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    Más de alguna vez quizás se haya encontrado en la calle con una protesta contra la tortura a animales hecha en nombre de la ciencia o, quizás haya visto algún rayado en un muro. Como lo más probable es que va a seguir encontrándose con estos [email protected], El Ciudadano quiso conocerlos y los ubicó en una de las tantas manifestaciones hechas en el frontis de la Universidad Católica en Santiago. Allí tuvimos oportunidad de conversar con David Gómez, uno de los activistas del grupo:



    ¿Cómo surge su organización y qué campañas han realizado?

    – La Coordinadora de Defensa de los Animales surgió a principios del año 2005 por la necesidad de trabajar en forma conjunta por parte de miembros de diferentes organizaciones e individuos y así tener personalidad jurídica para poder acceder a fondos concursables y tener una base seria y legal. Hemos realizado campañas
    enfocadas principalmente al área de animales abandonados, esterilizando, educando y entregando animales en adopción, la denuncia de circos con animales, realizando campañas educativas y buscando la forma de ayudar a los animales desde el ámbito legal. Ahora tenemos un objetivo principal, que es terminar con la vivisección, que es cuando se hacen operaciones quirúrgicas en animales vivos con el propósito de investigar algo, situación que ocurre en el bioterio de primates de la Universidad Católica. Además, realizamos actividades para promover el veganismo y contra el uso de pieles.

    ¿Según la información que disponen en qué universidades chilenas se ensaya con animales y que trato se les da?

    – Prácticamente en casi toda universidad que tenga facultades de ciencias
    biológicas, sean estas médicas o veterinarias, o incluso en facultades de
    Psicología, como en la Usach, ocurre esto. Sin embargo, podemos destacar el bioterio
    de la Universidad Católica, que cuenta con primates, perros, gatos y ratones, y el de la Universidad de Chile, que tiene capacidad para albergar 12.000 ratones.

    ¿Qué trato se les da a estos animales?

    – El trato dado es un tema controversial. Estos lugares se rigen por protocolos de bioética, basados principalmente en los europeos, los que son bastante cuestionables. Por un lado, hablan del protocolo de las 3R (reducir, refinar y reemplazar los procedimientos en animales), pero obviamente desde un punto de vista bienestarista, el cual busca simplemente regular el abuso al que se ven sometidos los animales. Por
    otro lado, ya que las medidas de bioética tomadas en laboratorios se limitan a regular la experimentación de tal forma que un vivisector pueda seguir recibiendo su sueldo, no se toma en cuenta las verdaderas necesidades que tiene un animal. Un animal, tanto humano como no humano, necesita mucho más que comida y un espacio mínimo para mantenerse vivo; todos necesitamos llevar a la práctica las capacidades que tenemos como especie como socializar con nuestros iguales, tener autonomía en nuestras vidas, no ser propiedad de terceros y menos ser sometidos a lo que un vivisector quiera. El encierro ya es una forma de maltrato, aunque no se vea representado en la forma explícita que es un golpe directo, como también son maltrato la inoculación de sustancias, cortes, pinchazos, inmovilizaciones y manipulaciones que pueden hacerse en un experimento.

    ¿Qué ocurre en la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC?

    – Lo que ha llamado la atención en este último tiempo es la existencia de un bioterio de primates, que ha mantenido hasta más de 100 monos capuchino destinados principalmente a experimentación en el área ginecológica. Después de una investigación
    encubierta realizada por un activista a principios del año 2003, se comenzó una campaña para cerrar el bioterio, en abril del 2006. Esto ha significado realizar protestas semanalmente, stands informativos, recolectar firmas y otras actividades de difusión en forma constante. Según informaciones recibidas y por medio de prensa inglesa, hemos sabido que 70 monos, probablemente la cifra de primates que queda, se van a llevar a un renombrado refugio en Inglaterra llamado Monkey World. Sin duda, cuando esto se concrete, será una gran victoria para los animales.

