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    Frente a la coyuntura desfavorable del petróleo, cuyo precio por barril supera los cien dólares, y la creciente toma de conciencia de los efectos del calentamiento global, el uso de biocombustibles es una opción, considerando además la dependencia energética de Chile, que importa un 98% del petróleo que consume. Pero ¿es pertinente destinar hectáreas usadas para alimentos para seguir alimentando la máquina industrial?
    El primer motor a combustión, inventado a fines del siglo XIX por Rudolf Diesel, recurrió al aceite mineral y de maní para poder funcionar. En 1908, el primer Ford T, permitía ser usado con gasolina o alcohol, carburantes que perduraron por tres décadas. Pero en la década del ’40 los trust petroleros bajaron sustancialmente el precio del petróleo y presionaron a los fabricantes de automóviles para que los motores sólo pudiesen usar combustibles de origen fósil.

    Luego de las crisis del petróleo de 1973 y 1975, reflotan los combustibles de origen vegetal como una alternativa económicamente viable, a la cual se suman nuevas preocupaciones ecológicas. 

    ALIMENTOS PARA EL MOTOR
    Los biocombustibles se obtienen a partir del etanol, de semillas de oleaginosas o a partir de materias orgánicas. El etanol es el biocombustible más utilizado actualmente y se obtiene luego de un proceso de fermentación y de destilación de materias primas que pueden ser muy diversas, como el maíz y el trigo.
     Brasil fue uno de los primeros países que, a partir de 1975,  inició investigaciones sobre el bioetanol producido a partir de la caña de azúcar. Hoy, el 80 % de los automóviles nuevos en ese país están adaptados para poder funcionar con este tipo de combustible. Sin embargo, se puede mezclar hasta un 10 % de bioetanol con un 90% de gasolina sin que los vehículos actuales requieran modificaciones.
    Los aceites usados, grasas animales y los aceites vegetales tal como el de colza, raps o soya permiten la elaboración del biodiesel, cuya producción se concentra en la Unión Europea. Este biocombustible se puede utilizar puro o mezclado en alguna proporción con el petróleo diesel. En concentraciones que no superen el 5% normalmente no se requieren de modificaciones en el vehículo.

    Para la producción de biogás sirven todas la materias orgánicas.

    EXPERIENCIAS EN CHILE

    Este año se anunciaba como “el año de los biocombustibles”, ya que en 2006 el gobierno se comprometió a desarrollar esta fuente de energía. Pero hasta ahora la única experiencia es la de la empresa “Pullman Bus”, que construyó una planta de biodiesel a partir de aceite usado.

    Patricio Cavieres, ingeniero agrónomo, acusa “falta de voluntad política”. Como el uso de biocombustible es totalmente voluntario, “un inversionista que desee instalar una planta de biocombustibles no tiene seguridad de venta”-sostiene.

    Cavieres participó en el Primer Seminario Internacional sobre los hidrocarburos, en julio de 2006, cita que constituyó el primer paso del país hacia la producción de biocombustibles. Pero el ingeniero lamenta que “hasta ahora no sale el marco regulatorio que se requiere para producir y usar biocombustibles en Chile”.

    ¿Cuál sería la materia prima más eficiente para Chile?: “El maíz –responde Cavieres- Por 1 hectárea de maíz en Chile se pueden obtener 4500 litros de etanol”. El biogás también aparece como una alternativa interesante, según Cavieres, sabiendo que “se retiran 6 mil toneladas diarias en Santiago”.

    ¿BIO O BUSINESS?

    Los ecologistas llaman a ser muy cautos y no ver los biocombustibles como la solución a todos los problemas. Es el caso de la asociación Grain, una ONG internacional que habla de “agrobusiness” y llama a “parar la fiebre de los agrocombustibles”. Grain opina que los agrocombustibles (consideran que la apelación “biocombustibles” no tiene justificación) “ofrecen oportunidades de lucro que los promotores del nuevo esquema de los negocios “ecológicos” captaron muy rápido”.

    En varios casos, son las mismas empresas petroleras que se interesan en el negocio que representan los biocombustibles, al apreciar las ventajas fiscales que ofrecen los gobiernos para fomentar el desarrollo de esas energías “renovables”. Es el caso de Petrobras en Brasil y de Total en Europa.

    En Chile, nadie se sorprenderá de saber que el Presidente de Copec, Roberto Angelini Rossi, ya anunció el 12 de marzo, su voluntad de “llegar a producir combustibles alternativas al petróleo, usando celulosa” en conjunto con la empresa forestal Arauco.
    En varios informes, Grain señaló que considerando “todos esos cultivos y toda esa expansión de los monocultivos que son causas directas de deforestación, desalojo de las comunidades locales de sus tierras, contaminación del agua y del aire, erosión del suelo y de la biodiversidad”, agravan el calentamiento global.

    La misma idea la expuso un grupo de científicos de la Universidad de Minessota, quiénes publicaron un artículo en la revista Science en febrero pasado, inaugurando una polémica con el concepto de “deuda de carbono”.

    Joseph Fargione, autor principal del artículo, interroga si es mayor el carbón que se pierde por convertir bosques, praderas y turberas que él que se «ahorra» utilizando biocombustibles en lugar de combustibles fósiles. “Y, sorprendentemente, la respuesta es no. Esas áreas naturales acumulan mucho carbón, de manera que su conversión en tierras de cultivo redunda en toneladas de carbón emitidas a la atmósfera”, añade.

    Lo que llaman “deuda de carbono” tardaría siglos en pagarse ya que el carbono emitido en la reconversión es entre 17 y 420 veces superior a lo que se ahorra anualmente con el uso de los biocombustibles.

    La experiencia brasileña ha tenido problemas con la producción intensificada de materia prima destinada a la producción de bioetanol. El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) acusa el alza de los precios de los alimentos en Brasil que, según José Baptista de Oliveira , representante de MST, se debe al beneficio medio en la venta de productos como el etanol. “Al subir el beneficio medio, los productores agrícolas tienen tres opciones: emigrar hacia la producción de caña y aceite vegetal, aumentar el precio de su producción o desaparecer.”, añade.

    En Chile también las asociaciones ecológicas vigilan el desarrollo de los combustibles. Luis Monasterio, de Acción Ecológica, señaló que la “producción de biocombustibles estará en una relación inversa a la producción de alimentos”. Esto significaría “a mayor producción de biocombustibles, menor producción de alimentos y  a muy altos precios, pues los suelos  son finitos”.

    Para este ingeniero,  la solución no radica en la producción de los combustibles que sería sólo una “quimera” sino en el “cambio de nuestra conducta depredatoria” ya que así “podremos ocupar petróleo o biocombustible en forma racional y por largo tiempo”.

    Margaux Collet
    1- www.grain.org ver Informe “¡Paremos la fiebre de los agrocombustibles!”
    2- www.sciencemag.org “Land Clearing and the Biofuel Carbon Debt”, Joseph Fargione, Jason Hill, David Tilman, Stephen Polasky, Peter Hawthorne.
    3-entrevista traducida por Àlex Tarradellas en http://www.rebelion.org

    RECUADRO
    -Bioetanol: Es un alcohol que se elabora principalmente a partir de la fermentación, fundamentalmente, de la caña de azúcar, del maíz o del raps, su producción es 12 veces más importante que la del biodiesel (50 millones m³ de bioetanol vs 4 millones de m³ de biodisel en 2006).
    -Biodiesel: Elaborado a partir de aceites vegetales o grasas animales (cerdos, bovinos).
    -Biogas: Corresponde a una mezcla gaseosa producida por la descomposición de la materia orgánica (basura). Producción muy baja.

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