estamos insertos en un tercer proceso de regularización. Hay una visa que se llama Visa sujeta a contrato de trabajo, si el empleador me dice “tú me traes tu carnet y yo te doy el contrato de trabajo” él dice yo no puedo tener mi rut si no tengo ese contrato de trabajo en extranjería, entonces ahí se produce el efecto de “el huevo o la gallina”, por lo tanto se genera una simetría laboral entre empleador y trabajador, porque eso genera consecuencias también en la remuneración ya que empieza a haber una negociación, es decir, esta asimetría de poder plantea el hecho de que el empleador dice “si tú no quieres aceptar este salario, yo no te doy el compromiso de contrato de trabajo que necesitas para que saques tu visa”. Acá tenemos un primer vicio.

    Un segundo vicio es que si este trabajador migrante acepta esas condiciones de trabajo va a estar regulado bajo ciertas condiciones y qué pasa cuando este trabajador pierde o termina su relación laboral con el empleador, tiene un plazo determinado para presentar otro contrato. En caso de que ese plazo caduque, esa persona cae en la irregularidad migratoria, vence su carnet, comienzan las multas migratorias y queda en el país en una especie de limbo migratorio con ausencia de derechos y beneficios sociales. Lo que quiero decir no es que estas 300 mil personas que se van a regularizar, según la estimación del Gobierno, tienen solamente que ver con personas que han pasado por Paso No Habilitado, sino que es la producción del propio sistema las que las ha dejado en esta condición de limbo, más una proporción que responde a esta figura del Paso No Habilitado.

    Y es precisamente eso lo que se quiere instalar: la enorme presencia de migrantes por Paso No Habilitado.

    Efectivamente. Eso es lo que se ha querido instalar en el imaginario de la ciudadanía. Primero, la idea de invasión porque han llegado de un día para otro un millón de migrantes; segundo, que la irregularidad de los 300 mil migrantes se origina porque han ingresado a través de  Paso No Habilitado; tercero, que los migrantes nos están sobrecargando los servicios sociales, entonces todos estos elementos van configurando un clima que se reproduce por distintos canales -incluídos los medios de comunicación- erosionando la convivencia intercultural actual, existe por tanto una ausencia de una observación más crítica y juiciosa respecto al fenómeno. Por eso creo que el debate tiene que salir del loop de la pregunta periodística y empezar a apuntar hacia los datos.

    Uno queda con la sensación de que Chile -y a la luz de estos datos de percepción ciudadana- es un país bastante conservador, resistente a la diferencia, a la convivencia con un distinto y particularmente frente a ese inmigrante de piel oscura, pero no a la “blancura” del europeo ¿Cómo observas esta concepción?

    Creo que nuestras fronteras naturales nos han determinado un poco a ser timoratos, a tener una personalidad social un poco isleña. No por eso nos han dado el nombre en otro país de los “chilotes”. Estamos confinados a un aislamiento de carácter geográfico por eso no somos un país acostumbrado a la interculturalidad o a la diversidad en el más amplio concepto de la palabra, por lo que el tema de la migración pone en cuestión nuestra relación con nuestros pueblos originarios, y también el tema de clase social porque nosotros como Estado-Nación logramos “resolver” el tema de estos pueblos excluyéndolos, invisibilizándolos, llevándolos a la periferia, anulando su cosmovisión y no poniéndolo como un valor agregado a este Estado-Nación.

    No así como las experiencias de países como México, Perú o Nueva Zelanda.

    Claro. Esas son realidades en donde se aprecia, se pone como ejemplo y se reconoce en gran medida a sus pueblos originarios. Entonces cuando llega la migración afrodescendiente o la migración étnica como la aymara por nombrar alguna, pone en tensión y en cuestionamiento al chileno, porque era un tema que aparentemente estaba resuelto. Estas circunstancias tensionan la idea de “como yo chileno voy a validar a ese otro como un legítimo otro”, “lo voy a aceptar o no” y ahí entra en juego el concepto de la asimilación social-cultural-económica, es decir, si usted quiere integrarse tiene que asimilarse como moneda de cambio, tiene que “dejar de ser usted” y tras esto aparece la gran pregunta “¿Qué es ser chileno hoy?” ¿ Qué es ser latinoamericano?.

    Y ahí es donde está la tensión de nuestra identidad y por eso algunos ven hacia Europa, otros ven hacia el norte de América, buscando respuestas pero creo que ese tema sigue sin resolverse y por eso nos tensiona en nuestras relaciones con la diversidad y eso genera una tensión, pero particularmente en aquellos grupos más conservadores que se resisten abrir paso a otras formas, usos y pautas culturales distintas a las propias, lo que genera a mi juicio una de las causas, para la actitud de rechazo.

