Colombia es la ficha de ajedrez en la estrategia golpista contra Maduro

Desde el año pasado estaba cantado que Estados Unidos agotaría todos sus recursos para intentar derrocar en 2019 al Gobierno del presidente reelecto de Venezuela, Nicolás Maduro, tras su juramentación el 10 de enero.

La pregunta era quién lideraría el ataque desde la oposición venezolana y qué países de América Latina lo apoyarían. La estrategia se puso en marcha de manera frontal, el pasado 23 de enero, cuando el presidente de la Asamblea Nacional (AN) en desacato, Juan Guaidó, se autojuramentó como “presidente interino”.

Desde entonces, los venezolanos han sido sometidos a amenazas de una intervención militar por parte de Washington y a la incertidumbre de no saber en qué parará el conflicto. Para llegar a este punto de tensión fue fundamental, entre otras, la participación de la vecina Colombia, que junto a la Casa Blanca aparece como principal impulsor del plan golpista.

Esta vez, para los incrédulos, no es Maduro quien lo denuncia. Son ellos mismos quienes han revelado, muy orgullosos, detalles de cómo se fraguó desde mediados de 2018 esta estrategia.

El comienzo

De acuerdo con la información que ha trascendido en AP y El Espectador, septiembre de 2018 fue el mes que eligieron para dar comienzo a unos encuentros semanales en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.

Hasta allá se movilizaron todo tipo de conspiradores, desde los venezolanos opositores en el exterior hasta representantes diplomáticos acreditados ante la Casa Blanca, el canciller de Panamá, William Brownfield, y la segunda a bordo del Gobierno canadiense. Todos a escuchar y perfeccionar el plan con funcionarios del Departamento de Estado.

Duque se esmeró por ser parte fundamental en el diseño del plan. Foto: El Espectador.

El encargo de Trump a Colombia

A Bogotá la administración de Donald Trump le encargó la “loable” labor de consensuar con los países de la región el rechazo a la juramentación de Maduro. Para ello, los representantes colombianos ante la Organización de Estados Americanos (OEA) hicieron todas las diligencias con el beneplácito del secretario general, Luis Almagro, y los integrantes del denominado Grupo de Lima.

El mismo papel jugaron los embajadores de Argentina, Chile y Perú ante la Casa Blanca, según reveló, desde el anonimato, un dirigente opositor venezolano a AP.

“El embajador (colombiano, Francisco) Santos lideró toda una labor de advertir al más alto nivel del Gobierno y del Congreso las graves consecuencias de no presionar la salida inmediata de Nicolás Maduro. Su argumento, de que si Estados Unidos no tomaba acciones de inmediato, la Venezuela de Maduro pronto se le convertiría a la administración Trump en una Siria con petróleo o en una Somalia soportada en el negocio del narcotráfico, realmente tuvo eco”.

Con la misma soberbia, Bogotá aplicó todos los métodos para arrastrar a los países del Caribe a firmar una declaración de la OEA en la que se exigiera la transición.

El presidente colombiano, Iván Duque, se pasó por la frente los principios más básicos de la diplomacia y el derecho internacional y se reunió con Guaidó en diciembre. También, sostuvo conversaciones telefónicas con otros dirigentes de oposición en Caracas.

Además, Geoff Ramsey, subdirector para Venezuela de WOLA, un grupo de investigación y defensa de los derechos humanos con sede en Washington, mencionó el desarrollo de un encuentro de Guaidó con el asesor de seguridad nacional de EE. UU., John Bolton, y el senador Marco Rubio.

Guaidó también movió sus fichas con el presidente ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, quien aparece como otro de los impulsores del plan golpista.

La excusa de la “ayuda humanitaria”

“Lo que cambia con el nuevo gobierno de Duque es que Almagro ya no está solo en sus llamados contra Maduro. Aquí en Washington, las voces de Almagro eran gritos en el desierto, pero con la llegada de los nuevos enviados de Bogotá comenzaron a tener eco y a multiplicarse en distintos escenarios”, dijo a El Espectador un diplomático sudamericano.

Asimismo, una fuente del Departamento de Estado confirmó que la representación diplomática colombiana sostiene encuentros frecuentes con Mauricio Claver-Caron, director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, “con quien revisan los avances y desafíos de la estrategia”.

El foco de toda la estrategia parece estar en tensar más la cuerda con la excusa de la “ayuda humanitaria” que, según ha anunciado el mismo Guaidó, pretenden introducir al país por la frontera colombo-venezolana.

Diego Area, director asociado del Atlantic Council para el caso Venezuela, aseguró que el rol de Colombia será fundamental en los próximos 30 días. “Colombia debe establecerse como corredor humanitario, lo que no solo llevará alivio al sufrimiento del pueblo venezolano, sino también un claro mensaje político, muy peligroso, para Maduro”, acotó.

Para que no queden dudas explicó: “Esa estrategia, que es de Colombia, busca poner más a Nicolás Maduro contra las cuerdas. El mensaje es claro: Maduro, ante la grave situación humanitaria al que llevó a su país, deje que ingrese ayuda. Si la acepta, está aceptando el fracaso de su política, pero de no aceptarla, recibe el rechazo generalizado de la comunidad internacional por agravar la crisis en la que está sumido su pueblo”.

Por su parte, Fernando Cutz, exdirector para Sudamérica del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, indicó a AP que “Trump personalmente ha provocado mucho de esto” y “literalmente, en cada interacción que ha tenido con los líderes latinoamericanos desde que asumió el cargo, menciona a Venezuela”.

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