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    Este tema, sin duda genera un gran dilema en todo el mundo. En muchos países, la práctica es legal, mientras que en otros, sigue siendo objeto de discusiones y debates para su aprobación.

    En Colombia y México, un gran número de pacientes sufren de enfermedades terminales y desde el 2015, pueden solicitar una muerte dulce y rápida a su médico, lo mismo sucede en México, donde también pueden pedirle a su médico que se las practique o irse a las casas a morir tranquilos.

    Colombia es uno de los pocos países en el mundo que admite la muerte digna, y el único el donde la medida es reconocida como un derecho fundamental por el Tribunal Constitucional.

    Para ello, deben manifestarse en un documento firmado ante dos testigos, sin necesidad de presentarse ante un notario. Lo pueden hacer preventivamente para evitar impases ante un accidente repentino, por ejemplo. De lo contrario, la eutanasia estará a cargo de la decisión familiar basada en los hechos médicos.

    Entretanto, en México, en  2008, se aprobó el Programa de Voluntad Anticipada. En otros países, como Chile, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de Chile aprobó la idea de legislar el proyecto de la eutanasia.

    Le sigue, España, donde se está debatiendo el tema y piden una reforma del Código Penal para “despenalizar la eutanasia y la ayuda al suicidio”.

    Países Bajos fue el primer Estado del mundo en legalizar la muerte asistida, seguido de Bélgica. Por otra parte, en Suiza y varias regiones de los Estados Unidos, no está aceptada la eutanasia pero sí el suicidio asistido. El médico puede recetar un fármaco al paciente que desea morir y éste debe suministrárselo solo.

    Lo cierto del caso, es que existe el libre albedrío para que un individuo decida qué hacer con su vida y cuál sería su destino a la hora de trascender las fronteras, fallecer, estirar la pata o emprender un viaje hacia otro mundo. En muchos casos, los pacientes optan por hacerlo de manera clandestina porque la legislación de su país no se lo permite. De allí, justamente parte el dilema de decidir entre el sufrimiento y una muerte consciente y dulce.

     

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