    A la demanda de que no se maltrate a animales, los científicos responden que es la única forma de probar nuevas medicinas para luego aplicar en humanos.

    – Es la cortina de humo que usan siempre, además de decir que la vivisección “salvará a su hijo” o que todo avance en la medicina se ha hecho “gracias a la vivisección”. No solamente no es la única la única forma, sino que no es la más confiable ni aplicable al momento de extrapolar sus resultados al humano, ya que hay demasiadas diferencias entre cada especie, desde el nivel celular hasta el nivel fisiológico. Por ejemplo, tenemos la suerte de que la penicilina no haya sido probada en conejillos de India o hamsters ya que esta los mata. De haberse probado en estos animales, Fleming no se hubiera atrevido a dársela a un paciente humano y por lo tanto, tal cómo él dijo, quizás no se hubiera descubierto el campo completo de antibióticos. Esos mismos conejillos de India que mueren con la penicilina pueden comer estricnina sin ningún problema, lo que a nosotros nos mataría. Hace pocos meses se retiró del mercado australiano un medicamento llamado Prexige, debido a que provocó severos efectos secundarios en los pacientes humanos, siendo que había pasado las pruebas en animales.

    Pero aún así hay pautas de prueba de nuevos fármacos que necesitan probarse en humanos.

    – De acuerdo a las propias publicaciones científicas, la vivisección no es el mejor método. Las ratas son efectivas en un 37% para predecir causas de cáncer en humanos, por lo que tirar una moneda sería más confiable (Br. J. Cancer, 1947, vol.1, pp192-251). El 88% de los casos de niños nacidos muertos es causado por medicamentos que según experimentos en animales son seguros (NEJM, 333;1099-1105, 1995). Ejemplos sobran, pero de esta forma destacamos de qué manera la experimentación en animales, más que ser una ayuda al humano, representa un peligro al determinar una sustancia como
    segura cuando no lo es o desecha potenciales curas al mostrar como peligrosa una sustancia que no lo sea para el humano. Por lo tanto, lo que plantea el movimiento contra la vivisección es el incentivo al uso de métodos de reemplazo. Claramente, hacer daño a otros animales nos produce un daño a nosotros también.

    ¿Cómo cuáles métodos?

    – Hay numerosos métodos que han demostrado ser más eficaces que el testeo en animales, transformándolo en un paso del protocolo más que una verdadera necesidad. Entre ellos tenemos los cultivos de células, de órganos y de tejidos humanos. Los estudios epidemiológicos son también una herramienta muy útil, con los cuales se demostró que el tabaco y el asbesto son cancerígenos, mientras que las pruebas en animales no lo hicieron. Otros métodos son la investigación clínica, autopsias, cultivos de bacterias y protozoos, cromatografía de gases, espectrometría de masa, estudios
    basados en el ADN humano, tecnologías de imágenes tales como el scanner, ecotomografía o resonancia magnética. Incluso se han diseñado modelos computacionales que pueden predecir toxicidad.

    – Hay un concepto usado por investigadores en drogas psiconáuticas como Alexander Shulguin, Jonathan Ott y Albert Hofmann, que proponen el bioensayo, que significa que incorporar a la ética científica que cualquier nueva sustancia o compuesto a investigar con efectos sobre la conciencia o el ánimo, quien primero debe ingerir e ir probando la dosis es su creador y no animales ni otros humanos, usados como conejillos de indias ¿que opinan de esta postura?

    Antes que todo es necesario aclarar que esto no es algo que pidamos. Personalmente opino que esta postura depende tanto del investigador como de la investigación: un científico que investigue el mal de Parkinson tendría que tener la enfermedad para probar el medicamento. Desde un punto de vista animalista, lo mejor sería seguir los pasos de seguridad y de ética que correspondan al caso, cosa de evitar dañar a alguien. Por esto, los científicos y médicos contra la vivisección hacen recordar siempre el principio médico de “primum non nocere”: primero no dañar.

    Mauricio Becerra

    LINK:

    http://www.nomasviviseccion.cl

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