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    El descubrimiento del pigmento de lapislázuli, una gema de característico color azul ultramar muy apreciada en joyería desde la antigüedad, que fue conservado en el cálculo dental de una mujer religiosa en Alemania, está por cambiar la historia escrita de la Europa Medieval (Siglo XI o principios del XII).

    Así lo sugiere un trabajo científico que estudió los restos mortales de un cementerio medieval conectado con un monasterio femenino en Alemania, donde se cree  que ya existía una comunidad de mujeres en esa época.

    El trabajo publicado en Science Advance habla del hallazgo del ultramar, un pigmento azul brillante producido a partir de la piedra de lapislázuli extraída solo en Afganistán durante la época. Raro y tan caro como el oro, encontrarlo en la dentadura de la mujer abre la posibilidad de nuevas teorías en el contexto del arte medieval.

    Según ellos, la aplicación de ultramar muy puro en obras iluminadas, para ese entonces, se restringió a libros de lujo de gran valor e importancia, y solo a los escribas y pintores con habilidades excepcionales se les había confiado su uso. Las mujeres no tenían cabida en estos oficios, al menos eso es lo que se conoce hasta el presente.

    Escritos anónimos

    La investigación detalla que antes del siglo XV, sin embargo, los escribas rara vez firmaban sus obras, lo que planteaba dudas sobre la identidad de los primeros escribas e iluminadores, y es allí donde surgen las nuevas incógnitas sobre la presencia femenina en este arte de los ilustradores de oficio.

    De acuerdo con los científicos, entre los libros en las bibliotecas del monasterio de mujeres, menos del 15 % tienen nombres o títulos femeninos, y antes del siglo XII, menos del 1 % de los libros se pueden atribuir a las mujeres.

    Durante mucho tiempo se asumió que los monjes, en lugar de las monjas, fueron los principales productores de libros durante la Edad Media. De hecho, “las investigaciones históricas recientes cuestiona este punto de vista, revelando que las mujeres religiosas no solo eran alfabetizadas, sino también productoras y consumidoras de libros”, explica el estudio.

    En Alemania y Austria, agregan, las mujeres religiosas desempeñaron un papel particularmente activo en la producción de libros, y su trabajo como escribas e iluminadoras se remonta a finales del siglo VIII.

    Sin embargo, identificar las contribuciones tempranas de las mujeres religiosas a la producción de libros medievales, objetivo del estudio, es un desafío, debido al número limitado de libros sobrevivientes, la documentación precaria de los monasterios de mujeres y la tendencia de los escribas a dejar su trabajo sin firmar.

    Los resultados obtenidos sugieren a los investigadores que el cálculo dental se puede usar para ayudar a identificar escribas y artistas en el registro arqueológico y para ayudar en la reconstrucción histórica de los monasterios de mujeres y su papel en la producción de libros.

    Las pesquisas realizadas hasta la fecha se han efectuado en un complejo de iglesia-monasterio medieval en el sitio de Dalheim cerca de Lichtenau, Alemania.

    Discusión científica

    En el detalle del estudio, los investigadores se han dado a la tarea de dar respuesta a las incógnitas de “cómo una mujer de mediana edad, que vive una vida de trabajo físico aparentemente bajo y que está enterrada en un cementerio asociado con la comunidad religiosa, llegó a tener un pigmento mineral tan raro y caro en su cálculo dental”. El asunto no es del todo claro.

    En tal sentido, proponen cuatro escenarios posibles: (i) era una escriba o pintora de libros dedicada a la producción de manuscritos iluminados, (ii) trabajaba en la preparación de materiales de artista para ella u otros escribas, (iii) consumía lapislázuli en el contexto de la medicina lapidaria , o (iv) realizó una emotiva oscilación devocional de libros iluminados producidos por otros.

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