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    En nuestra edición anterior nos referimos a la serie de antecedentes que dan cuenta de la posibilidad de que el criminal nazi y mano derecha de Hitler, Martin Bormann, hubiera establecido su hogar en distintos lugares de la provincia de Valdivia. Ocultándose, tras arrancar de su Alemania natal, se supone que vivió bajo el seudónimo de Juan Keller.


    Accidente Radioactivo
    El anciano Boris Ocampos, señala haber sido su secretario personal y nos cuenta que “él (Keller) viajaba constantemente, siempre iba a convenciones de la madera, en todo Chile y el continente. Durante los primeros años de la década de los ’60, me enteré por la revista ‘Vea’, que se le relacionaba con Martin Bormann. Cuando esto apareció en los diarios, al parecer don Juan Keller tomó conciencia, agarró su maletita y se mandó a cambiar. Aquella vez nunca más volvió. Eso es lo raro, por eso se cree que tiene que ver con los nazis y que pudo ser Bormann”.

    SIMILITUDES Y DIFERENCIAS
    El parecido físico entre ambos parece cimentar esta tesis. Aunque no hemos dado con fotografías de Keller, las instantáneas existentes de Bormann se ajustan a la descripción física que se hace del primero. El mismo Ocampos lo describe como “un hombre macizo, de al menos 1 metro 78, casi calvo, pelo en los lados y hacia atrás, gordito, tez rojiza, cachetón, ojos azules profundos, no usaba lentes, tenía muy buena vista, con una mirada casi inquisidora. Cuando lo conocí era una persona de alrededor de 50 ó 55 años”.
    No obstante, los rumores de que el agricultor era un criminal nazi escapado de Alemania, comenzaron recién llegado al sector. Un historiador local señala que lo conoció por negocios: “Juan Keller apareció de la nada, no se sabe su origen. Se decía que venía arrancando. Era un hombre gordo macizo, típico nazi. Tiempo después desapareció, dicen que por cheques protestados. Algunos dijeron haberlo visto en Argentina y después en Alemania. Fue allí cuando se dijo que era Martin Bormann”.
    Una anónima dueña de casa de La Unión afirma que lo trató “en el año 1956, cuando yo tenía 8 años, pues jugaba con su hija (Eliana) a las muñecas. Lo recuerdo enorme, me intimidaba. Sólo después de que me casé, por la década del 70, me enteré de que él era Martin Bormann. Yo creo que esa niña debe estar viva”. Pero por más que El Ciudadano trató de dar con el paradero de Eliana Keller, nos fue imposible ubicarla.

    LOS NAZIS DE LA POST GUERRA
    Los rumores de que Keller era Bormann fueron creciendo a medida que los años tejían la trama de esta leyenda. Boris Ocampos señala que “es dudosa la forma en que se fue, es como si se hubiese arrancado de algo muy importante. Lo raro es que cuando se fue, dejó todo. De hecho, recién había comprado una flota de 11 camiones. Tenía máquinas trilladoras, tractores y animales, que utilizaba para el trabajo maderero. Por falta de dinero o quiebra de sus negocios no se fue, porque esto no era posible: plata había”.
    Antes de la Segunda Guerra Mundial, en Chile, y de manera particular en el sur, había muchos profesores alemanes que eran abiertamente nazistas. Sin embargo, después del conflicto se fueron todos o la mayoría de vuelta a su tierra natal. A los ojos públicos, no quedó nadie que practicara esta ideología. Según nuestro anónimo historiador, “a La Unión no llegó ningún otro nazi, aparte de él, y eso asumiendo que fuera realmente cierto que Juan Keller era Bormann”.

    ¿QUÉ PASÓ CON KELLER?
    Pero no todo encaja en esta misteriosa historia. Aunque físicamente eran parecidos, sus manías eran distintas. Según trascendió, a Martin Bormann no le gustaba tomar café y Keller lo hacía todo el día. A ambos les gustaba fumar puros, pero Keller lo hacía mientras tomaba café o leía revistas alemanas, en tanto a Bormann tampoco le agradaba tanto la lectura.
    Respecto al paradero de Juan Keller, no hay acuerdo acerca del lugar al que habría escapado: se habla de Argentina, Brasil, Alemania y hasta México. Boris Ocampos asegura que la supuesta hija del enigmático personaje, Eliana Keller, habría recibido hace 10 años una carta de su padre. El anciano dice que “(ella) vino hace 5 años atrás a La Unión y conversó con mi hijo, que se llama igual que yo. Preguntó por mí, pero al final no me ubicó. Creo que contó que su padre le había escrito desde Alemania, pero que al parecer siempre se estaba trasladando de lugar, como si arrancara. Incluso decía que él andaba haciendo diligencias para recuperar su fundo, hace algunos años atrás”.

    Dennys Salazar Ñirril
    Jorge Quagliaroli Villanueva

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