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    La candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, es la primera en ser representada por uno de los dos grandes partidos hegemónicos de Estados Unidos. Sin embargo, no es la primera mujer en aspirar a la presidencia de EE.UU. Este mérito se lo lleva Victoria Woodhull.

    victoria_woodhull

    Woodhull se postuló hace 144 años, en 1872, nominada como candidata a la Casa Blanca por el Partido por la Igualdad de Derechos cuando tenía 33 años. Su candidatura se dio casi medio siglo antes de que las mujeres obtuvieran el derecho a votar en Estados Unidos.

    Woodhull tenía menos de la edad exigida por ley para presentar una candidatura presidencial (35) por lo que no obtuvo ningún voto electoral, no obstante, no se logró confirmar cuántos votos populares logró.

    Su paso al frente puso de manifiesto el progresivo crecimiento del movimiento sufragista y feminista en el país. Fue una mujer innovadora que no solo se postuló a ser jefa de la Casa Blanca, sino que también fue corredora de bolsa en Nueva York , un mundo financiero dominado por hombres.

    Vía libre para las mujeres

    Tras la experiencia de Woodhull, varias mujeres que han sido candidatas a la presidencia de ese país.

    El mismo partido de la pionera, después llamado Partido Nacional por los Derechos Igualitarios, postuló en dos oportunidades (1884-1888) a la segunda mujer: Belva Ann Lockwood, quien fue la primera en aparecer en las papeletas oficiales.

    En 1940 cuando, en plena II Guerra Mundial, Gracie Allen, una comediante enrolada en el partido ficticio Surprise, hizo de su candidatura una gigantesca broma final.

    20 años antes ya las mujeres tenían derecho a votar pero en ningún caso podían acceder a las élites de los dos grandes partidos dominadores de la política estadounidense, el Republicano y el Demócrata.

    La cuarta candidata en intentarlo fue la primera mujer afroamericana, Charlene Mitchell, quien representó al Partido Comunista en 1968. En las elecciones solo accedió a las papeletas y a las urnas electorales en dos estados, y recibió apenas un millar de votos.

    Desde entonces, todos los ciclos electorales contaron con mujeres presentando sus candidaturas, pero desde partidos minoritarios y siempre sin voto electoral.

    Tras el intento de varias mujeres, llegó Jill Stein en representación del Partido Verde el tercero más votado de las últimas décadas. En el 2012, Stein rompería todos los registros y culminaría la que, hasta este año, ha sido la mejor actuación electoral de una mujer en las presidenciales de Estados Unidos: 468.907 votos populares (pero ninguno electoral).

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