• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    , en Río Bueno. No hay comparación posible. Allá encuentras todo tipo de patrones, pero siempre te van a pagar más y casi siempre te van a tratar mejor” (Mari).

    “Es re difícil a veces tener que aguantar el mal carácter de mi patrona. Es clasista más encima …siempre te está haciendo sentir que ella manda y que desconfía de una, como si fueran a robarle sus cosas. No creo que la aguante hasta fin de año”. (Carmen).


    “Aquí te pagan unas chauchas y el viejo asqueroso se quiere pasar de listo. Y pa mí eso es complicado, porque no le voy a aguantar leseras, pero tampoco me puedo arriesgar a perder la pega. Hace tiempo me pasó lo mismo en otro trabajo, el caballero se me metió a la pieza y yo no le aguanté el salto. Cuando llegó la señora, le dije y ella se indignó ¡conmigo!. Entre los dos, me echaron sin pagarme nada.” (Sonia).

    “Ya. ¿Qué querís que te diga? Eso sí, no me saquís foto ni digai mi nombre. Mi patrona es floja, arribista y mala paga. Las tiene todas. Los tres cabros chicos son amorosos, pero mal criados. El caballero es buena persona, tranquilo y me trata bien, pero igual la pega es harta: llego a las 7 y media de la mañana y me voy a veces casi a las 10 de la noche. Por cincuenta lucas mensuales. ¿Cómo lo hallai? (Joanna).

    No sería raro que a más de alguna Mari, Sonia, Carmen o Joanna sus patrones les llamen la atención por haber entregado su testimonio a El Ciudadano, pese a que todos ellos son nombres de fantasía “para proteger a las inocentes”. Claro, porque resulta que estas historias –y otras peores- ocurren demasiado frecuentemente en la zona. Y confluyen para ello diversas causales: por una parte, la necesidad de trabajar de muchas mujeres que deben sostener a sus familias, en comunas donde el trabajo es escaso y mal pagado. Por otra, la indefensión en que se encuentra una amplia mayoría de las trabajadoras de casas particulares que trabajan sin contrato y son sobreexplotadas por desconocer la legislación que las protege (que dicho sea de paso, tampoco las protege demasiado). Y esto último está asociado a la carencia de organizaciones de tipo laboral o sindical en nuestras comunas, donde el trabajo aún tiende a parecerse mucho al que realizaban los siervos de la gleba durante el feudalismo, con “empleadores feudales”, amos y señores del trabajo y casi de la vida de sus empleados. En este esquema, todo aquel que intente alzar la voz es marginado, todo aquel que promueva la organización laboral es tildado casi como “peligro público”.
    Peor aún es el caso de las trabajadoras de casa particular, que por el hecho de ser mujeres, están sujetas a más exigencias (porque en la visión retrógrada predominante, “las mujeres nacen para hacer las cosas de la casa”) y mucho más expuestas al acoso sexual de ciertos patrones y de todo “macho” que frecuente el hogar donde ellas trabajen (es casi una maldición para una “nana” ser joven y atractiva). No está de más agregar que a las mujeres, en este país, se les paga menos aunque trabajen más.

    CHARLA INFORMATIVA
    Recientemente se realizó en Río Bueno una reunión informativa, promovida por el Colegio de Contadores y la emisora local, “Entre Ríos F.M.”, en la que el jefe de la Inspección del Trabajo de La Unión y Río Bueno, Juan Carlos Castelblanco, clarificó a los asistentes los alcances del Capítulo IV del Código del Trabajo, que regula precisamente la situación laboral de estas trabajadoras. Señaló, por ejemplo, que el sueldo que se les pague debe ser como mínimo de $ 95 mil pesos por una jornada completa que –en su caso- es de doce horas. Una trabajadora de casa particular puede estar a prueba en una casa durante 15 días, luego de los cuales sus empleadores pueden decidirse o no a contratarlas, pero en cualquier caso deben cancelarle el valor de esos días trabajados. El contrato de trabajo es algo indispensable (pero pocos empleadores lo realizan) porque allí debe especificarse la labor que ellas van a desarrollar: lavar, hacer aseo, cocinar, cuidar niños, etc. Debe contener además los horarios de trabajo y el régimen de salidas. Este documento es fundamental a la hora en que la trabajadora formalice reclamos ante la Inspección del Trabajo. Lo problemático para los inspectores es poder fiscalizar en una casa particular, porque los propietarios pueden negarles el ingreso. En ese caso, la trabajadora debe formalizar la denuncia ante el Juzgado y obtener una orden del magistrado para que el Inspector del Trabajo pueda ingresar al hogar, acompañado de la fuerza policial. Para muchas trabajadoras, este trámite es algo impensable por lo engorroso, por lo difícil que resulta probar muchos de los abusos que puedan estarse cometiendo contra ellas y porque “meter juicio” es una forma segura de perder la “pega” y –tal vez-de no poder encontrar otra. Coincidente con nuestra opinión, para Juan Carlos Castelblanco una mejoría concreta en las relaciones patrón-empleado pasa por un cambio cultural. “Sobretodo porque el empleador más antiguo es mañoso, sabe cómo burlar la legislación”- asegura.

    ASOCIACIÓN GREMIAL
    En el plano organizativo, la Asociación Nacional de Trabajadoras de Casa Particular (Anecap) es la instancia gremial de las “asesoras del hogar”. Su labor es “promover el desarrollo personal y social de sus integrantes”, “fortalecer la identidad y la conciencia” de ellas y “luchar por sus derechos y la dignificación de la profesión”, de acuerdo a lo señalado en un folleto de la organización. Anecap tiene su sede más cercana en Osorno y está en vías de constitución en La Unión. Importante sería que las trabajadoras riobueninas comenzaran a agruparse, se contactaran con su gremio y pudieran comenzar a dar la pelea por su dignificación y por obtener el respeto profundo que merecen quienes suelen ser madres sustitutas, consejeras y pilares de tantos hogares que, en demasiados casos, no les retribuyen nada de lo que ellas entregan a costa de postergar frecuentemente su propia vida familiar y su desarrollo personal.

    Nano

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...