    Resulta más habitual el hecho de que las voces críticas sobre la presencia de flujos migratorios desde países de 2ª o 3ª categoría, tienen apellidos cuya ascendencia es principalmente europea.

    Efectivamente. En lo particular con Haití, tiene que ver con que hay una brecha idiomática, sociocultural quizás, que los fuerza a encontrarse con ellos, a mirarlos a la cara y para muchos ese tema es mejor obviarlo y no hacerse cargo. Porqué tenemos que hacernos cargo en los consultorios de esta barrera idiomática, porqué tenemos que hacernos cargo de ellos como sujetos garantes de derecho, porque nos debemos encontrar democráticamente en cualquier espacio público, entonces eso tensiona mucho la relación con los chilenos desde esta idiosincracia.

    Acá tenemos un caso de xenofobia, de racismo sumado al factor del clasismo, porque cuando tenemos migrantes que vienen a invertir no se les trata como migrantes, sino como inversionistas. El tema pasa cuando se le agrega la condición de vulnerables a quienes llegan al país y eso tiene que ver con el miedo a la importación de pobreza y eso es a lo que muchos están apelando, no queremos ciertas categorías de migrantes y que como bien señalas se clasifican como de primera, segunda o tercera importancia y esa categorización la está haciendo un gobierno de turno y no bajo una mirada de Estado bajo un amplio consenso.

    Hablemos de una de las características de esta nueva Ley de Migración en donde figuran los haitianos y los venezolanos como grupos migratorios de excepción o con medidas exclusivas a la hora de ingresar a nuestro país. ¿Crees que se constituye de algún modo esta idea de que existen ciudadanos de 1ª o 2ª categoría?

    Lo que pasa es que la ley se despachó y va a durar un año este proceso y lo que está haciendo ahora es determinar ciertas visas por decreto presidencial. Ni siquiera han sido dialogadas ni consensuadas transversalmente. Han sido en contraposición con organizaciones migrantes, con la Academia, con las organizaciones de Iglesia que trabajan en el tema migratorio, por tanto esta definiciones fueron impuestas para responder a la subjetividad ciudadana, es decir a la aparente queja.

    Entonces se prescinden de todas esas voces que conocen tan bien y tan de cerca el tema.

    Claro, ellos conocen esta realidad y ¿con qué se ha quedado el Gobierno? Se han quedado con estas vocerías en gobiernos locales o en ciertas regiones o acá en la zona norte de Santiago se han quedado con esa queja de no poder hacer frente al flagelo que es la vulnerabilidad en ciertos grupos, pero es un error entender que toda la migración es vulnerable. Partir de ese precepto no es acertado. O sea decir que toda la migración que llega al país es vulnerable es un error porque esto se construye como una curva normal donde hay gente que le va bien, que no le va tan bien, que es más vulnerable en comparación a otra que le va más o menos y  a otras que le va muy bien. Pero asimilar que la migración es igual a vulnerabilidad no es efectivo responde a un móvil de prejuicio.

    Claro, porque totaliza una forma o un tipo de realidad como si fuera así siempre.

    Entonces ese es otro de los conceptos, migración igual vulnerabilidad. Invasión, más de un millón en Chile, irregularidad migratoria por Paso no Habilitado, sobre carga de todos los servicios sociales existentes ahí ya tenemos cuatro variables, discursivas. Este componente discursivo claramente va generando esta sensación ambiente, modificando paulatinamente las percepciones ciudadanas y que van generando ciertos apoyos a estos relatos. Ahora, con respecto a tu pregunta en lo haitiano/venezolano, yo lo que veo acá es que efectivamente la visa consular que es colocar una barrera simbólica en el país de origen, es poner un muro simbólico, son visas ideológicas. Entonces, ¿Cuál es la postura, por ejemplo hacia Haití?, siendo que el año pasado comparativamente la migración más fuerte en términos cuantitativos fue la venezolana que la haitiana, se le dice por ejemplo a la migración venezolana que pueden venir con visa democrática un año y renovarla un año más, o sea, lo tengo que confirmar pero son dos años, ahí hay una definición ideologica.

    ¿Qué se le dice al haitiano?, prácticamente se le cierran las puertas pero pueden venir solo en formato turístico por treinta días, renovable pero solo por treinta más. ¿Cómo no va a ser una visa ideológica? Y lo que sí puede hacer es una Visa de Reunificación Familiar, que significa que usted como haitiano puede reunificarse con su familia, pero hay un cupo establecido en número para eso, es decir, no todos van a poder acceder a poder reunificarse con su familia, es decir con sus hijos y con sus parejas en Chile. Por un lado yo diría que es un pequeño dulce que se le da a la comunidad haitiana con esta visa humanitaria de reunificación, para poder no ser abiertamente discriminatorio. ¿Por que esa diferencia?

