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    Samantha Flores, una mujer trans de 87 años, sufrió en carne propia las consecuencias de la discriminación. Sin embargo, no se dejó amilanar y, pensando en sus similares, se anotó un hito en la historia de América Latina.

    El año pasado, después de un arduo esfuerzo, logró abrir las puertas de una casa de día, denominada Laetus Vitae, para los adultos mayores de la comunidad lésbica, gay, bisexual, transexual e intersexual (LGBTI).

    Está ubicada en la Ciudad de México y es la primera de este tipo en Latinoamérica. Su objetivo es ser el espacio de encuentro para que estas personas compartan con otros sus experiencias y reciban apoyo de profesionales.

    Flores dirige la casa donde los adultos mayores de esta comunidad comparten. Foto: Web.

    Lo que motivó a Flores a darle vida a este proyecto fue la muerte de un gran amigo cuando comenzó una epidemia de VIH en el país, reseñó El Universal.

    No fue fácil concretarlo. Su sueño se esfumaba frente a las contradicciones de las autoridades que no le negaban el apoyo, pero tampoco se lo daban.

    El primer avance llegó con un donativo con el que pudo arrancar la asociación y, luego, recolectó lo que faltaba para rehabilitar una bodega abandonada donde se instalaron.

    “Como la comunidad LGBTI ha sido tan discriminada, aquí la puerta está abierta para todo el mundo“, ha dicho en reiteradas oportunidades la fundadora de Laetus Vitae.

    Los encuentros se dan los martes, jueves y sábados y el éxito ha sido tal que ahora los acompañan en sus actividades vecinos que no son de la comunidad sexo diversa.

    Entre los beneficios que ofrecen a los adultos mayores están el apoyo psicológico, la asistencia en el uso de Internet, la posibilidad de efectuar consultas médicas y el disfrute de un cine club, refirió el portal Animal Político.

    Gracias al trabajo de voluntarios, estas opciones se brindan de manera gratuita. Además, el padre Vincent C. Shwahn, otro líder del proyecto, ofrece una misa ecuménica todos los domingos.

    “Servimos como un centro comunitario, porque creamos comunidad y estamos creando vínculos entre la comunidad y los que viven alrededor. Eso ha sido lo más bonito del proyecto. Gente que tal vez jamás se daría la oportunidad de conocer a una persona trans, gay o lesbiana puede venir, puede conocer y darse cuenta de que no pasa nada. Es importante romper esas brechas y crear comunicación entre estas comunidades”, detalló.

    La dificultad del financiamiento

    Desde el inicio del proyecto está presente el riesgo de la falta de financiamiento. Por eso, trabajan paso a paso y desarrollan diversas actividades para captar donaciones.

    La primera campaña para recoger fondos fue en mayo de 2017. Con lo recaudado, pagaron la renta del lugar y los servicios de agua, luz y teléfono; también lo amueblaron con un par de computadoras para los talleres de computación e Internet.

    Ahora necesitan ampliar el espacio, porque cada vez reciben más adultos mayores. En vista de eso, pusieron en marcha otra campaña para solicitar fondos y, adicionalmente, planifican una fiesta con el mismo objetivo.

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