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    Lamentablemente Puerto Montt y Chiloé están mostrando historias parecidas a las que han sucedido en la zona norte con el salitre y en la región del Bio-Bio con el carbón y la pesca, donde los grandes intereses nacionales y extranjeros obtuvieron grandes ganancias, a costa de la pobreza y la crisis social, y dejaron territorios ambientalmente deteriorados.


    La denominada globalización constituye una realidad impuesta con diversas particularidades y niveles de resistencia según cada país. Chile, con una de las economías más abierta a la inversión extranjera, impulsada por decenas de tratados de “libre comercio” con naciones y bloques comerciales y políticos y crecientes procesos de concentración económica y transnacionalización, está generando un creciente nivel de observación de organismos multilaterales y de la opinión pública mundial, debido a las particularidades de su ortodoxa política neoliberal y su proceso de inserción política global, tal como lo es el proceso de ingreso de Chile a la OCDE.

    En un contexto en que la sociedad chilena presenta una democracia de “baja intensidad”, caracterizada por la falta de acceso a la información, control de los medios de comunicación por dos sectores empresariales y una débil participación y control ciudadano, es interesante reflexionar sobre las características que están adoptando los crecientes conflictos laborales que ocurren durante este verano en el sur del país, especialmente en la industria del salmón.

    Con un 98% de la producción destinada a los mercados internacionales, creciente concentración económica, producciones que superan los 2.5 billones de dólares el 2007 a la par de situaciones de crisis sanitarias, ambientales y laborales, se perciben claramente elementos claves para la actual discusión sobre desarrollo nacional y regional: el papel del Estado, la transparencia en el ejercicio de las políticas públicas y empresariales, la protección del medio ambiente, de los recursos naturales locales y la salud pública, los derechos laborales y de género, así como la participación de las comunidades costeras y la pesca artesanal.

    La industria exportadora de salmónidos de cultivo se caracteriza por ocupar intensivamente recursos naturales que son patrimonio de las actuales y futuras generaciones de chilenos. En este ítem se encuentran los peces pelágicos (jurel, anchoveta, sardina) destinados a la fabricación de alimento para los salmones, el recurso agua dulce y los ecosistemas marino costero en las regiones sur australes.

    Además esta actividad está utilizando y abusando del medio ambiente, al utilizarlo como un depositario de residuos industriales y químicos contaminantes utilizados intensivamente por la industria del salmón. En un reciente informe presentado en un foro empresarial, se informó que esta industria usaba en Chile 133 veces más de antibióticos que Noruega, país que produce una cantidad de salmón levemente superior a nuestro país.

    En relación al fortalecimiento de las prácticas democráticas, ésta deja mucho por desear en el “far west” salmonero. Por un lado se ve a la poderosa pero desprestigiada organización gremial de los empresarios, SalmonChile, la cual posee una desmedida y no controlada influencia sobre autoridades, políticos y medios de comunicación, mientras que en el otro extremo se perciben a sus trabajadores, con incipientes sindicatos, con una historia de reciente conformación bajo constante presión antisindical ejercida por las empresas tanto al interior y exterior de la industria y leyes laborales heredadas de la dictadura militar.

    A ello se suma una ciudadanía regional con escasa participación y acceso a la información, pocas y atomizadas organizaciones sociales y políticas autónomas.

    Moviéndose entre estos extremos, se ven a cautelosos legisladores, poderosas empresas de comunicación que siembran la desinformación y a funcionarios de alto nivel y a entes gubernamentales con escaso poder para hacer cumplir una ley de carácter tercermundista que caracteriza a esta industria exportadora global.

    Cuando en una economía regional basada en el monocultivo del salmón las empresas ven amenazados sus intereses, comienzan a chantajear a trabajadores y autoridades con la amenaza del retiro de las regiones donde operan, dejando sólo una estela de pobreza, conflictos sociales y políticos y territorios ambientalmente devastados.

    Además la imposición de la monoproducción salmonera no ha permitido la inversión en otras áreas para un desarrollo diversificado que permita responder en tiempos de difíciles.

    Es así que esta crisis de la industria salmonera provocada por años de mal manejo ambiental y sanitario, generará en la principal empresa a nivel mundial, Marine Harvest, el cierre de dos factorías de proceso y una decena de centros de cultivo, con su cuota de 1.200 trabajadores despedidos .

    La historia se vuelve a repetir tal como en la zona carbonífera de Lota o en zonas pesqueras del Bio-Bio. La compañía anuncia planes de reinserción laboral, jubilación anticipada y capacitación en otros oficios y pide que “Mamá Estado” intervenga para hacerse cargo de su mal manejo y crisis sanitaria.