    Preocupa también la escalada de xenofobia y racismo y la focalización que hay hacia el afrodescendiente, y esa especie de “hatianizacion” de la migración, hoy en día en que se lo tiende a ver a priori como persona vulnerable, como una persona que viene a abusar de los servicios sociales, que viene prácticamente a demandar.

    Como una condición casi parasitaria.

    Claro, parasitaria, pero es necesario considerar con varios elementos al momento de abrir el debate. Por ejemplo, son 200 millones de dólares lo que le reportan a Extranjería y Migración, las visas, las multas, los estampados y todos estos asuntos administrativos y que finalmente llegaron al fisco entre el 2010 hasta el 2017 o que el 22% de los migrantes declara impuestos a la renta y aporta 495 millones de dólares al año a nuestro país.

    Entonces todo migrante que esté regulada en nuestro  país es un contribuyente, paga impuestos, paga IVA, genera emprendimiento, porque lo que hay que entender en la migración es que no todos migran desde la problemática del padecimiento, sino que migran los más capacitados, los que tienen ciertas aptitudes que son diferenciales en relación a su propio grupo de los que no toma la decisión de salir.

    Es como una especie de “selección natural” entre quienes deciden movilizarse y quienes no.

    Efectivamente. Migra una persona que tiene aptitudes importantes de emprendimiento, de poder rehacerse en un lugar de nuevo, entonces esas capacidades también es relevante de poner en valor. Lo otro es que el aporte de mucha migración que ha llegado está calificada en oficio, en profesiones técnicas y en estudios de posgrados y doctorados o magíster y eso al Estado de Chile les sale costo cero en formación, o sea, esa migración que llega espontánea a nuestro país y se instala, está perfectamente calificada. Es un hecho que nos estamos farreando todo ese capital humano -puesto en términos economicistas- con una formación que salió costo cero para nuestro país. Esto lo venimos mencionado hace mucho tiempo, es decir, si nosotros fuéramos capaces de convalidar sus estudios, de homologar sus estudios podríamos absorber todo ese tremendo potencial.

    Entonces, ¿a qué se debería esta falta de visión de nuestras universidades a la hora de reconocer las carreras de otras universidades de países latinoamericanos? Parece que se repite nuevamente esta idea de prejuicio, de altanería frente a planteles universitarios de otros países de la región.

    Puede estar operando, lo desconozco pero puede que esté pasando de ese modo. Creo que es importante hacerse cargo de aprovechar -en el buen sentido de la palabra- todo este potencial, para el co-desarrollo de los dos países involucrados. Estos hechos tampoco se ponen sobre el debate, no aparece, ni el aporte, cultural, ni social, menos el económico ni la  población o la subvención que están haciendo los países emisores de migrantes formados y tampoco está sobre el debate el envejecimiento de la población, o sea hay una proyección de aquí al 2050 de que la población chilena mayor de 60 años va a llegar más de un 33 por ciento, por tanto quién va  sostener laboralmente la economía del país.

    Claro y las cifras indican que la población local no está optando por la descendencia, por lo tanto no hay una renovación.

    Claro. No hay una renovación en la tasa de natalidad que es súper baja por tanto es poco auspiciosa la proyección hacia el futuro. Creo que es necesario poner todos los antecedentes sobre la mesa, porque lo que necesitamos es una visión de una política migratoria a largo plazo en que estén todos los componentes a la vista y no que opere la subjetividad, la emocionalidad, el querer responder y administrar políticamente la xenofobia ciudadana de ciertos sectores, eso es responder para la galería.

    ¿Cuál es la responsabilidad de la educación dentro de esto? ¿Cómo ves que el Ministerio de Educación o que los organismos e instituciones que generan los planes o currículum están haciéndose cargo de este tema?

