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    El itinerario del cambio climático no sólo está definido por las reuniones anuales que se conocen como conferencia de las partes, sino también por un conjunto de encuentros que se desarrollan entre una y otra COP y que tienen como objetivo acercar posiciones entre los países miembros de la convención del cambio climático de Naciones Unidas. La última reunión (COP15) se realizó en Dinamarca-Copenhague en diciembre del 2009. La próxima está planeada para fines del 2010 en México. En ese marco y proceso negociador, está programada para mayo del presente año una reunión preparatoria en Bonn-Alemania (sede de la secretaría de la convención marco). Ya veremos los avances de esa convocatoria.

    En septiembre del 2009, se realizó en Nueva York una reunión preparatoria en la que se sentaron las bases para lograr un acuerdo en Copenhague. Lo que pasó en esa conferencia  es otra historia; de hecho, mientas para unos fue un fracaso, para otros hubo avances. Y como lo he planteado, en otras oportunidades, el camino en busca de acuerdos globales y vinculantes sigue su marcha. Los países negociadores y sobre todo los desarrollados e industrializados más China y Brasil están entrampados en una suerte de “suma cero” en el que ninguno quiere avanzar sin saber que hará el resto de los países. Evidente, nadie está dispuesto a parar su ritmo de crecimiento y desarrollo; sobre todo, cuando el fantasma de la crisis económico-financiera se expande por el mundo.

    Lo que quiero comentar en estas notas es el discurso que realizó el Presidente de la República Popular de China, Hu Jintao, el 22 de septiembre del 2009. Al igual que en otros artículos en los que comento el contenido de los discursos, se pone atención no sólo en los puntos que acercan posiciones para un acuerdo global y legítimo, sino también en aquéllos aspectos que dificultan estos acercamientos. Al mismo tiempo, identificar los grupos y bloques políticos regionales que se articulan para defender o promover posiciones al interior de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

    En términos generales se observa una postura más cerca del G77 y los países en desarrollo, emergentes y/o vulnerables que hacia las posiciones del capitalismo de punta como Estados Unidos o la Unión Europea. Ello, no obstante, haber formado parte del “Acuerdo de Copenhague” y sus ilegítimos y frágiles consensos. Al mismo tiempo, por tanto, no es casualidad que el bloque del Alba y su conferencia alternativa para el cambio climático (desarrollada en Bolivia a fines de abril) haya buscado acercamientos con China con el fin no sólo de presionar a las economías industriales, sino también de lograr acuerdos globales y vinculantes en la COP16 a desarrollarse en México a fines de año; sobre todo, en la perspectiva de profundizar el Protocolo de Kyoto. Así, lo afirma Hu Jintao cuando dice que “seguiremos apoyando a los pequeños estados isla, a los países menos desarrollados, países sin salida al mar y países africanos en la mejor adaptación al cambio climático”.

    Lo primero que se observa es que para Hu Jintao el Cambio Climático y sus efectos sociales, económicos y políticos es un tema grave y urgente. En efecto, “el mundo espera que nosotros tomemos una decisión ante el cambio climático, una cuestión que tiene que ver con la supervivencia de la humanidad y su desarrollo”. En este punto hay un consenso mundial que va desde las posturas de Estados Unidos y las grandes potencias hasta el grupo del Alba liderado por Venezuela. Para todos los países la necesidad de mitigar y frenar las consecuencias del calentamiento global es urgente y prioritaria. En esa dirección el líder chino afirma que: “El cambio climático global tiene un profundo impacto en  la existencia y el desarrollo de la humanidad, y es el mayor desafío  que enfrentan todos los países… hemos hecho esfuerzos concertados y conseguido notables progresos en la  protección del ambiente global y en abordar el cambio climático… todos los países han profundizado su entendimiento, construido consensos y avanzaron para enfrentar el desafío”. No obstante, a la fecha, todo parece insuficiente; dada, la magnitud de la problemática. Hay avances, sin duda. Acuerdos y desacuerdos es parte de las negociaciones que se vienen realizando desde principios de los setenta en Estocolmo, pasando por Rio (1992), Kioto, Bali y llegando a Copenhague a fines del 2009.

    Al interior de la Convención hay acuerdos importantes. Entre ellos, la confianza que las autoridades tienen sobre las evidencias científicas del calentamiento global. Luego, sobre esa base, el hecho de que se trata de una problemática grave para la evolución humana. Y por tanto, un tema que requiere soluciones no sólo urgentes, sino también compartidas y globales. Reducir la temperatura promedio del planeta es la orden del día en las negociaciones. Es lo más importante y fundamental; al mismo tiempo, lo más complejo de consensuar y evaluar. Financiar a los países en desarrollo y vulnerables para mitigar y adaptarse al cambio climático y buscar una nueva forma de relacionarse con la naturaleza y sus recursos son otros de los acuerdos que se han ido estructurando al interior de la Convención Marco para el Cambio Climático. También, hay importantes distancias que se deben ir solucionando; entre ellas, la cantidad y los tiempos en la reducción de las emisiones y la vigencia y prolongación del Protocolo de Kioto más allá del 2012. Las negociaciones seguirán. Lo mismo, los esfuerzos y compromisos que cada país debe asumir.