    La vocera de la empresa Marine Harvest, Beatriz Ríos, afirmó que “la producción de MH está siendo seriamente afectada por la aparición del virus ISA, además de una situación biológica general que ha sido bastante compleja durante los últimos años”.

    Antes de la aparición de este virus, la propia industria anunció en los primeros meses de 2007 que la plaga del piojo de mar “Caligus” había generado la muerte de hasta un 30 por ciento de los salmones en la industria. Esta situación también, a juicio de especialistas, se debió al mal manejo sanitario, reclamo que hace años vienen denunciando las organizaciones de medio ambiente, comunidades costeras, operadores de turismo y de pesca artesanal.

    El Virus ISA y el piojo de mar que afectan a la industria son solo dos muestras de una situación generalizada de mal manejo sanitario en la industria y de una irracional carrera por producir más en los mismos espacios, sobrepasando todas las densidades de peces establecidas por los permisos sectoriales. Sólo en 2007 la CONAMA registró decenas de centros de cultivo que estaban produciendo más de lo autorizado, algunas empresas incluso producían en sus centros de cultivo más de 11 veces lo autorizado ambiental y sanitariamente.

    Lo grave de todo esto es que la respuesta de esta multinacional noruega para enfrentar esta crisis en Chile, aparte de jubilaciones anticipadas, reinserción laboral y capacitación en nuevos oficios, es su traslado a otras regiones no contaminadas, como son Aysén y Magallanes.

    Tal como ahora lo está negando el locuaz vocero de SalmonChile, César Barros, en años anteriores, Marine Harvest también negaba toda responsabilidad en denuncias acerca de su mal manejo ambiental, sanitario y laboral. Incluso luego de un panel instalado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en que se comprobó varias irregularidades ambientales y laborales de esta compañía, las cuales tuvieron que corregirlas, sus gerentes de aquel entonces, informaron en su reporte anual que todas estas acusaciones eran infundadas. De esta forma irrespetuosa, ocultaron a sus accionistas los resultados de esta investigación de la OCDE.

    La decisión de Marine Harvest es un nuevo paso a la expansión salmonera hacia las regiones de Aysen y Magallanes. Regiones donde el papel y la voluntad política del Estado es débil y sus oficinas públicas, especialmente las vinculadas a fiscalización laboral y ambiental, tienen escaso poder de hacer cumplir su mandato, menos todavía que en la Región de Los Lagos.

    Esta expansión también llama a una urgente revisión acerca de la forma como se ha ido instalando la industria salmonera en estas remotas zonas. Algunos ejemplos: en la zona de Puerto Aguirre, los pescadores han detectado a lo menos 11 playas en las que se han instalado sin ningún permiso empresas que fabrican grandes anclajes de cemento para la industria del salmón; en toda la Región no hay vertederos para recibir los desechos de las salmoneras, incluso el único vertedero que existe para desechos domiciliarios, está colapsado. Otros ejemplos son los basurales clandestinos, la matanza de lobos marinos y las numerosas muertes de trabajadores que laboran en las plataformas marinas de esta industria.

    Por todo esto, es necesario que ahora se establezca una moratoria a la entrega de concesiones salmoneras en las Regiones de Aysén y Magallanes hasta que el Estado asegure el pleno cumplimiento de las leyes nacionales, las aplicación de las recomendaciones de organismos como la Organización Internacional del Trabajo y la OCDE y se avance hacia la conformación de una política de desarrollo sustentable, equitativa y respetuosa de la cultura de estos territorios.

    Lamentablemente Puerto Montt y Chiloé están mostrando historias parecidas a las que han sucedido en la zona norte con el salitre y en la región del Bio-Bio con el carbón y la pesca, donde los grandes intereses nacionales y extranjeros obtuvieron grandes ganancias, a costa de la pobreza y la crisis social, y dejaron territorios ambientalmente deteriorados.

    ¿Esto es lo que espera el país cuando una gran empresa deja de operar a consecuencia de su mal manejo? ¿Espera que cientos de cesantes disfrazados de nuevos peluqueros, panaderos o mecánicos de autos chocados se paren en las esquinas a recordar el tiempo de cuando eran obreros? ¿Esperan que se paguen cursos de capacitación en otros oficios, cursos por lo demás que los paga el Estado?

    Salitre, Carbón y Salmon. Oro blanco, oro negro, oro naranja. La historia de los monocultivos y la “plata dulce” parece volver a repetirse en este subdesarrollado país globalizado.

    Ecoceanos

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