    Creo que hay un avance muy paulatino de poder hacerse cargo desde una mirada integral desde el sistema educativo, pero hasta el momento lo que hay es que cada colegio va resolviendo el tema intercultural en razón de su realidad comunal, regional o desde la discrecionalidad del director, de cómo va resolviendo el caso a caso. Hay algunos proyectos emblemáticos, en la comuna de Santiago y otras comunas, que han desarrollado experiencias exitosas, pero no existe una mirada integral como diseño de cómo abordar la interculturalidad en el aula, yo creo que en eso también estamos al debe. Lo que sí podemos señalar como elemento positivo, es que hoy en día en el aula se están viviendo espacios cosmopolitas, de encuentro y diversidad de distintas nacionalidades, que están generando también niños y niñas más tolerantes y eso es una buena noticia porque al final se está creando una generación que va a ser mucho más tolerante y que va a estar contra la discriminación, que va a ser más respetuosa de la diversidad, de otras nacionalidades, del aporte que reciben de otras realidades, de saber que tuvo un compañero de cierta nacionalidad que aprendió de su cultura, que compartió, que formó un espacio con él, un estudio, una amistad. Lo bueno es que eso va a sellar también una actitud de respeto y de valoración positiva y de tolerancia con respecto a un país que inevitablemente transita a ser un país intercultural, o sea nadie puede negarlo. Hay lógicamente ciertas estructuras conservadoras desde la desinformación y otros que efectivamente sí actúan desde la xenofobia y desde el racismo, implícito o explicito que no quieren permitir aquello. Entonces ahí yo creo que hay un desafío principalmente en la Educación pensado a mediano plazo, un desafío que hay que abordar y que hay que hacerlo desde una cultura de la paz, de la no violencia, de la no discriminación en el aula, porque actualmente hemos vistos ciertos eventos de xenofobia y racismo desafortunados, como en el caso de Cerro Navia y la mujer haitiana que fue golpeada a la que le botaron el coche con su guagua; tenemos el caso del haitiano que en el Terminal Pesquero fue acuchillado entre otras tantas situaciones reportadas. En el fondo sucede que cuando no validas al otro como un legítimo otro, existe una relación asimétrica interpersonal en la convivencia a diario, en donde se consolida la idea de que “yo frente a esta persona -al percibirla inferior- puedo terminar cualquier conflicto con discriminación o violencia, con un palo, con un cuchillazo”. Es eso lo que hay que corregir urgentemente.

    ¿Cómo crees que quienes vemos la migración como una posibilidad, una oportunidad, podemos contribuir y ayudar a cambiar los climas de odiosidad o las situaciones de discriminación?

    Yo creo que la educación parte desde la casa, pero lo primero es hacerse uno un juicio frente al fenómeno de manera objetiva, realista, despojado de los prejuicios y de lo mediado que estoy por los discursos impuestos, con una reflexión más crítica. Siempre ha habido una noción de que somos un país solidario y ahora tenemos una oportunidad para ratificarlo. Por una parte y por otra creo que es importante legislar a favor de una ley contra la incitación al odio, para resguardar la diversidad el respeto y la dignidad de cualquier habitante en el país, donde su condición el día de mañana no sea blanco de ataque por nacionalidad, origen étnico, orientación sexual, etc. Aquello asegura mínimos de convivencia que a la luz de los hechos y declaraciones recientes han vulnerado a diversos grupos.

    Sí, es una variable que siempre usamos y que aparece como una de nuestras virtudes como país.

    Este es el momento de ratificarlo de nuevo. Y de ser consecuente o no serlo. Creo que el país está frente a esta tremenda prueba. Lamentablemente la Ley del 75 fue impuesta y hoy en día tenemos decretos impuestos, entonces mi observación es: ¿dónde están las otras voces? Yo creo que están ausentes y busco la respuesta de eso, de por qué están ausentes. Y hago una interpelación al sector progresista o centro izquierda, al humanismo a que también diga algo al respecto.

    Hay un silencio que es inaceptable, entendiendo que de alguna manera ellos podrían ser la resistencia a esta

    El silencio es preocupante, porque el silencio otorga y creo que tiene que ver más con desinformación y porque se han dejado llevar por la corriente, los mitos y el flujo de información a veces sesgada y viciada sin generarse una propia opinión. Hay que aportar al debate y esto quiere decir equilibremos esta visión desproporcionada que nos están presentando y hagamos un llamado a la mesura, a evitar el oportunismo político y también a tener una visión desde la lógica de los derechos humanos, desde el valor del ser humano así como los chilenos también en muchos momentos fuimos acogidos.

    Ejemplos de eso hay de sobra.

    Hay un dicho que dice: “todos somos o podemos ser algún día migrantes”, que nunca saben cómo son las vueltas o los giros del mundo. En el caso de Venezuela es muy concreto.

    Creo que es importantísimo eso que señalas, la necesidad de nutrir el debate, de educarse, de sumar más datos concretos a la discusión y darle más consistencia a eso.

