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    En el año 2016, Brasil logró un catastrófico récord: su tasa de homicidios se ubicó en 30 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Las armas de fuego causaron el 71,1% de las 62.517 muertes registradas en el país ese año. Para que tengan una idea, el índice de violencia criminal es 30 veces superior a la media europea.

    Se trata de cifras registradas en el Atlas de la Violencia 2018, elaborado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea, por sus siglas en portugués) y por el Foro Brasileño de Seguridad Pública.

    Hay una tragedia particular que se esconde en esas cifras. Entre 2006 y 2016, la tasa de homicidios entre la población afrodescendiente se incrementó en un 23,1%, mientras que para el resto de la población decreció en 6,8%. La exclusión racial, entre líneas, sigue siendo una norma en un país que figura entre las primeras 10 economías del mundo

    De acuerdo con el Atlas de la Violencia, el 71,5% de las personas que fueron asesinadas durante 2016 en Brasil, eran negras. En la nación amazónica el porcentaje de población afrodescendiente es poco menor al 50%, en total 97 millones de personas. ¿Por qué la disparidad entre esa cifra y la tasa de homicidios que los afecta?

    Una de las respuestas es la exclusión estructural. La población constituye la mayoría de los pobres del país. El 34,5% de los adultos afrodescendientes son pobres en Brasil, mientras que entre los “no negros”el porcentaje es de 26,6%. Ello, antes de la llegada de Michel Temer al poder.

    Marielle Franco, mujer negra, sexodivesa y de izquierda, su asesinato se convirtió en un símbolo de la violencia opresora en Brasil

    La regionalización de la violencia

    Así como los índices de criminalidad afectan de manera acentuada a la población negra, también se refleja de forma desigual en las regiones del país. En el noreste y el norte del país el aumento de la violencia fue superior al resto de la geografía brasileña.

    Se trata de las regiones más depauperadas, también donde hay mayor número de mestizos y afrodescendientes.

    El medio “Brasil de Fato” citó declaraciones del antropólogo y fundador del curso de Seguridad Pública de la Universidad Federal Fluminense, Lenin Pires, quien expuso que la desigualdad social y racial son reforzadas por una justicia que representa “la expresión de las clases privilegiadas de las oligarquías”.

    “En ese panorama estamos, es verdad, en una eliminación étnica no declarada. Es un genocidio no declarado de algunos segmentos. Es esa desigualdad que gana mayor proporción justamente, en función de la desigualdad jurídica, donde cada vez queda más claro que el sistema judicial tiene predilecciones. Ellos van a administrar justicia entendiendo que hay sujetos que son merecedores de condena, otros de una condena especial y otros que no son merecedores de ninguna condena”, expuso Pires.

    El estudio del Atlas de la Violencia en Brasil tiene otro dato demoledor. En 2016, el país registró una tasa de 4,5 homicidios de mujeres por cada 100 mil brasileñas. El aumento con respecto a 2006 fue del 6,4%. De todas las asesinadas en 2016, el 71% fueron mujeres negras. Curioso.

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