    Uno de los acuerdos importantes para China es el principio de las “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. Para Hu Jintao, esta afirmación es la “base para una cooperación internacional más estrecha”. En efecto, China acepta sus responsabilidades en el calentamiento global y en las emisiones de contaminantes que lo hacen posible y que conocemos como gases de efecto invernadero. No obstante, no tiene las mismas responsabilidades que los países de punta del capitalismo financiero e industrial. En efecto, todos somos responsables; pero no todos en la misma magnitud. Toda respuesta, por tanto, debe considerar este principio de negociación. Para nadie es desconocido que China y Estados Unidos son los principales contaminantes con una cifra que oscila en torno al 40% de las emisiones mundiales. Sin embargo, hay dos consideraciones. La primera, que el capitalismo industrial (y Estados Unidos a la cabeza desde fines del siglo XIX) viene contaminando desde la Revolución Industrial y China sólo desde las últimas décadas; y luego, que desde el punto de vista per cápita las emisiones chinas son inferiores a las del capitalismo de avanzada.

    El tema, sin duda, está estrechamente vinculado al desarrollo y modernización de los países. Hu Jintao, en esa dirección afirma que “el cambio climático es una cuestión que emerge en el curso del desarrollo humano… estrechamente relacionado con… (el) … estilo de vida, tamaño de la población y disponibilidad de recursos de diferentes países y su sitio en la división internacional del trabajo”. La dificultad en encontrar consensos y avanzar más rápido radica en este hecho; en la relación entre desarrollo y emisiones contaminantes a base de recursos fósiles (gas, carbón y petróleo). Por ello, “en la lucha contra el cambio climático están en juego  los intereses comunes del mundo entero… los intereses de desarrollo y de  bienestar de la gente, de un enorme número de naciones en desarrollo” y en vías de serlo.

    Para China, el mundo no puede ni debe parar su ritmo de desarrollo y modernización; sobre todo, los países que comienzan a despegar. Sus palabras son claras cuando afirma que “China ha obtenido grandes logros en desarrollo, como lo muestran los cambios profundos del estándar de vida de la gente… el producto interno  bruto total de China es ahora uno de los más grandes en el mundo. Pero por otra parte, China todavía  está más atrás de 100 países en términos del producto interno bruto per cápita, y se mantiene como  el país en vías de desarrollo más grande del mundo. Con una quinta parte de la población del mundo y con  disparidad entre las áreas urbanas y rurales y entre regiones diferentes, y los desequilibrios en el desarrollo económico y social, China todavía está enfrentada a muchas dificultades y tiene un largo camino  antes de conseguir la modernización”. En efecto, China no puede ponerle freno a su desarrollo. Tampoco quiere.

    Para el gigante asiático la prioridad de los países en vías de desarrollo “es hacer crecer su economía, erradicar la pobreza y mejorar su estándar de vida”. Para ello, “La comunidad internacional debería poner atención a la difícil situación… sobre todo de los pequeños estados isla, los países desarrollados menores, países sin salida al mar y países africanos. Es importante escuchar su voz y respetar sus deseos y combinar nuestros esfuerzos para enfrentar el cambio climático con aquellos para promover el crecimiento de países en vías de desarrollo y aumentar su propio dinamismo para el desarrollo y su capacidad de un  desarrollo sostenible” a nivel global.

    Ante la necesidad urgente de dar solución al cambio climático a nivel global y de seguir el principio de “responsabilidades compartidas, pero diferenciadas”, China debe participar de los esfuerzos por frenar el calentamiento global y el colapso ambiental del planeta y sus habitantes. Por tanto, “por un sentido de responsabilidad hacia su propia gente y la gente del mundo… hemos tomado y seguiremos tomando medidas determinadas y prácticas para abordar este desafío y proporcionar la ayuda a otros países en vías de desarrollo en la medida de nuestra capacidad”. En esa dirección y en el marco de una visión estratégica de largo plazo, China es uno de los países que más ha avanzado en la reconversión energética de su economía.

    En esa dirección, China plantea cuatro principios comunes para abordar el cambio climático:

    En primer lugar, destaca el principio de las “responsabilidades comunes pero diferenciadas”; que ya es uno de los consensos globales en torno al cambio climático. En efecto, “la adhesión a este principio es crítica para mantener la cooperación internacional para  el cambio climático en el camino correcto”. Por ello, es fundamental negociar no sólo en el contexto de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, sino también en la dirección del Protocolo de Kyoto y de la hoja de ruta de Bali. En efecto, “los países desarrollados deberían cumplir la meta de reducción de emisiones” acordadas en el Protocolo Kyoto. Este punto, une a China con el Alba (y su “Acuerdo de los pueblos”) y el G77.

