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    Indignación e impotencia ha causado en Argentina un nuevo y dramático caso de gatillo fácil por parte de la policía de ese país, esta vez, contra Facundo, un niño de tan sólo 12 años que fue asesinado de un tiro en la cabeza cuando volvía a su casa en moto junto a un amigo, en la ciudad de Tucumán.

    La abuela del menor, Mercedes del Valle Ferreira, escribió un texto que fue publicado por la revista La Garganta Poderosa, donde acusa a la policía de “haberles destrozado la vida”.

    “Ya no me quedan lágrimas. Nos destrozaron la vida. El Negro era un niño maravilloso, lleno de amistades, que no tenía problemas con nadie. Y anteayer a la madrugada, a pocas horas de su primer día en la secundaria, lo mataron, me lo mataron. Tenía 12 años: 12 años, tenía, ¿entienden? Un niño, hermanito de otras dos niñitas, de repente pasó a estar en el hospital Ángel Padilla, tirado en un rincón, con la cabeza destrozada… Era una criaturita, mi criaturita”, señala el texto.

    Seguidamente, la mujer se pregunta: “¿Cómo se hace? ¿Cómo hacemos? ¿Quién se lleva este dolor? Para colmo, debemos soportar infinidad de historias falsas, circulando por internet o televisión, porque no, nada hubiera justificado lo que hicieron, pero mi nieto no robaba, ni manejaba un revólver, como inventa la Policía. Había terminado la primaria en la escuela Miguel Lillo con muy buenas notas y estaba por arrancar su nuevo ciclo en la ENET Nº5. Ya tenía todos los útiles, la mochila preparada y su ropa lista. Es más, acabábamos de comprar unos zapatos que no le gustaban para nada, pero los necesitaba para arrancar el colegio. Vivía conmigo y con sus tíos, en mi casa, en el barrio Juan XXIII, conocido como Villa Bombilla, en Tucumán”.

    “El miércoles a la noche, Facu salió en moto con Juan, un amigo dos años más grande, para ir a ver las picadas en el Parque 9 de Julio, como es común acá entre los changos… Al regresar, pasada la medianoche, unos uniformados les dispararon a quemarropa, así, ¡a quemarropa! No existió ningún enfrentamiento. Y en cuanto nos enteramos, salimos corriendo al hospital, donde nos recibieron con mentiras los voceros arreglados con las Fuerzas. ‘Sufrió un accidente vial’, nos dijeron. Y minutos después, la tomografía nos anunció que había fallecido por el tiro de un arma 9mm”, añade la señora Mercedes en su relato.

    En ese sentido, la abuela del menor asesinado denuncia que “la versión oficial vino acompañada por un cordón policial, porque ‘íbamos a generar problemas. Y entonces inmediatamente fuimos a la Comisaría 1ª, donde nos dijeron que los agentes ya estaban detenidos. Éramos dos mujeres y ellos un montón de hombres, apuntándonos con itakas. Nos ocultaron información y nos sacaron zamarreándonos de los brazos. Ahora, el barrio está lleno de patrullas y, mientras dejo caer estas palabras como lágrimas, comienza una razia en la otra cuadra, bajo la mira de un helicóptero policial que sobrevuela la zona”.

    “El 7 de mayo, Facu iba a cumplir 13. Y sí, soñaba ser como Messi, para poder comprarle una casa a su mamá, que vive en Santa Fe. Allá, él había jugado al fútbol en Unión de Sunchales y tenía pensado volver en unos meses. ¡No podrá! Me parece verlo ahora, jurándonos que algún día nos iba a comprar “una mansión, para poder vivir mejor”. Lo pienso y todavía no entiendo. ¿Cómo que no volveré a ver a mi nieto? ¿Cómo que no volverá a correr hasta mis brazos, gritándome “Pachona, Pachona”? ¿Cómo que lo mataron, si nunca nadie dijo nada malo de mi negrito? No puedo explicar lo que siento aquí, en el pecho. ¡No saben cuántos amigos tenía! No saben cuántos niños había en su entierro. ¡Su entierro!”, añade el texto.

    Finalmente, la mujer afirma que “ahora sólo nos queda luchar, yendo a Tribunales todos los días, caminando en los pies de todos ustedes, todas las veces que haga falta, porque nosotros no tenemos plata, pero tenemos dignidad. No entendemos y nunca podremos entender por qué hicieron lo que hicieron, pero no van a detenernos hasta que no se haga justicia, para que mi nietito pueda descansar en paz. Yo sigo llorando. No puedo parar. Siento un dolor inmenso, que ya no puedo calmar con sus abrazos… te juro, mi negrito, que no voy a bajar los brazos”, concluye la carta publicada por La Garganta Poderosa.

    Según consigna Página 12, Facundo fue asesinado de un balazo luego de que la Policía de Tucumán intentara detenerlos por “circular de forma sospechosa” en la moto. El conductor, de 14 años, terminó con una herida leve en la cabeza causada por la bala que salió por la frente de su amigo fallecido.

    De acuerdo al medio trasandino, como siempre en estos casos, hay dos versiones. La oficial, publicada en la web del gobierno tucumano, relata que mientras los “Motoristas del 911” patrullaban por la zona del parque 9 de Julio, divisaron a tres motocicletas que, para la mirada policial, “circulaban de forma sospechosa”. Cuando los agentes “iniciaron la persecución”, los jóvenes habrían comenzado a “hacer disparos con armas de fuego” y eso fue “lo que obligó al personal policial a repeler la agresión”.

    La versión de Juan, el chico de 14 años sobreviviente de ese hecho, sostiene lo contrario. En su relato a la fiscal Adriana Giannoni contó que él y su amigo fallecido, Facundo Burgos, volvían de una picada de motos que se corre en una vieja terminal de colectivos, cuando se les cruzaron tres motos perseguidas por policías. Al llegar al cruce de Avellaneda y Río de Janeiro, su amigo cayó baleado y él herido en la pierna y en la cabeza.

    Facundo fue trasladado al Hospital Padilla, donde murió a las 4.30 de la madrugada producto del proyectil que le dejó un orificio de entrada y otro de salida. Los peritos tratan ahora de determinar de qué arma provino el disparo, añade el reporte de Página 12.

    “A mi amigo lo mataron los policías, yo me salvé por milagro”, aseguró Juan al diario La Gaceta. Sin embargo, los dos agentes que habían sido detenidos quedaron en libertad. Es que en las últimas horas, agrega Página 12, los esfuerzos de la Policía provincial se concentraron en responsabilizar a los chicos de haber iniciado “el enfrentamiento”: aseguraron que un peritaje detectó restos de pólvora en la mano de Juan y hasta se dijo que en el lugar de los hechos se hallaron armas calibre 22 y casquillos de 9 milímetros. Para abonar esta posibilidad, vincularon al chico con el asesinato de un policía ocurrido en 2016.

    “No tengo dudas de enmarcar en hecho en un caso de ‘gatillo fácil fogoneado’ por la ‘doctrina Chocobar’”, indicó Matías Pisarello, responsable del área de Seguridad y Derechos Humanos Andhes, en referencia al caso del policía local de Avellaneda que hace tres meses mató por la espalda a un delincuente y que, por ello, fue elogiado por el Gobierno nacional y recibido por el presidente Mauricio Macri.

    En el caso de Burgos, “lo grave es que la misma policía acepta que comenzó una persecución a jóvenes que no estaban haciendo nada y que un chico de 11 años convertido en ‘sospechoso’ por andar en moto terminó con un tiro en la nuca, que salió por la frente”, concluyó Pisarello.

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