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    fuente: letra.org

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    El pasado viernes, la portada de la web de El País despistaba a más de uno: “Última hora”, destacaba un texto sobre fondo azul. Al final, la última hora, que no lo era tanto, llevaba a una oferta de coches seminuevos de Peugeot.

    fuente: letra.org

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    Pero es que la versión en papel tampoco mejoraba la perspectiva del asunto. Una de las noticias resaltadas de la portada, decía “Cerca. Una conversación privada entre Rafa Nadal & John Carlin”, y a final resulta que era un anuncio del Banco Sabadell y no una de esas entrevista cruzadas entre personajes famosos.

    ¿Para qué tanto despiste?

    El creciente peso económico de la publicidad ha venido acompañado en estos últimos años por un problema también creciente, la saturación publicitaria. Incluso en un escenario de crisis económica como el actual y un descenso pronunciado de la inversión publicitaria, la saturación de la comunicación comercial hace peligrar su eficacia. Un estudio de la agencia Universal McCann cruzando los datos anuales de inversión publicitaria y los niveles de audiencia medidos por Sofres, concluía que el aumento de los minutos publicitarios televisados habría supuesto, desde el año 2001 al 2007, un incremento del 62% en el coste económico para conseguir que el espectador recuerde un anuncio .

    Ante la dificultad de hacer ruido en un escenario de publicidad chillona, la estrategia contraria parece la más rentable: aparentar otra cosa con más prestigio, como la noticia periodística. El problema es que no es una anécdota, sino una tendencia entre dos espacios antes bien diferenciados: mientras la información periodística se va pareciendo cada vez más a eslóganes asombrosos, la publicidad quiere formar parte de nuestra vida de forma silenciosa y natural.

    Ya no extraño, por tanto, que incluso las malas noticias sobre los grandes anunciantes se terminen convirtiendo en periodismo de propaganda empresarial: recordemos, sin ir más lejos, la noticia que fueron capaz de crear El País y Público sobre El Corte Inglés hace un par de años.

    El bazar periodístico

    Es difícil decir en qué momento el periodismo ha pasado a ser una nueva forma de comunicación publicitaria, pero sin duda ha habido episodios destacados. Uno de ellos fue el suplemento Bazar de El País.

    fuente: letra.org

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    Cada tres meses El País te regalaba con el periódico un tocho de 300 páginas llamado Bazar , La guía de compras de El País: “Preparados, listos, Shopping!”, decía en la portada el número 2.

    Según la publicación, pretende convertirse en referente en el mundo de las tendencias, las compras y el consumo a lo largo de las siete secciones en las que se divide la revista: mujer, cosmética, niños, hombre, ocio, tecnología y casa.

    Con una tirada de 700.000 ejemplares gratuítos y editada por Progresa, compañía propiedad del Grupo Prisa, la comercialización de la nueva revista se gestionaba directamente desde el departamento de publicidad de El País.

    Un nuevo paso más hacia la disolución del periodismo, una nueva etapa para la publicidad sentimental.

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