• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    Ecuador logró reavivar su economía, soberanía e identidad latinoamericana tras un profundo giro político catalizado por el liderazgo de Rafael Correa y que dio lugar a la Revolución Ciudadana, un modelo social que logró mejorar sustancialmente la calidad de vida de los ecuatorianos, levantando la macroeconomía de una nación que se encontraba empobrecida y vulnerada por la injerencia extranjera, principalmente la estadounidense.

    Esta década, marcada por el crecimiento armónico de Ecuador, posicionó al país como uno de los modelos de Suramérica no sólo en el aspecto económico sino también en el geopolítico, al ser protagonista de la integración regional y de la formación de un sólido bloque latinoamericano que enfrentó y contuvo las arremetidas sistemáticas de EE. UU. sobre el resto de los pueblos del continente americano, eso que Washington ha llamado su “patio trasero”.

    La importancia de la nación meridional en la conformación del bloque de países progresistas y soberanos fue de tal magnitud, en su momento, que tras la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2004, los países miembros de este organismo -creado para promover la hermandad entre los pueblos, la multiplicidad de sus culturas e identidad- decidieron 10 años después que su sede fuera en tierras ecuatorianas, justo en la llamada mitad del mundo.

    Durante el último año, este liderazgo ecuatoriano impulsado por el expresidente Correa y su equipo, se ha visto amenazado -en principio y con el asombro de propios y extraños- por su actual jefe de Estado, Lenín Moreno, quien llegó al cargo el 24 de mayo de 2017 gracias al apoyo que le brindó el propio Correa durante la campaña presidencial, luego de haber sido parte de su equipo al ocupar la Vicepresidencia de la República.

    La postura de Moreno, así como el giro político, diplomático, económico e incluso soberano que ha dado a Ecuador durante su primer año de gobierno, marca una profunda distancia del proyecto país que emprendió durante una década la Revolución Ciudadana y que confiadamente Correa dejó en manos de Moreno en busca de continuidad.

    Hoy, durante el primer año de Moreno en el poder, Ecuador aún percibe los frutos de las alianzas logradas por Correa en su mandato y sobre todo los beneficios económicos que dejó el modelo social inclusivo que predominó en los últimos años en el país andino.

    Prueba de ello es que durante el primer trimestre de 2018, la inversión extranjera directa en Ecuador creció 21,3% respecto al mismo periodo de 2017, según un informe del Banco Central de Ecuador, publicado por la agencia estatal de noticias Andes.

    Esta inversión ha generado ingresos superiores a los 223,6 millones de dólares desde países como Holanda, Venezuela, Uruguay y Estados Unidos.

    Es precisamente la inversión de Venezuela la que más llama la atención, pues es uno de los países de la región -que de acuerdo a los medios internacionales coludidos para boicotear el proceso revolucionario- más decaídos y vive en una profunda crisis económica que mantiene a su población al borde del colapso. Sin embargo, Venezuela aparece en ese listado como el segundo país que más ha contribuido al crecimiento de la inversión extranjera en Ecuador en 2018, al aportar tan sólo en el primer trimestre más de USD 67,8 millones; sólo superada por Holanda que aportó USD 81,9 millones.

    Verónica Artola, gerente del BCE (Banco Central de Ecuador), explicó al diario El Telégrafo de Ecuador, que en el caso de la inversión venezolana, la mayor parte va destinada hacia el área de servicios petroleros, así como al sector minero y de canteras.

    Peligrosa vuelta a la derecha

    A pesar de estas cifras -que pudieran parecer alentadoras para los ecuatorianos- el giro radical que ha dado Lenín Moreno a las relaciones diplomáticas y estratégicas de Ecuador en la región, alejan cada vez más al país de aquella integración y unidad latinoamericana que consolidó Correa; el nuevo rumbo pone al Ecuador sentado a las faldas de EE. UU. Nada más opuesto a la economía y relaciones comerciales de respeto e igualdad que promueven instancias integracionistas como Unasur y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP). Ecuador se aleja y se aleja rápido.

    Y es que el aislamiento de Ecuador con Latinoamérica se profundiza más, cuando Moreno permite que la Casa Blanca -mediante chantajes- determine las decisiones que soberanamente debería tomar su gobierno; hecho que se percibe con mayor fuerza tras la visita que realizó a Quito, el vicepresidente estadounidense, Mike Pence.

    Desde ese encuentro, la agenda diplomática de Ecuador se ha visto ensombrecida por el dictamen de Donald Trump, observada -por ejemplo- en la persecución judicial contra el expresidente Rafael Correa, el distanciamiento diplomático con los gobiernos de Bolivia y Venezuela, las críticas y medidas unilaterales contra la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y la decisión de apoyar a EE. UU. en el rechazo a la resolución a favor de la lactancia materna que espera aprobar la Asamblea Mundial de la Salud, máximo organismo de decisión de la Organización Mundial de la Salud.

    Este giro vertiginoso de Moreno -que vulnera la soberanía del pueblo ecuatoriano- se refleja en el castigo que sufre su popularidad como mandatario, que ha caído en más de 30 puntos porcentuales, al descender de 77% en agosto de 2017 a 45,9% en junio de 2018, según datos de la encuestadora Cedatos. El pueblo ecuatoriano parece no estar contento con el giro.

    Además, la falta de lealtad de Moreno con el pueblo que lo eligió y con los gobiernos progresistas que integran la Unasur, se evidenció recientemente con su decisión de desalojar a este organismo multilateral de su sede originaria, acción que se suma al sabotaje diplomático que aplican desde abril pasado los gobiernos neoliberales de Argentina (Mauricio Macri), Brasil (Michel Temer -mandatario de facto-), Chile (Sebastían Piñera), Colombia (Juan Manuel Santos), Paraguay (Horacio Cartes) y Perú (Martín Vizcarra, sucesor de Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció por sus implicaciones en casos de corrupción), que decidieron abandonar “por tiempo indefinido” este espacio.

    En ese contexto, el rol que ejerce actualmente Moreno en Ecuador, más allá de poner en riesgo evidente la unidad de la región, se asemeja al de un perro que han amaestrado muy bien para desconocer y atacar a sus hermanos, y así quedarse con el hueso arrojado desde el Norte.

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...