Bolivia: hallan un ‘cementerio de elefantes’, donde alcohólicos van a beber hasta morir

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La municipalidad  de La Paz encontró y cerró el día de ayer, una cantina clandestina donde los alcohólicos van a pasar sus últimos días, que es conocida como  “cementerio de elefantes”. Esta situación es una práctica conocida y que incluso fue retratada en la literatura y en el cine.

“Es un lugar donde algunas personas van a consumir bebidas alcohólicas hasta los últimos días de su vida, de esto se tratan los ‘cementerios de elefantes’ a los que hace referencia incluso una película boliviana” y que alude a la leyenda africana que dice que los paquidermos suelen caminar en grupos hasta determinados lugares para morir, explica a la AFP el jefe de la Intendencia municipal, Carlos Valencia.

Las autoridades, han señalado que hasta este tipo de lugares acuden quienes, sumidos en la depresión, no encuentran más salida que hundir sus penas en alcohol, encontrando en la bebida una forma de suicidio, para acabar con sus miserables existencias. Eso sí, no cualquiera entra ya que estos lugares son clandestinos y hay que golpear la puerta en clave.

Es poco lo que las autoridades han podido hacer frente al establecimiento de este tipo de cantinas. “Los encontramos y los clausuramos, porque sus funcionamientos son ilegales, pero al poco tiempo vuelven a abrir”, señala la autoridad municipal.

Entierros clandestinos

Valencia señala de forma detallada que en estos lugares pocas veces se cuenta con mobiliario ya que, por lo general, los bebedores se sientan en el piso e incluso duermen en el mismo lugar, cuando la borrachera les impide ponerse moverse.

Un baño miserable en uno de los rincones del lugar sirve para que puedan hacer sus necesidades.

Valencia además relató que se sabe que los cuerpos de quienes se mueren al interior de estos recintos son retirados durante la noche por sus propios amigos y son trasladados hasta cementerios clandestinos, en donde son enterrados.

A los desafortunados contertulios de estos lugares, los dueños del local los atienden, facilitándoles alcohol y un poco de agua mezclada con jugo “yupi”, saborizante artificial para disimular el mal sabor del alcohol que es de una pobre factura. El valor de una botella de 1 litro es de 6 bolivianos, que si hacemos la conversión a pesos chilenos, estamos hablando de que un litro de este mal licor vale al rededor de los 600 pesos.

“El sótano”

El local de estas características, encontrado ayer se llamaba “El Sótano”. Estaba emplazado en un barrio en una ladera de la hoyada de La Paz.

“Hemos verificado que era un lugar ófrico (tenebroso), con poca iluminación, con tres ambientes vacíos, que son una especie de alojamiento, donde se quedan las personas”, relató Valencia.

Al interior se encontraron a unos cinco parroquianos, a quienes se les pidió que se retiraran, ya que la ley no permite apresarlos. Sin embargo, el administrador del local sí fue detenido y remitido a la policía, donde será procesado, simplemente, por violación a las normas de funcionamiento.

“El Sótano” operaba en el subsuelo de una casa de cuatro pisos, hábilmente camuflado, y el ingreso sólo era accesible para los conocidos. Incluso se sabe que se usaban claves, para golpear la puerta y lograr ingresar.

Novela y cine

El hoy fallecido escritor boliviano Víctor Hugo Viscarra, incluyó en su libro “Borracho estaba, pero me acuerdo”, el cuento “cementerio de elefantes”, donde describe estos centros de mala muerte, donde las personas, agobiadas por problemas, deciden beber hasta morir.

El novelista, que también fue alcohólico, es autor de la obra “Alcoholatum y otros drinks, Crónicas para gatos y pelagatos”, y se describía así mismo, mezclando el humor y la tragedia personal, como “antropólogo, especialista en antros”.

Viscarra, conocido como el Bukowski Boliviano, murió de cirrosis en 2006, y ha sido uno de los pocos que ha dejado en evidencia la existencia de estos tugurios en sus textos.

“Cementerio de elefantes” fue llevada en 2009 al cine por el boliviano Tonchy Antezana, una obra de 81 minutos que narra la historia de Juvenal, un alcohólico de 33 años que decide morir allí, envuelto en un mar de alcohol, tras una atribulada vida.

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