    Creo que hay colocar más elementos objetivos sobre la mesa, porque esto es un fenómeno multidimensional entonces hay que colocar más variables -demográficas, envejecimiento de la población, laborales, ramas de actividades económicas donde estamos muy débiles en términos de inserción laboral, de personas donde hay necesidad, educativas, de sistemas de inclusión eficaz en los gobiernos locales etc.-. Este es un fenómeno multidimensional que no puede ser regulado ni legislado desde la mera emocionalidad y yo creo que hay que evitar un poco esa mirada, esa es la invitación. Lo cierto es que aquí se ha hecho todo muy a la rápida, el proceso de regularización migratorio que se está ofreciendo tanto para los irregulares como los regulares, se está haciendo muy a la rápida. No hay un resorte estatal de recursos humanos, de personas, que puedan hacer frente a este caudal de personas que van a acudir a las oficinas que ya están determinadas. Entonces, ¿dónde está el proceso de información previa? Porque estos procesos regularización también se han dado en otros países y se genera un proceso con la sociedad civil, de campaña, de información de a lo menos tres meses previos, de información de cómo va a ser el proceso para luego ir canalizándolo. Acá lo que se está haciendo es decir bueno se pone este plazo de noventa días para el caso de la migración irregular que cayó en la irregularidad migratoria y los pasos rehabilitados de treinta días y se cierra el proceso. Entonces he aquí el “sálvese quién puede”; esto ha generado en la comunidad migrante mucha desinformación pero también mucha angustia, poca certeza de qué va a pasar con su situación. Aquí veo dos vicios el primero que es un catastro de irregulares y que se analizará el caso a caso con un tiempo de respuesta que se desconoce. Pero lo más grave es que carece de enfoque de inclusión y derechos humanos toda vez que la persona que entra en el registro no tiene la posibilidad de obtener un permiso de trabajo provisorio el proceso dura más de seis meses, que estamos provocando en esas familias, mas vulnerabilidad, más abuso e informalidad laboral. Existe el Convenio de Trabajadores Migratorios y sus Familias, ratificado por Chile y que invito a leerlo.

    Hay que hacerse responsable de manera seria también de estas cosas porque finalmente existe vulneración de derechos para este grupo. Las filas de más de ocho o doce horas o el tiempo de la entrega de visa que tarda a lo menos seis meses, eso también raya en el maltrato y en la vulneración de derecho. Hoy el Departamento de Extranjeria es la puerta de entrada al país, es la imagen del pais. Si no solamente tenemos colombianos, dominicanos y haitianos haciendo colas; tenemos japoneses, norteamericanos, de diferentes nacionalidades de Europa, que se hacen un juicio del sistema público y en el fondo lo que ha hecho la migración es recalcar que el problema no es la migración, el problema es que la migración ha develado lo deficientes que son los servicios públicos y la administración pública, porque con un poco de presión de personas se ha visto superado pero no por problemas de migración sino que por la capacidad de mi oferta como servicio social, como servicio de salud, como servicio de migración, para dar respuesta a esta demanda. Esto quiere decir que no es un problema solo de los migrantes sino que es un problema del Estado Chileno en ausencia de modernización, se deben colocar los acentos en términos de financiamiento donde debiesen estar y al final ese flagelo lo viven tanto los chilenos como los migrantes y al final del día, a esos dos grupos los tensiona.

    Como que los pone en veredas distintas.

    Ambos viven una misma situación. Lo que pasa es que algunos han querido aprovecharse discursivamente de aquello para decir “No, si este servicio público que es tan deficiente, es aún más porque llegó este “otro extranjero” que está aquí a su lado, ese otro que es diferente, el problema no el sistema público ni el diseño de la política pública. Ahí es donde se remarca el prejuicio de la sobre carga para tensionar a nacionales y extranjeros y colocarlos en una suerte de “contraposición”. La reasignación de recursos por tanto debe ser proporcional a la gran mayoría de migrantes que están regulares y que pagan impuestos para recibir en igualdad de condiciones los servicios, el problema es otro.

    “Si no estuvieran ellos vivirías en un mundo ideal”.

    Claro, podrías tener un servicio público de excelencia, de salud de excelencia. Entonces: ojo ahí. Te voy a da una cifra, que refleja mucho esto, existe la percepción de demanda de servicios sociales por ejemplo jardines infantiles, de los 118.866 párvulos que acogieron el 2017 en los jardines infantiles y salas cunas de la Junji 115.053, (96%) corresponden a chilenos y 3.813 (3%) a niños migrantes. Llama la atención porqué se produce la desinformación y los mitos, cual es la función que cumplen y cual es la razón que hay detrás, cual es el motivo de crear tensión frente a la migración en Chile es una pregunta abierta para la reflexión.

     

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