    En segundo lugar, todos los países deben tener beneficios como consecuencias de los acuerdos globales para frenar el calentamiento global y sus efectos. Ese debe ser “el objetivo de nuestro esfuerzo”. En efecto, “el cambio climático no respeta ninguna frontera, y ningún país es inmune a él. Responder a este desafío requiere la cooperación y la acción coordinada de la comunidad internacional. Los países desarrollados deberían apoyar a los países en vías de desarrollo en abordar el cambio climático…. Debemos fomentar la idea de que ayudando a otros nos ayudamos a nosotros mismos y hacer nuestro esfuerzo en el cambio climático mutualmente ventajoso tanto para países en vías de desarrollo como para desarrollados y un mutualmente ventajoso tanto para los intereses de países individuales como para los intereses comunes de humanidad”.

    En tercer lugar, es de vital importancia no frenar el desarrollo y modernización de los países. No sólo se trata de impulsar y estimular el crecimiento económico de cada país, sino también de generar un desarrollo global más inclusivo en el que se respete la naturaleza y se fomente el desarrollo sustentable. En efecto, “los países en vías de desarrollo tienen que hacer un equilibrio entre el crecimiento económico, desarrollo social y protección del medio ambiente, reforzar la capacidad para el desarrollo sostenible y evitar el viejo camino “de contaminar primero y limpiar más tarde”. Si este fue el mecanismo de expansión y crecimiento del capitalismo hasta las últimas décadas (sin desconocer lo que ocurre hoy), en la actualidad hay que hacer el giro hacia el desarrollo sustentable.

    En cuarto lugar, surge el hecho del financiamiento y la transferencia tecnológica. En efecto, “los países desarrollados deberían tomar su responsabilidad y proporcionar apoyo financiero nuevo, adicional, adecuado y previsible a países en vías de desarrollo”. En esa dirección, “las tecnologías ecológicas deberían servir mejor a los intereses comunes de humanidad. A fin de permitir a los países en vías de desarrollo tener el acceso a tecnologías amistosas con el medio ambiente, es necesario establecer un mecanismo interactivo sano con gobiernos que juegan un papel de liderazgo”. De este modo, hay que avanzar hacia la reconversión energética.

    Sobre la bases de estos principios China ha logrado importantes avances en sus desarrollo económico-ambiental. En efecto, con una visión de largo plazo los chinos se están convirtiendo en un ejemplo de reconversión energética y de adaptación al cambio climático. Para Hu Jintao lo más importante es poner “los intereses de la gente primero”. En esa dirección, “hemos puesto la cultura de la conservación como una tarea estratégica principal. Adherimos a una política de Estado básica de conservación de recursos y de protección ambiental” llamada “Programa de Cambio Climático Nacional”.

    Se trata de un programa que “incluye objetivos nacionales obligatorios para reducir la intensidad de la energía, la descarga de contaminantes y el aumento de la forestación… para el período 2005-2010. Solamente reduciendo la intensidad de energía, China puede ahorrar 620 millones de toneladas de carbón en el período de cinco años, equivalente a disminuir 1,5 mil millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono”.

    Como una manera de seguir profundizando en los próximos años sus respuestas al cambio climático, China pondrá en marcha dentro de su “programa nacional” las siguientes medidas:

    En primer lugar, mejorar la eficiencia energética. “Procuraremos limitar las  emisiones de dióxido de carbono por unidad del PIB en márgenes importantes teniendo al 2020 el nivel del 2005”.

    En segundo lugar, el desarrollo de energías renovables y energía nuclear. “Procuraremos aumentar la parte de  combustibles no fósiles en el consumo de energía primario a aproximadamente el 15 % hacia 2020”.

    En tercer lugar, un fuerte desarrollo forestal. China aumentará “la absorción de carbono mediante desarrollo forestal. Procuraremos aumentar la cobertura forestal en 40 millones de hectáreas y el volumen de reserva forestal en 1,3 mil millones de metros cúbicos hacia 2020 desde los niveles del 2005”.

    Finalmente, en cuarto lugar, el desarrollo de una economía verde. “Aumentaremos el esfuerzo de desarrollar la economía verde, la economía baja en carbono y la economía circular, y realzar la investigación, el desarrollo y la diseminación de tecnologías amistosas con el clima”.

    Sobre estas bases e ideas China participó en Copenhague (COP15). Afirma, Hu Jintao que “estoy convencido de que mientras 1) adoptemos una actitud responsable hacia nuestros respectivos países… 2) sosteniendo el UNFCCC y su Protocolo Kyoto como el canal primario (para las negociaciones), 3) manteniendo el  principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y 4) el mandato de la hoja de ruta de Bali, haremos de la Conferencia de Copenhague un nuevo jalón en la cooperación internacional para enfrentar el cambio climático. China está preparada para juntar las manos con todos los países para construir un  futuro aún mejor para las generaciones que vienen”.

    Lo que pasó en Dinamarca, es otra historia. Su acuerdo ilegítimo y de espaldas a la Convención congeló muchas de estas ideas en el plano global. Pero, China sigue avanzando en su proyecto de potencia económica verde.

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