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    Una jugada de la “justicia” de Brasil empujó la candidatura del integrante del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, cuando inhabilitó al expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva y Haddad tuvo que asumir la representación de su partido en la carrera por la presidencia.

    Desde entonces, ha tenido un arduo trabajo para intentar derrotar al gran favorito, el ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, reseñó Sputnik.

    Haddad es un hijo de inmigrantes libaneses, se crió en la clase media urbana de la ciudad de Sao Paulo y estudió Derecho en la Universidad de São Paulo, donde empezó su militancia de izquierda y años más tarde dio clases como profesor de historia.

    En 2005,  Lula lo nombró ministro de Educación, cargo que ocupó hasta 2012, cuando ya gobernaba Dilma Rousseff (2011-2016).  En 2012, se presentó a la alcaldía de Sao Paulo y obtuvo el cargo con 55,94% de los votos, tras derrotar en segunda vuelta al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña, José Serra.

    A pesar de la popularidad inicial, su labor como alcalde acabó algo desdibujada y, a nivel nacional, su popularidad fue cayendo al mismo ritmo que la del PT, al que afectaron los escándalos de corrupción, la crisis económica y el proceso de “impeachment” contra  Rousseff.

    En las elecciones municipales de 2016, Haddad sufrió una dura derrota ya en la primera vuelta.  Leda Paulani, amiga personal y colega de trabajo durante muchos años, dijo a Sputnik que él  fue blanco de la oposición, política y mediática, contra el PT. “La gente que nunca tuvo simpatía por el PT vio que Fernando era una persona honesta, con potencial, creativo, bien formado… entendieron que era un peligro, porque podía ser un candidato muy difícil de derrotar”, acotó.

    Camino a la candidatura

    En esta carrera para las elecciones del 28 de octubre, Haddad partió como llave de Lula, quien le encargó la elaboración del programa de Gobierno, previendo que la justicia acabara inhabilitando su candidatura, tal como pasó.

    En principio, la estrategia del PT apuntó a generar la idea de que votar por Haddad era votar por Lula. Tras los resultados de la primera vuelta, en la que Bolsonaro obtuvo 46% de los votos y Haddad %29,3, eso cambió.

    El candidato dejó de visitar a Lula en la cárcel y de mencionarlo continuamente en sus discursos con el objetivo de “conquistar apoyos en el electorado de centro y centroderecha”.

    Haddad no tiene el carisma y la oratoria de Lula que emociona a las masas, sino un perfil académico más templado y comedido. “No es un intelectual de esos que se queda cerrado en su caja. Tiene la capacidad de transformar ideas abstractas en políticas concretas, basta ver su actuación en el Ministerio de Educación, que dejó a Lula impresionado”, comentó el profesor de ciencia política de la Universidad de São Paulo, Cícero Araújo, quien fue colega de departamento del candidato del PT.

    La campaña sucia de Bolsonaro

    Después de la primera vuelta, Bolsonaro arreció su campaña de infamias por redes sociales y transmitió la violencia de su discurso a las calles de Brasil, donde sus fanáticos arremetían contra los que se identificaban como seguidores de Haddad.

    El candidato del PT llamó a sumar fuerzas para formar un bloque democrático que evite el ascenso al poder de un exmilitar de posturas radicales, pero solo consiguió el respaldo explícito de pequeñas agrupaciones de izquierda, mientras que el Partido Democrático Laborista, de Ciro Gomes, que quedó en tercera posición, apenas le dio un “apoyo crítico”.

    Para muchos analistas, la estrategia del PT ya pasa por garantizar una derrota digna y batallar en el Tribunal Superior Electoral para que se impugne la candidatura de Bolsonaro con base en la presunta financiación ilegal.

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