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    En la madrugada del 4 de Julio, aquejado su corazón de soportar una conferencia de grasa añeja y azúcar acumulada de sangre ajena, dejó de infectar territorio chileno y cercano, el sádico de dotes naturales y sueldo fiscal, su excecrencia Osvaldo Romo Mena.


    Duele el duelo en la Derecha Empresarial este día, uno de sus mejores asesinos ha partido.

    Osvaldo Romo (Chato) alias en Comandante Raúl fue un destacado dirigente Poblacional Notorio militante de la Unión Socialista Popular (Usopo) durante el gobierno de Salvador Allende.

    A renglón seguido, después del golpe militar del año 1973 por el brazo armado de los empresarios y usureros varios, este oscuro personajillo dio un giro colosal en sus posturas políticas. Se unió rápidamente a la delegación de la muerte. Unos dicen que siempre fue un infiltrado, otros que se subió a la ola de sangre y que allí navegaba a sus anchas…

    El Comandante Raúl, debido a su contacto en terreno en las barriadas mismas, se encargó de apuntar con su dedo lleno de mierda a los dirigentes de destacadas poblaciones, como Nueva La Habana, entre otras sellando el destino de los dirigentes con una tumba sobre sus sombras.

    Si este hombre de cerebro Romo, hubiese podido ver el futuro se hubiese dado cuenta que no era necesario ser ejemplar del escalafón más bajo que el reino animal puede ostentar. Como supuesto “socialista” podría haber esperado un par de años y hubiese disfrutado, gozado de los mismos y mejores privilegios y regalías que bajo el Gobierno Militar sin siquiera tocar a nadie.

    Pero no, el tipo era un carnicero, un violador, un asesino, un psicópata, un desequilibrado de tomo, lomo y pómulo fracturado. Y la gracia de su merced consistía en eso, todos los dotes naturales de verdugo esquizoide eran innatos. No había sido entrenado, adiestrado y amaestrado con pedazos de carne humana para hacer las tareas en la Escuela de las Américas, no, este engendro, este monstruo era autodidacta.

    Entonces, sus destacados méritos personales no pasaron desapercibidos por la honorable junta militar.

    Sus primeros pasos (sobre las caras de seres humanos) los dio directa y particularmente contra la organización del Movimiento de Izquierda revolucionaria (Mir)

    Hasta los últimos días de su muerte se jactó de la simpleza con la cual había que electrocutar a una persona. Se refería a las personas como pequeños animalitos que debían ser mojados para evitar dejar marcas de golpes y otras, para que el líquido aumentara el dolor de las descargas.

    Con especial saña y sapiencia opinaba que las mujeres eran más resistentes a la tortura y los electrodos en los pezones y zonas genitales eran obvios para él.

    Lo que también resultaba obvio de su accionar dentro de las salas de torturas y que rima y se afina con los criterios militares, eran las violaciones, tocaciones y vejámenes a los cuales los presos eran expuestos.

    Sabido, consabido y afirmado, es que gran parte de los torturadores expresaban las más repugnantes aberraciones sexuales en contra de los detenidos y después se iban tranquilamente a sus casas a procrear a sus descendientes que se pasean indiferentes en este mediato presente.

    Lo interesante de este fracaso de ser humano es que afina y rima las mismas características de la mayoría de todos aquellos que han estado involucrados en violaciones de Derechos Humanos.

    Contradictoriamente, a pesar de lo orgulloso y firme de su accionar, actúo con seudónimos, (la manifestación favorita de humildad de los militares en su afán de aparecer anónimos y no llevarse todo el crédito por tan valientes acciones realizadas)

    Huyó de la justicia (aunque ésta fuese de pacotilla) a refugiarse a Brasil el año 1975.
    Fue deportado después de 17 años de bronceados en el año 1992 a Chile
    Se le inculpó, acusó y procesó por una infinidad de delitos de lesa Humanidad.
    Estuvo un tiempo breve en un Resort militar ad-hoc para ex-parásitos paramilitares.
    Y entre fianzas, granjerías ofrecidas a los “conspicuos” presos militares, fue pasando el tiempo hasta que su estado de salud se agravó (el físico) y se lo llevó entre hospital, hotel militar y televisión.
    La derecha toda llora a uno de sus mejores antropófagos, cuanto aportó en el enriquecimiento de destacados empresarios aquellos años y que ahora, esos mismos se pasean entre corbata de seda, autos caros y una lágrima invisible entre pecho y billetera.

    Una vez más, otra vez más, se muere de viejo otro viejo perro rabioso, y entra baba y sonrisa enferma, como honrando a sus admiradores del norte se muere un 4 de Julio.

    La amargura, la hiel y la grasa que aceitaba sus huesos trató de contrarrestarlas con abundante azúcar, la cual, dulcemente le fue carcomiendo las piernas hasta cuando no pudo más y volvió a arrastrarse como una babosa oliva por los pisos de Villa Grimaldi.

    La cama donde murió no fue completamente metálica, tampoco le dejaron caer descargas sobre su cuerpo putrefacto de adentros, la lucecita roja de alerta que brilló en la oscuridad de la madrugada anunciando su fallecimiento, fue diana, y llamada para el infierno.

    Otra mosca muerta se lleva el invierno..

    Andrés Bianque.

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